Diego
Petersen Farah.
Con esos
amigos, quién necesita enemigos. Los compañeros de viaje de López Obrador
resultaron ser sus peores lastres. Ninguna crítica, por fundamentada y seria
que sea, le ha hecho tanto daño al presidente electo como los diputados y
alcaldes de su propio partido. La del festejo etílico del 2 de julio, el de mal
de puerco que se queda dormido en las sesiones de la Cámara, el que chocó, huyó
y lo pescaron, y la inefable alcaldesa de Centla, Tabasco, que rindió protesta
con la bendición de un pastor cristiano mientras Juárez se revolcaba en su
tumba y los juaristas de la cuarta transformación guardaban silencio.
De todos sin
duda el más inofensivo es el dormilón. Lo más lejos que puede llegar es que
proponga una ley para hacer obligatoria la siesta (iniciativa que cuenta desde
ya con mi apoyo) y lo más grave sería que el presupuesto le pase de noche, como
sucederá con dos de cada tres diputados. Lo realmente peligrosos para la salud
de la república es la alcaldesa que tomó protesta frente a su pastor, porque pone
en jaque al Estado Laico.
“Ahora, el
pueblo de Dios declara que Centla está bajo el poder de Cristo Jesús, Aleluya”,
dijo el pastor y le impuso las manos en la cabeza como símbolo de recepción de
espíritu santo. El problema por supuesto no es que la alcaldesa Guadalupe Cruz
Izquierdo sea ferviente seguidora de su iglesia y su pastor, es su derecho,
sino que mezcle sus creencias con el ejercicio del poder. No es un asunto
anecdótico. La intromisión de las iglesias en la política está poniendo en
jaque las libertades en todo el continente. Lo hemos visto claramente en
Brasil, donde la bancada evangélica impulsó una serie de reformas que limitan
no solo la libertad de creencia sino incluso la libertad de expresión, pero
también en Nicaragua con su vicepresidente bendita, Colombia, Argentina
etcétera. (Al respecto vale la pena leer el artículo de Renée de la Torre en
Nexos https://www.nexos.com.mx/?p=39696)
¿Dónde está
gobernación? En babia. Pues, aunque claramente se trata de una violación al
Estado Laico, como muchas otras leyes de este país no hay normas de cómo se
debe aplicar. Lo más preocupante es que a los juaristas del siglo XXI parece
tenerles sin cuidado este tipo de desplantes, sean de católicos, como la
alcaldesa de Monterrey que entregó las llaves de la ciudad a dios, o de
evangélicos ahora empoderados por Morena y el PES.
Nunca, desde
su instauración en el siglo XIX, había sido tan importante defender la
institución del Estado Laico. El respeto a las creencias pasa asegurar la
neutralidad de todas las instituciones del Estado, desde la presidencia de la
República hasta el más pequeño de los municipios.
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