El grupo privado al que el gobierno
de Enrique Peña Nieto encomendó erradicar fauna nociva en la Isla Espíritu
Santo provocó daños irreversibles en el 52% de una zona arqueológica.
Durante el
segundo semestre del año 2016, el
gobierno federal encomendó a una asociación civil la erradicación de fauna
nociva en la Isla Espíritu Santo (de Baja California Sur), catalogada como área
natural protegida por las autoridades mexicanas, y como patrimonio natural de
la humanidad por la ONU.
Sin embargo,
tal como se desprende de informes
oficiales, este grupo privado no sólo fracasó en su intento de erradicación,
sino que, además, provocó daños irreversibles en 52% de una zona arqueológica
ubicada en las costas de dicha isla.
En el año
2013, la asociación civil “Ecología y
Conservación de Islas AC” promovió ante el gobierno federal un plan para
extraer de la Isla Espíritu Santo las cabras introducidas artificialmente por
pobladores de Baja California Sur en siglos pasados, cuya proliferación amenaza
en el presente la supervivencia de especies nativas tanto de flora como de
fauna silvestres.
Para echar a
andar este programa privado de extracción de fauna nociva, el Grupo Ecología y Conservación de Islas AC, que se presenta como una
organización sin fines de lucro, recibió recursos tanto del gobierno federal (a
través de Alejandro del Mazo Maza, titular de la Comisión Nacional de Áreas
Naturales Protegidas, Conanp), como de instituciones privadas como la
agrupación ambientalista World Wildlife Fund (WWF) y la Fundación Carlos Slim.
Las labores
de extracción de cabras iniciaron en 2016 y, tal como en ese momento anunció la
Conanp, los trabajos estaban programados
para concluir en tres meses (a razón de 80 cabras retiradas de la isla por
semana); no obstante, los trabajos se han prolongado por más de dos años, con
resultados adversos.
Los reportes
oficiales entregados hasta la fecha a las autoridades mexicanas por el Grupo
Ecología y Conservación de Islas AC reconocen
que, en los dos años transcurridos, sólo han logrado retirar 193 cabras de la
isla (en el año 2016), siendo que la población total de cabras está calculada
en cerca de un millar.
El retiro de esas 193 cabras fue tan
insignificante que, para el año 2017, se calificó como “prácticamente nula” la
variación en el volumen de vegetación dañada por estos animales, como reconoció
el mismo Grupo Ecología y Conservación de Islas en su plan anual de trabajo.
Pero el fracaso en la erradicación de estas
cabras no es, en realidad, el peor resultado de la intervención del Grupo
Ecología y Conservación de Islas AC en esta reserva natural.
El saldo más negativo de la
intervención de este grupo privado en la Isla Espíritu Santo fue la destrucción
de 52% de la zona arqueológica conocida como Ensenada La Raza o Ensenada El
Gallo (identificada como J66 El Gallo II-3, en los catálogos del INAH), un
antiguo punto de reunión humana –aprovechado en distintos momentos, entre el año
3000 ac, y el 1700 dc–, en donde los antiguos pobladores se reunían para
recolectar y cocinar principalmente conchas de mar, pero también otras especies
de flora y fauna, tanto acuáticas como terrestres, por lo que aquí se
preservaban herramientas de piedra, restos de fogones con miles de años de
conservación, y vestigios de la actividad humana ancestral.
Y esta fue, precisamente, la zona que
el Grupo Ecología y Conservación de Islas eligió para montar su campamento, con
casas de campaña, una cocina, un baño, una bodega, un corral para cabras
capturadas, y diversas veredas para comunicar todos estos puntos.
Para poder instalar sus casas de
campaña en esta zona arqueológica, los miembros del Grupo Ecología y
Conservación de Islas removieron “sedimentos y materiales arqueológicos, con el
fin de nivelar áreas”, así como para crear veredas por las cuales transitar,
tal como consta en los reportes de daños arqueológicos causados en este sitio,
elaborados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Además, al retirar la tierra para crear terraplenes
en los que sus casas de campaña estuvieran niveladas, los integrantes de este
grupo privado dejaron expuestos vestigios arqueológicos que, ahora, están a
merced de procesos de erosión, “ya que el sedimento y la vegetación que los
fijaban han sido removidos”.
En total, el área arqueológica afectada por la
operación de este grupo privado en la Isla Espíritu Santo es de 3 mil 997
metros cuadrados, poco más de la mitad de la zona de vestigios.
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