Diego
Petersen Farah.
El que
madruga, Dios lo ayuda, dicen los creyentes es eso de levantarse temprano. El
que madruga, comienza a hacer tonterías desde temprano, sostienen, por el
contrario, los pragmáticos y los amantes del buen dormir.
El Gobierno
en ciernes de López Obrador creyó en lo primero y cayó en lo segundo. Quisieron
madrugarle al ejercicio del poder, pensando que algún Dios se encargaría de
premiarles el esfuerzo de comenzar a tomar decisiones antes de tiempo, pero lo
que han logrado es solo entrar al desgaste y a cometer errores antes de que
amanezca.
El caso del
famosos oficio de Conacyt es solo una evidencia más de que los lopezobadoristas
quieren gobernar sin tomar posesión y meter goles antes de que comience el
partido. Se requiere mucha soberbia y más torpeza para hacer un oficio como el
de la próxima directora del Conacyt, María Álvarez-Buylla Roces solicitando que
el señor Cabrero no haga su trabajo porque ya va a llegar ella. Aun suponiendo
que las decisiones que toma la actual administración no son las correctas, los
tiempos y los requerimientos de la Ciencia no son los de la política. Se
requiere, además, mucha ingenuidad para pensar que un documento público con un
contenido absurdo no será divulgado.
Más allá del
contenido del oficio, que podríamos resumir en detengan el mundo porque ya
llegué, la actitud de la próxima directora del Conacyt (cuyos méritos para
dirigir la institución, hay que subrayarlo, no están en duda) es producto de un
ansia del poder con el que el presidente electo ha enfrentado este periodo.
Nombrar al gabinete con tanta anticipación lejos de ayudar a una transición más
tersa ha generado mucho ruido innecesario y, peor aún, degaste político antes
de tiempo.
No hay
semana sin escandalito. Es la prensa fifi y los ardidos por la derrota,
sostienen los defensores a ultranza del presidente electo, argumento que por
supuesto no comparto. Pero, aunque tuvieran razón, son ellos los que se pusieron
en la zona del golpeteo. Pecan de una ingenuidad preocupante si es que por
algún momento pensaron que por haber ganado por más de 50 por ciento no
tendrían oposición, no habría una prensa vigilante y, sobre todo, que ganar los
hace moralmente superiores.
Nadie está
preparado para asumir el poder. Aún alguien con la experiencia y el tiempo de
preparación de López Obrador se va a enfrentar a cosas inimaginables cuando se
siente en la silla presidencial, no digamos sus colaboradores. Es cierto que el
periodo de transición es muy largo, pero mucho mejor hubiese sido que el equipo
de Andrés Manuel usara ese tiempo para prepararse para el ejercicio del poder y
no para equivocarse y desgastarse antes de que salga el sol.
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