Javier Risco.
El 17 de
octubre de 2017, el periodista Manuel Espino Bucio, de El Universal, publicaba
el titular: “Cervantes renuncia; deja
lista la bomba Odebrecht”. Era mentira, aunque no es culpa del reportero,
fueron las palabras del exprocurador que hoy suenan a una broma cínica.
“La PGR ha concluido las
investigaciones respecto a uno de los mayores esquemas de corrupción
internacional que en América Latina y en México se hayan visto”, dijo Cervantes cuando se despidió de la
Procuraduría General de la República. ¿Cómo
se atrevió? Con qué cara Cervantes puede seguir una vida normal en la esfera
privada y con qué argumentos la PGR puede seguir encargada de la investigación
y persecución de los delitos.
Los meses pasaron y ninguna
investigación por el caso de corrupción más grande investigado a nivel global
tenía alguna repercusión en México. En Brasil, aquellos que habían obtenido
contratos millonarios en nuestro país aseguraban haber pagado sobornos aquí y
dieron nombres y apellidos, todos los hemos oído, pero nadie está siendo
procesado.
No conforme con salir públicamente a
mentirnos, la PGR dio otro numerito: hace algunas semanas esta dependencia, que
más que procurar justicia se ha encargado de obstruirla, se atrevió a decir que
si aún no había un caso sólido en México por los sobornos de Odebrecht, se
debía a que la justicia brasileña no les había compartido información.
¿En serio era creíble que la Fiscalía
que ha desenmarañado esta trama que viene del caso Lava Jato no le compartiera
a México un expediente cuando así lo ha hecho con otros países como Perú, donde
cuatro presidentes han sido involucrados? ¿En serio no tendría interés en que
se indagara un caso que ellos mismos acercaron al periodismo mexicano, vía
reporteros como Raúl Olmos, Daniel Lizárraga, Alejandra Xanic o Ignacio
Rodríguez Reyna? ¿Por qué ocultaría esta información tan valiosa la Fiscalía
brasileña? Por supuesto que era una falsedad más de esa institución a la que no
le queda una pizca de credibilidad.
Ayer nos enteramos por la justicia brasileña que
el principal obstáculo para investigar el caso Odebrecht en nuestro país ha
sido la propia PGR, nadie más. Así lo publicó la agencia de noticias Associated
Press:
“Información que podría aclarar el
pago de sobornos de la constructora brasileña Odebrecht en México está
bloqueada en Brasil desde hace más de un año porque la PGR no quiere firmar un
acuerdo para el intercambio de ese tipo de datos. El Ministerio Público
brasileño explicó en un escrito que rubricar ese documento es obligatorio para
que México pueda utilizar la información aportada por ejecutivos de Odebrecht o
testigos del caso bajo los acuerdos de colaboración suscritos con esa
Fiscalía”.
¿Dónde quedan todas las declaraciones
de las autoridades mexicanas en este año sobre supuestos avances en la
investigación, sobre retraso en la información de algunas cuentas desde Brasil,
sobre la, ahora falsa, investigación a Emilio Lozoya, exdirector de Pemex y uno
de los presuntos implicados en los sobornos?
Estos dichos
habían sido adelantados hace semanas por el periodista Raúl Olmos, de Mexicanos
Contra la Corrupción y la Impunidad. En
una entrevista realizada al fiscal brasileño Orlando Martello se explicaba que
era necesario que México suscribiera este acuerdo que Brasil se vio obligado a
firmar con los directivos de Odebrecht, que implicó si beneficios para estos
‘empresarios de la corrupción’, porque fue la única forma de desenmarañar toda
la red, de otra forma no se habrían obtenido las pruebas que a nivel mundial
tienen a tantos ya en prisión. ¿En qué consiste el acuerdo? Cuestionó Olmos al
fiscal:
“Teníamos conocimiento de 5 a 10 por
ciento de los hechos ilícitos de la compañía. Para tenerlos 100 por ciento
hicimos este acuerdo. No nos agrada hacer acuerdos con Odebrecht. (…). Es un
costo muy alto para nosotros, pero lo decidimos porque había muchos políticos
involucrados. A partir del momento que colectamos 90 por ciento de las pruebas
que no teníamos conocimiento o pruebas, teníamos que proteger a la empresa,
porque nos dio esos documentos a cambio de una exención (de penas)”, explicó el
brasileño. Otro detalle: el acuerdo también implica que si los acusados
mienten, la pena es la prisión. En ese entendido, ¿por qué quienes acusan a
Emilio Lozoya mentirían? No tendría sentido.
Y Odebrecht no es sólo el exdirector de
Pemex, la red comenzó en México con el presidente Vicente Fox y con
gobernadores de ese momento, cuyos tentáculos hoy tocan peligrosamente ‘la
cuarta transformación’, pasando también por Javier Duarte, quien jamás ha sido
indagado por sus nexos con la constructora brasileña.
Así que es verdad: otra vez la PGR
nos ve la cara de idiotas.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.