Gabriel Sosa
Plata.
El futuro Gobierno de Andrés Manuel
López Obrador ha prometido la Cuarta Transformación. La democracia, la justicia
social y el combate a la corrupción son algunos de sus ejes fundamentales, pero
será incompleta si no están incluidos los medios de comunicación.
El conjunto
de acciones de política pública para alcanzar ese objetivo depende en buena
medida del Gobierno federal y del Congreso, donde tiene mayoría Morena, pero
también del órgano regulador autónomo, el Instituto Federal de
Telecomunicaciones (IFT).
Se trata de una nueva reforma
democrática necesaria, tan trascendental como el cambio político que tuvimos en
las elecciones de este año, que corrija o supere los desaciertos y lagunas de
la reforma estructural de telecomunicaciones, y modificar así la relación que
durante décadas se tuvo entre el poder político y los medios de comunicación,
así como las “reglas escritas” y las “reglas no escritas” que tanto daño
hicieron a los derechos de libertad de expresión e información, los derechos de
las audiencias y los consumidores.
Algunas de
las líneas de acción que se detallan más adelante han sido propuestas
recientemente por la Relatoría para la Libertad de Expresión (RELE) de la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), otras por la Asociación
Mexicana de Derecho a la Información (Amedi) y por organizaciones como Artículo
19, Fundar y El Poder del Consumidor.
Hasta ahora, parte de esas propuestas
han sido recuperadas por legisladoras y legisladores, también por el equipo de
transición, pero para materializarlas se requiere articulación y obviamente que
López Obrador asuma las riendas del Poder Ejecutivo.
Las acciones
necesarias, al menos las más urgentes, para la Cuarta Transformación en los
medios de comunicación son las siguientes:
– Reducir el gasto de la publicidad
gubernamental, respetar las prohibiciones constitucionales en esta materia y no
modificar los presupuestos aprobados para estas partidas por la Cámara de
Diputados.
– Crear un órgano o instancia
autónoma o independiente encargada de asignar los recursos de la publicidad
gubernamental, bajo los principios de pluralidad, diversidad, equidad,
transparencia y rendición de cuentas.
– Dejar de presionar, chantajear o
coludir a los medios de comunicación para modificar u orientar líneas
editoriales. La libertad de expresión en la radio, la televisión, los medios
impresos y digitales se respetará totalmente, aun cuando sus contenidos no sean
del agrado de los funcionarios públicos. Ya no más acciones de censura por
hacer preguntas sobre el estado de salud del Presidente, por citar un ejemplo.
– Fortalecer el Mecanismo de
Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas y
asegurar la efectiva aplicación de sus decisiones y medidas, así como brindarle
los recursos humanos y materiales necesarios para desempañar su mandato. Las
agresiones y asesinatos de periodistas deben prevenirse y erradicarse.
– Aumentar el financiamiento,
investigadores y personal policial de la Fiscalía Especializada para la
Atención de los Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE) de
la PGR y asegurar su incorporación e independencia en la Fiscalía General. Las
agresiones y asesinatos de periodistas no deben quedar impunes.
– Crear verdaderos medios públicos
(Once TV, Canal 22, IMER, etc.) al servicio de la sociedad y no del gobierno en
turno. Para ello deberá garantizarse plenamente su autonomía editorial con
mecanismos efectivos para su cumplimiento, en los diferentes niveles de
gobierno.
– Dotar a los medios públicos de los recursos
suficientes para su indiscutible función social y no quedar rezagados
tecnológicamente.
– Apoyar con recursos suficientes a
las radios indigenistas adscritas a la Comisión Nacional para el Desarrollo de
los Pueblos Indígenas, aumentar su cobertura y establecer mecanismos efectivos
para que sean las propias comunidades indígenas las que definan los contenidos
y dirijan estas radiodifusoras.
– Instalar televisoras indígenas,
bajo los mismos criterios descritos.
– Fomentar el desarrollo de los
medios comunitarios, no a través de la publicidad del gobierno, sino con una
reforma legal que les autorice incluir un porcentaje de publicidad comercial.
De igual manera, establecer medidas para facilitar el acceso a las frecuencias
y un mandato específico para promover emisoras en aquellas comunidades
indígenas donde no existen.
– Garantizar plenamente los derechos
de las audiencias y revertir la contrarreforma que se impulsó en la legislatura
anterior, con el apoyo del Gobierno federal, pero que no tuvo el respaldo de
ninguna organización de la sociedad por ser contraria al interés general.
– Respetar la autonomía de las
defensorías de las audiencias en los medios públicos, comerciales y
comunitarios, divulgar los derechos de las audiencias y fortalecer los
mecanismos de autorregulación.
– Reformar los lineamientos de la
Segob sobre la clasificación de programas audiovisuales, con base en las
sentencias de la Suprema Corte de Justicia, para proteger a las audiencias
infantiles de contenidos no aptos para su edad y de anuncios comerciales que
atentan contra su salud.
– Reformular los criterios
nutrimentales para definir los productos que no podrán ser publicitados, con la
participación de un grupo de expertos libres de conflicto de interés, e incluir
en la regulación todos los medios de publicidad y mercadeo que pueden dirigirse
a la infancia, videojuegos, internet, redes sociales, uso de personajes en
empaques, espacios públicos, y puntos de venta.
– Restringir el uso de herramientas
de mercadeo como la exposición de personalidades públicas y de ficción que son
atractivas y populares para niños y adolescentes, regalos, juegos, concursos y
patrocinios que tienen el objetivo de atraer, persuadir y fomentar el
consumismo de productos no saludables.
– Abrogar la anacrónica Ley de
Imprenta de 1917.
– Actualizar el Reglamento de
Publicaciones y Revistas Ilustradas.
– Ciudadanizar la Comisión
Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas, y quitarla de la esfera de
la Secretaría de Gobernación (Segob).
– Reformar los códigos penales de las
entidades federativas con el fin de eliminar delitos que se apliquen para
criminalizar la libertad de expresión, y abstenerse de usar otras disposiciones
del derecho penal para castigar el ejercicio legítimo de la libertad de
expresión.
– Quitar a la Segob las facultades
para supervisar y sancionar los contenidos en los medios de comunicación y
trasladarlas al Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT). En un Estado
democrático el gobierno ya no debe ser la autoridad encargada de censurar lo
que se dice en la radio, la televisión o los medios impresos.
– Promover con recursos propios o
fondos de otras fuentes la producción nacional independiente para incentivar la
pluralidad y diversidad de contenidos, nuestra cultura y crear empresas y
fuentes de empleo en el campo audiovisual.
– Garantizar la equidad de género en
la integración del pleno del IFT y la autonomía de este órgano regulador a
partir de la integración de perfiles idóneos.
– Promover una reforma a la ley para
establecer reglas más eficientes para disminuir la enorme concentración que
prevalece en los sectores de la radiodifusión y las telecomunicaciones.
– Crear un órgano independiente para
supervisar de manera eficaz las tareas de vigilancia del Estado, así como
establecer un marco legal para proteger a personas de intromisiones arbitrarias
o clandestinas en su privacidad, incluida la protección de las fuentes
periodísticas conforme a los estándares internacionales sobre la materia.
Por supuesto
hay otros temas en materia de conectividad, abatimiento de la brecha digital,
competencia económica en telecomunicaciones y radiodifusión, protección de
datos personales y más, que deberán ser incorporados entre los objetivos para
lograr la Cuarta Transformación de nuestra República. Por lo pronto, aquí parte
de la agenda básica para transformar el vetusto modelo de relación entre el
poder político y los medios de comunicación.
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