Javier Risco.
Ayer, el
periodista León Krauze publicó una columna en el diario El Universal, titulada
“El monstruo es uno de nosotros”, donde señalaba que no estaba de acuerdo con
la decisión de mi compañera Gabriela Warkentin, Daniel Moreno y mía, en NO
hacer público en los espacios informativos donde somos responsables el video de
Juan Carlos N, donde hacía su declaración ante las autoridades del Estado de
México de por qué presuntamente había matado a casi una decena de mujeres.
No dudo que
el mal llamado “monstruo” sea uno de nosotros, que sea un botón de muestra de
cómo una serie de circunstancias desembocan en violencia. Juan Carlos es uno de
nosotros, sí. Lo es porque creció, se desarrolló y presuntamente mató en
nuestra sociedad, de eso no hay discusión. Y comparto la idea que expone León
Krauze, de que, a través del periodismo de investigación, este caso podría
mostrarnos un poco de quiénes somos y cómo llegamos a estos actos, que suceden
en la casa de a lado sin que nos demos cuenta. Sin embargo, las razones por las
que esa declaración filtrada no fue transmitida en los espacios en los que
participo, están motivadas por otras circunstancias. Intentaré explicarme.
Si en Así
las Cosas, de W Radio, no replicamos estas declaraciones, es una decisión
fundada en algo que va más allá de una valoración del aporte periodístico de
las mismas. Comparar el evidenciar en este momento del proceso las revelaciones
de Juan Carlos con el trabajo de Truman Capote o de Asne Seierstad, es dejar de
lado varias consideraciones. Uno: difundir ese video cuando aún ni siquiera se
había imputado oficialmente un delito, es una violación al debido proceso al
que todos tienen derecho, no porque se deba ‘defender’ o ‘justificar’ o
‘cuidar’ a un personaje capaz de las atrocidades de las que dice ser capaz,
sino porque es la forma de garantizar un sistema de justicia eficiente para
TODOS. Saltarnos las reglas en los casos que nos parezcan justos para exhibir,
es admitir que cada uno puede saltárselas como convenga. ¿De verdad justifica
que hoy veamos ese video, aun sabiendo que eso podría dejarlo en libertad
afectando un proceso judicial?
Estoy seguro
que su voz definitivamente puede servir para entender una parte del fenómeno
violento que lleva por lo menos dos sexenios azotando al Estado de México, pero
hemos hecho una valoración multifactorial para no convertirnos en un altavoz.
Eso me lleva al segundo punto: no podemos permitir que su voz opaque la de las
víctimas, que el morbo supere la exigencia de justicia y mucho menos afectar un
proceso judicial. Hablar de quién es él, es vital para entender, pero habría
que estar hablando de ellas, quiénes eran, qué vidas arrancó de golpe. Saber
cómo llegó a ellas y cómo llegaron ellas a él también es parte de entender por
qué eso sigue ocurriéndonos. Ese video dio la vuelta y hoy todos saben quién es
Juan Carlos. ¿Pero sabemos quién era Arlet, Evelyn, Noemí o Luz del Carmen?
¿Nos hemos detenido a pensar cómo es la vida de las víctimas que las lleva a
ser propensas a esas redes de violencia? Ese también es un punto de partida
para una investigación periodística.
La
filtración del video en este momento procesal podría formar parte de la defensa
del inculpado y, tras una buena defensa, ser un factor que podría determinar su
liberación.
Los
testimonios atroces reproducidos en el video revictimizan a las mujeres que han
sufrido la violencia en sus diferentes manifestaciones. Conocer los actos de
violencia extrema descritos en el video, exponen a cientos de mujeres
desaparecidas y pone en una situación de vulnerabilidad a los miles de
familiares que las buscan cada día.
Tercero, el
nivel de violencia desbordada en el que estamos en el país nos ha llevado a
normalizar el lenguaje de la muerte: mutilar, destazar, disolver, asesinar,
ultimar, secuestrar, levantar y cientos más. Nos hemos convertido en medios que
reproducen el terror, no negamos su existencia, sin embargo, suscribo cada
palabra publicada en el tuit de mi colega Gabriela Warkentin: “creemos que los
medios debemos bajarle a la expansión del miedo. Informar, sí. Pánico social,
no”.
Por último,
es importante dejar claro que el haber decidido no reproducir su declaración no
significó que hayamos censurado el tema, al contrario, en los últimos días
hemos tenido la oportunidad de hablar con mujeres al frente de diferentes
colectivos que buscan a sus desaparecidas y que se manifestaron en las calles
del Estado de México exigiendo el regreso a casa de sus hijas, nietas, hermanas
y madres. También hemos buscado la voz de las autoridades, la del fiscal del Edomex,
Alejandro Gómez Sánchez; del gobernador Alfredo del Mazo, incluso del
exgobernador Eruviel Ávila, quienes no han querido dar la cara. Pero para
nosotros era importante que el altavoz lo tuvieran las víctimas, no el verdugo.
Entendemos el problema como un fenómeno y creemos que debe hacerse periodismo
al respecto. Con respeto a los derechos humanos y judiciales. Con
investigación, con más testimonios. Quizá una clave esté en acudir, por
ejemplo, a las audiencias públicas del caso para tener acceso a los detalles.
Hoy el sistema acusatorio oral lo permite. Ese es un camino para documentar lo
que se requiera para, con más elementos, ahora sí, explicar, a través de este
caso, un fenómeno de la violencia que sí, está entre nosotros.
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