Pablo Gómez.
La caravana
de migrantes procedente de Honduras es denunciada por la administración de
Donald Trump, aunque parezca increíble, como una conspiración promovida por los
líderes del Partido Demócrata, el magnate George Soros, el Estado Islámico
(EI), Nicolás Maduro, entre otras potencias.
Además, el
secretario de Estado, Mike Pompeo, ha declarado que la caravana ha “violado la
soberanía de México, sus leyes y sus procesos migratorios”, lo cual, dijo, en
Estados Unidos el presidente Donald Trump no permitirá que suceda.
Según las
autoridades de Estados Unidos, el problema es de México, por lo que ellas
mismas “confían” en que los “líderes” mexicanos “sepan cuáles son los mejores
pasos para resolver esta situación… mediante una acción oportuna”. Esto lo dijo
Mike Pompeo luego de conversar con Luis Videgaray.
En la
víspera de unas elecciones que podrían ser cruciales para Trump, la Casa Blanca
asume una posición actualizada de defensa nacional frente a sus “enemigos”. El
comunismo ya no es amenaza, ahora la es un mundo que, se dice, lo asedia y
quiere seguir sacando provecho a sus costillas, aprovechándose de su bonhomía.
Unos 300 mil
migrantes atraviesan México cada año rumbo al coloso del norte. Una caravana,
sin embargo, pone en peligro la soberanía de Estados Unidos, luego de violar la
de México. Esta es la versión de los gobernantes estadunidenses.
Esos miles
de migrantes hondureños vienen en caravana para contrarrestar el peligro que es
para ellos atravesar México, a merced de bandas de delincuentes organizados que
los acosan, secuestran, extorsionan, agreden y asesinan. Pero no amenazan la
soberanía de ningún país, entendiendo por ésta la capacidad efectiva de tomar
decisiones propias. El derecho al refugio está vigente en las leyes
internacionales.
Dicen los
voceros de la Casa Blanca que dentro de los migrantes de la caravana vienen
“árabes”, aunque el presidente de Estados Unidos admite que no se puede
demostrar tal afirmación, lo cual, agrega, no quiere decir que “no sea así”. Esto
está sacado de una película de Groucho Marx, algo de la mejor comedia cómica
estadunidense.
El agonizante gobierno mexicano se
propuso contener la caravana imponiendo la condición de registros individuales
previos. Si el gobierno de México iba a admitir de cualquier forma a los
migrantes de esa caravana, ¿para que cerró el puente?, ¿por qué no programó la
recepción de los hondureños dentro del territorio nacional y no en la frontera?
Hubo que actuar con estupidez para crear el espectáculo de miles de personas
aglomeradas desesperadamente sobre un puente, con tal de enviar a Washington el
deplorable mensaje de que el gobierno mexicano se estaba resistiendo, tal como
lo demandaba el señor Trump.
Con esas órdenes demenciales, Peña
Nieto propició aquel señalamiento de Mike Pompeo en el sentido de que la
soberanía mexicana había sido violada.
No existe crisis de migración en la
frontera entre México y Estados Unidos. Se ha venido reduciendo desde hace
tiempo el número de mexicanos que buscan pasar al norte sin visa. Cada año son
más los expatriados voluntarios que los deportados en el mismo lapso.
En cuanto a los migrantes
centroamericanos, ellos seguirán atravesando México sin que eso ponga en
peligro a ninguno de los dos países.
Pero, aunque no haya crisis, a Trump
le conviene hacer creer que existe: “esta es la elección de la caravana”, ha
dicho en referencia a los próximos comicios en Estados Unidos. De la
composición de la Cámara de Representantes depende el proyecto de concluir el
muro fronterizo, pero, antes que nada, el mantener la mayoría republicana.
Al revisar la política estadunidense
en relación con el resto del mundo, Donald Trump ha ubicado en el centro, junto
a su balanza comercial, a las migraciones y a la consecuente delincuencia
infiltrada, incluyendo a terroristas. El presidente, sin embargo, en lugar de
buscar soluciones, responde con una actitud de confrontación. Al hacer esto,
soslaya que el déficit comercial no le es adverso, en general, a la economía
estadunidense, al tiempo que ésta requiere migrantes. Primero, porque no es
posible sustituir masiva y rápidamente casi toda clase de importaciones.
Segundo, porque ya se está cerca del “pleno empleo”. En términos de agregados
económicos, ¿qué van a comprar?; ¿quién va a trabajar?
Si Trump
tuviera éxito en su política de llevar a Estados Unidos a ser “grandioso otra
vez”, sólo crearía nuevos y mayores problemas. Lo que por ahora está en el
fondo es que tal política no despega, pero, en cambio, sí se están creando
puros conflictos.
México no debe caer en ese perverso
juego.
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