Javier Risco.
Si algo hemos aprendido de los
errores del pasado, es que ahora, esté quien esté en el poder, la obligación de
los ciudadanos y de los periodistas es vigilarlos de cerca, a cada movimiento,
sin importar si votamos o no por ellos. Porque es nuestro derecho pero, sobre
todo, porque en el mínimo descuido intentan siempre sacar ventaja.
La corrupción está asociada con
cualquier abuso en el poder, no se traduce siempre en un negocio económico. Y
es de esa corrupción, la que implica que quienes ejercen el poder quieran
pasarse de la raya, la que exigiremos a los nuevos gobiernos, federal y
locales, que cumplan con erradicar. Como ciudadanos debemos tener una política
de tolerancia cero.
¿A qué me
refiero en concreto? En días pasados
fuimos testigos de cómo se intentaron poner a personajes controvertidos o
partidos de dudosa credibilidad, en la presidencia de comisiones clave en el
Congreso federal. Apenas se supo que la titularidad de algunas como la de Salud
estaría en manos de personajes como los legisladores ‘provida’ del PES, la
sociedad ejerció presión y logró un revés.
Sobre ese
tema le pregunté en entrevista al próximo titular del IMSS, Germán Martínez,
hace unos días y él respondía que Morena intentaría hacer valer su mayoría en
cada comisión, aunque la presidiera alguien más, porque este puesto ‘es para el
reparto de las cargas de trabajo parlamentarias’. ¿De verdad la presidencia de una comisión es de papel? ¿Sólo se trata
de un cargo administrativo sin el menor poder de decisión?
No, por definición son órganos
especializados constituidos por el pleno, que gozan de privilegios y en la que
se pueden citar, decidir, vetar o retrasar decisiones políticas, pero también
se puede impactar en el sistema político y no sólo a la legislatura misma. Son
rebanadas de un pastel que desde el inicio de las legislaturas se vuelven el
centro de las negociaciones. Nadie quiere rebanadas chicas.
Y aunque el
ámbito federal es algo que debe preocuparnos y ocuparnos en constante
observación, los congresos locales son
de los primeros entes en corromperse. Es ahí donde se gestan los grandes
negocios que después se replican a nivel nacional.
Por ello, lo que hoy está ocurriendo en el famoso
Primer Congreso de la Ciudad de México, avasallado con una mayoría morenista
del 62 por ciento –junto con aliados– y presidido por Ernestina Godoy, debe
encender focos rojos y atenderse antes de que el gobierno de Claudia Sheinbaum
comience con el pie izquierdo y sean un botón de muestra de lo rápido que se
apagan las promesas de cambio.
Si usted no
se ha enterado de cómo se pretende que se conformen las comisiones del Congreso
local, ponga atención porque, así como la CDMX padeció la triada de Leonel
Luna, Mauricio Toledo y Jorge Romero, esta nueva legislatura trae sus propias
(malas) sorpresas.
¿Le suena el nombre de Fernando
Aboitiz? Le refresco la memoria: exdelegado de Miguel Hidalgo y exsecretario de
Obras en el último trienio de Marcelo Ebrard, que encabezó la construcción de
la Supervía Poniente, enfrentándolo a vecinos de La Magdalena Contreras y cuya
negligencia en el proceso le valió la recomendación 01/2011 de la CDHDF por
violaciones de derechos humanos, políticos y de participación ciudadana de los
capitalinos.
Este
personaje que favoreció a distintos constructores como José María Riobóo, a
quien ya conocía durante su gestión como delegado de Miguel Hidalgo, cuando le
asignó la construcción del paso a desnivel en Palmas y Paseo de la Reforma,
sólo por citar un ejemplo de irregularidades en contrataciones que, aunque
terminaron en denuncias ante el Tribunal de Justicia Administrativa, fueron
archivadas cuando la titular de este tribunal era, precisamente, la esposa de
Riobóo, Yasmín Esquivel. Pues este personaje presidiría nada más y nada menos
que la Comisión de Infraestructura y Desarrollo Urbano.
Otra joya: el exdelegado Christian Von Roehrich, el
panista que tantas explicaciones debe sobre los 13 colapsos en Benito Juárez
durante el sismo, ese que autorizó que se ocupara el edificio de Zapata 56 y
que a 9 meses de estrenarse se derrumbó matando a Karla y Matilde. Ese que
‘convenció’ –para decirlo de forma amable– a los vecinos para aceptar la
redensificación de hasta el 35% de sus edificios colapsados o dañados, ese será
el vicepresidente de la Comisión de Reconstrucción.
¿Una más? Sandra Vaca, la priista
señalada por ser la reclutadora de Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre y la red de
prostitución al interior del tricolor capitalino, que quedó en la impunidad, la
misma que se ocultó siendo suplente pero que a los 3 días tomó protesta en el
Congreso, quiere presidir la Comisión de Atención al Desarrollo de la Niñez.
Real.
Me podría seguir señalando la
intención de que Jorge Gaviño, cercano a Miguel Ángel Mancera, presida la
comisión especial del Aeropuerto para asegurar los terrenos del –viejo–
aeropuerto; o el panista Federico Döring, que retiró el derecho de las
audiencias a que se distinga entre información y opinión, estaría al frente de
la Comisión de Planeación del Desarrollo, desde donde se decidirán usos de
suelo de los próximos 15 años.
Ese no es el cambio, eso es perpetuar
el sistema al que los ciudadanos dijeron basta el 1 de julio. ¿Aún no lo
entienden en el nuevo gobierno?
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