Atzayaelh
Torres.
Hace un par de semanas recibí la
llamada de un investigador privado que dijo estar elaborando un reporte para
una empresa no identificada sobre la situación del fracking en México, su
percepción en la sociedad, y las organizaciones que se encontraban operando en
contra de la polémica herramienta de la industria petrolera.
Esa misma semana la Comisión Nacional
de Hidrocarburos (CNH) presentó un extenso estudio sobre la necesidad de
apostarle a la producción de gas natural en el país, shale incluido, y una
semana después, como cubetada de agua fría, el presidente electo dijo que
durante su gobierno no se utilizaría la técnica de fracturación hidráulica,
como técnicamente es nombrada.
Ante la posición tan tajante de
Andrés Manuel López Obrador no se antoja llamar al debate. Sin embargo, múltiples reacciones se generaron a favor de la polémica técnica y
realmente pocas, serias, se manifestaron en contra.
En este
sentido, vale la pena señalar algunos
estudios que se han realizado con evaluaciones negativas del fracking, y que
fueron recopilados por Ombudsman Energía México (OEM) en una reciente
publicación; porque cierto es que ha sido una de las industrias más
investigadas en tiempos recientes por la gran polémica generada por los que
quieren prohibirla, pero también por aquellos que nos quieren convencer de que
es una tecnología ‘Layín’, es decir, contamina, destruye, pero ‘nomás poquito’.
De acuerdo
con la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, la EPA, en un reporte de 2016 concluyó que el
fracking había contaminado depósitos de agua potable, pero sólo en algunas
circunstancias, no de manera sistemática ni generalizada.
Este reporte es interesante, señala
que el impacto es frecuente o severo en sitios donde hay poca disposición de
agua, tanto en superficie como subterránea; cuando se manejan los residuales de
la fracturación, sobre todo cuando los pozos no están bien cimentados o
revestidos.
Luego, en la
última edición del reporte de la Concerned Health Professionals of NY, y
Physicians for Social Responsibility, se
da cuenta de una serie de argumentos en contra, llenos de lugares comunes, que
tienen que ver con el impacto in situ, como la generación de humo contaminante
que son propios de cualquier actividad industrial, pero vaya, incluso la
industria más rosa contamina.
Sin embargo,
llama la atención una observación que
refiere a la mayor evidencia sobre la ineficacia de la regulación entorno a
esta actividad extractiva en Estados Unidos para prevenir la contaminación del
agua, del aire con agentes cancerígenos y diversos químicos tóxicos, así como
la sismicidad, entre otras repercusiones ambientales, “se ha detectado que los
derrames en los pozos de extracción de metano y vapores tóxicos es más grave de
los que anteriormente se había concluido”, detalla el análisis.
Por su
parte, Food & Water Watch, otra
organización que está en contra del fracking, de plano recomienda prohibirlo
bajo una serie de argumentos entre los que destacan la emisión de metano en los
sitios de perforación, así como las afectaciones que tiene hacia las
comunidades, más lugares comunes.
Sin embargo,
un punto muy cierto es que, como precisa
OEM en las conclusiones de su compilación, en México no se cuenta con estudios
propios sobre el tema, y mucho menos que hayan sido divulgados. Lo más cercano es
el análisis de Fundar sobre la legislación en la materia por parte de la ASEA y
la Conagua.
Muy limitada fue la serie de mesas
que organizaron las autoridades el año pasado a modo de conciliar con las
comunidades del norte, directamente involucradas, el lanzamiento de la
doblemente pospuesta primera ronda de licitación de bloques no convencionales
por parte de la CNH para el próximo 14 de febrero de 2019, y que aún no se
cancela pese a la instrucción del presidente electo. Nadie pone en duda que es
necesario sacar más gas natural, pues se importa más del 70 por ciento, pero la
pregunta es ¿a qué costo?, pues poco se dice que la parte más jugosa de esos
apetitosos yacimientos comienza en la sierra de Hidalgo, atraviesa la huasteca
potosina y sube la región fronteriza del país.
Una raya más
al tigre.
Pemex ayer hizo su cuarta colocación
de deuda en lo que va del año. Justo a mes y medio de que termine el sexenio, y
aunque no tendría por qué pedirla, sería interesante saber si la emisión de ese
bono por dos mil millones de dólares contó con la venia del próximo director de
la empresa productiva del Estado, Octavio Romero Oropeza.
Recordemos que el gobierno del
presidente Peña Nieto entregará a López Obrador una Pemex con el doble de deuda
que cuando la recibió en 2012; más de 100 mil millones de dólares que se han
gastado en todo menos en mejorar los indicadores de la petrolera nacional,
quien enfrenta su PEOR momento en décadas.
Las
renovables no van solas.
La semana pasada visité el Service
Center para turbinas aeroderivadas de GE en Houston, Texas, y me llamó la
atención al fuerte apuesta que tiene la empresa a este negocio al que le
inyectará 200 millones de dólares en los próximos tres años, pues confían en
que esta tecnología que funciona con cualquier combustible, preferentemente gas
natural, acompañará necesariamente a las energías renovables de camino a su
consolidación. Interesante.
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