Salvador Camarena.
Personas que han trabajado en la búsqueda de soluciones a la
violencia que azota a México plantean que, si acaso, los Foros por la Paz
convocados por el equipo de Andrés Manuel López Obrador sirvieron para que las
víctimas hicieran “catarsis”.
En declaraciones a Reforma, Miguel Garza, encargado de
Investigación en Policía del INCIDE, dijo que espera que la metodología para
sistematizar la participación en esos foros sea buena para que recoja lo que ahí
se dijo, “pero por naturaleza, cuando uno es víctima necesita hacer catarsis,
entonces me imagino que fue mucho de catarsis”.
Por su parte, la presidenta de Causa en Común, María Elena
Morera, lamentó que las preguntas que se hicieron en las mesas de los foros no
hubieran estado “bien pensadas (…) pero creo que no fue el caso; me parece que
la utilidad (del foro) es para la gente que tenga un proceso de catarsis”.
(Reforma 09/10/18)
Ambas declaraciones se dieron tras un foro sobre seguridad,
ocurrido el lunes en la Ciudad de México, y luego de que en la víspera se
anunciara que el equipo de transición suspendió las citas que se debían llevar
a cabo en Tabasco, Tamaulipas, Veracruz, Morelos y Sinaloa, entidades de obvia
relevancia en nuestra crisis de inseguridad y violencia.
Desde las primeras fechas de los Foros por la Paz la tónica
fue el caos. Y la conclusión ha sido, paradójicamente, el desencuentro entre
quienes asumirán el gobierno el 1 de diciembre y distintos colectivos de
víctimas que llevan años o lustros reclamando justicia.
No todo ha sido malo. Ya quisiera el gobierno de Enrique Peña
Nieto poder presumir que al menos en una ocasión escuchó a las víctimas como el
día en que López Obrador tuvo frente a sí a padres que desmayaban de dolor o que
le preguntaban si hincándose les tomaría más en serio su petición de ayuda.
AMLO estuvo frente a víctimas; el mexiquense, en cambio, desde Los Pinos no fue
capaz de un gesto de humanidad de ese tamaño.
Pero ni esa postal de tan inédito diálogo, ni sumada la
memorable ocasión en que el próximo mandatario se reunió con los padres de los
estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, son suficientes para producir la
noción de que el próximo gobierno tiene ya clara la dimensión de la deuda que
hay en justicia en México, y menos aún el camino para empezar a reparar esa
herida nacional.
La abrupta suspensión de los foros faltantes, y las
posteriores cantinflescas explicaciones del origen de tal cancelación,
constituye la última señal de que el equipo al que AMLO encargó una nueva
estrategia para lidiar con la violencia está tan perdido como hace nueve meses,
cuando Alfonso Durazo fue “nombrado” al frente de esa agenda.
Sin embargo, no es cierto, y hay que decirlo, que los foros
hayan “al menos” ayudado a la “catarsis” de las víctimas.
Es evidente que las víctimas no han solicitado, no andan en
búsqueda, de que les permitamos momentos y espacios para la catarsis.
Bien claro han dejado en las últimas semanas que ellos y
ellas no quieren ni perdón ni olvido ni mucho menos condescendencia: fue
clamoroso su rechazo al minuto de silencio que en una ocasión se planteó. Ellos
exigen verdad y justicia, y el silencio vendrá, explicaron frente al poeta
Javier Sicilia, cuando sepan dónde están sus hijos y los puedan velar como corresponde
a un digno duelo para los muertos.
Ante los yerros de Durazo no caigamos en la tentación de
pensar que “de perdida” las víctimas fueron escuchadas. Eso sólo sería verdad
si sus peticiones fueran atendidas.
De lo contrario, como bien han advertido expertos como
Marcela Turati o Jacobo Dayán, lejos de una catarsis habrán sufrido una nueva
victimización, y ni más ni menos que en los Foros por la Paz.
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