Diego
Petersen Farah.
Sería
irresponsable regresar al ejército a los cuarteles en este momento, dijo
Alfonso Durazo durante la presentación del Plan de Paz y Seguridad 2018-2014.
Lo verdaderamente irresponsable, en todo caso, fue proponer durante la campaña
que en seis meses ya no habría fuerzas armadas en las calles, pero eso es, como
dijo un senador de Morena, cosa de campañas. Y tiene razón, exactamente los
mismo hizo Peña Nieto que basó su triunfo en la crítica al modelo de seguridad
de Calderón y una vez en la silla siguió la misma política. No es pues extraño,
nomás no presuman que son tan diferentes. La militarización de la seguridad se
venía fraguando desde mediados del sexenio de Peña. Si el Ejercito tiene ya
listos varios miles de efectivos para formar la Guardia Nacional es porque son
años de trabajo en este cuerpo de policía. Las fuerzas armadas terminaron
imponiendo su visión y sus condiciones.
Este es el primer sapo que tiene que
comer López Obrador como presidente electo. Hay que reconocer que se lo tragó
como los grandes. Uno está aquí para tomar decisiones, dijo sin hacer gestos.
La diferencia es que esta decisión, al contrario de otras igualmente polémicas
como cancelar el aeropuerto de Texcoco o proponer la eliminación de comisiones
bancarias, es justo lo que los votantes de López Obrador no querían y podría
tener un costo con sus propias bases.
Rechazada
por la Corte la Ley de Seguridad Interior, esa que López Obrador y sus
seguidores criticaron con singular alegría con no poca razón, ahora lo que tendrá que hacer el presidente
electo y muy pronto en funciones es modificar la Constitución para darle a la
Sedena y a la Marina facultades en materia de seguridad. No es mal augurio,
pero proponer en el plan de paz la eliminación de la tortura y dejar la
seguridad en manos de las fuerzas armadas parece una contradicción de términos.
El segundo sapo es el nuevo consejo
de empresarios. Más allá de los nombres, algunos de ellos me parecen mucho
mejor que otros, no deja de ser curioso que López Obrador piense gobernar con
los mismos que él convirtió en enemigos de la patria. Es un buen signo que
decida tener un consejo empresarial pero no está para nada claro cómo ni por
qué los eligió. Muchos de ellos son los que estuvieron en su casa brindando la
noche del 1 de julio, es decir que ya estaban cercanos al presidente electo,
pero, otra vez, de cara a su base electoral lo que está haciendo AMLO es pactar
con lo que él mismo llamó la mafia en el poder.
¿Cinismo o golpe de realidad? Me
inclino por lo segundo.
La política
es el arte de tragar sapos sin hacer gestos, y Andrés ha aprendido a
deglutirlos con tal naturalidad que se confunde con cinismo.
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