Adela
Navarro Bello.
El Senador Alfonso Durazo no la tiene
fácil. Para él será creada la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, y
su más importante compromiso será frenar la ola de inseguridad que se vive y se
respira en el país.
Disminuir la
estadística de homicidios dolosos, contener la narco guerra, combatir a los
cárteles de la droga, recuperar los territorios tomados por los criminales
organizados, reordenar el sistema penitenciario, coordinarse con estados y
municipios y además, prevenir los delitos, proveer seguridad. No es cualquier cosa el tamaño del
compromiso, dado que México atraviesa por una crisis de inseguridad que tiene
sumidos estados completos como Tamaulipas, Chihuahua, Guerrero, Baja
California, además de afectar ciudades turísticas como Acapulco, Cancún, en su
momento Los Cabos.
En los
últimos dos sexenios, el de Felipe
Calderón y el de Enrique Peña, la inseguridad ha ido a la alza. Si el panista
concluyó su sexenio con una cifra récord arriba de los 121 mil ejecutados
productos de las vendettas y guerras del narcotráfico, el priista que prometió
un México en paz concluirá su sexenio con un número arriba de las 150 mil
fatalidades. Y de una administración a la otra, México pasó de contar con unas
20 organizaciones criminales, a más de 200.
La guerra contra los cárteles que
inició Calderón no la continuó Peña, y ahora Andrés Manuel López Obrador está
comprometido a disminuir no solo el número de homicidios –a la mitad en tres
años, dijo- sino las estructuras criminales que con el
trasiego de la droga, los secuestros, la extorsiones y el narcomenudeo, han
hecho de México uno de los países con más muertos.
Mientras Felipe Calderón concentró
sus esfuerzos en “acabar” con los grandes objetivos, los capos de la droga, y
Enrique Peña le apostó a coordinar esfuerzos en los 50 municipios más violentos
del país, ninguna de las dos estrategias tuvo resultados completamente óptimos. Si bien es cierto la captura de los
jefes de cárteles tambaleó por un momento a las organizaciones criminales, la división interna en las mismas al luchar
por el poder criminal, esas escisiones trajeron al País más organizaciones
criminales. Y dedicar los esfuerzos a determinados municipios, hizo que los
criminales migraran a otros menos vigilados, pero igual de redituables.
Actualmente aparte de los cárteles
impunemente tradicionales como el cártel de Sinaloa, el del Golfo, los Arellano
Félix, se han sumado otros como el Cártel Jalisco Nueva Generación, y en
entidades específicas denominaciones particulares dan nombre criminal a las
mafias locales. Cada vez más, y más violentas.
Hace unos
días el presidente electo, Andrés Manuel
López Obrador, daría a conocer su plan de seguridad. Pero el tiempo le alcanzó
y el anuncio fue pospuesto. No así la reunión que sostuvo con quienes serán los
titulares de la Secretaría de la Defensa Nacional, de la Armada de México, y el
futuro Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo. Además
de otros integrantes de lo que será el equipo de seguridad del próximo gobierno
federal.
Aunque en campaña el presidente
electo le apostó a la cultura, la educación, el deporte, la recuperación de los
campos agrícolas y el desarrollo urbano para combatir la inseguridad con
oportunidades a la población ahora cautiva en las redes del narcotráfico y la
criminalidad organizada –para ellos es la amnistía prometida-, hace unos días
circuló un documento que da cuenta de las reformas que se harán a la ley
Orgánica de la Administración Pública Federal.
Legisladores
consultados dicen que será antes del 27
de noviembre cuando el documento será puesto a disposición del Poder
Legislativo para su análisis y aprobación, el texto retrata mayormente la
creación de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana; además claro,
las encomiendas que ha dado el presidente electo tanto a la Secretaría de
Hacienda y Crédito Público como las compras consolidadas del gobierno federal y
el control de todas las oficialías mayores que mutarían a unidades de
administración y finanzas, así como el cambio de nombre de Sagarpa a solo
Secretaría de Agricultura y Desarrollo Social, o el de SEDESOL a Secretaría de
Bienestar, y las modificaciones a las delegaciones federales así como a las
facultades de Gobernación.
Enrique Peña Nieto, el todavía presidente
constitucional de México (aunque no lo parezca), eliminó la Secretaría de Seguridad Pública Federal, y las tareas de
seguridad que recaían sobre el titular de esa dependencia, las llevó a la
facultad de la Secretaría de Gobernación, mayormente.
En la propuesta de reforma a la ley
orgánica de la administración pública federal, esas facultades, y otras,
estarán en la esfera de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, que,
ha adelantado López Obrador, titulará Alfonso Durazo.
Por ejemplo,
será oficialmente auxiliar del Poder
Judicial de la Federación y de la Fiscalía General de la República y otras
dependencias, para “la investigación y persecución de los delitos en cuyo caso
los cuerpos de policía que actúen en su auxilio estarán bajo el mando y
conducción del Ministerio Público, y disponer de la fuerza pública en términos
de las disposiciones legales aplicables”.
Junto a la Secretaría de Gobernación,
la de Seguridad Pública y Protección Ciudadana proveerá la información sobre
las personas desaparecidas en el País, la cual harán pública para que
interesados puedan aportar datos para localización. Será la SSPC la encargada
de “ejecutar las penas por delitos del orden federal y administrar el sistema
penitenciario federal y de justicia para adolescentes”.
Además, la secretaría de Durazo será la dependencia
donde se basara el sistema de información y registro de datos “en materia
criminal”, la cual deberá utilizar para realizar las estrategias para la
prevención del delito.
El todavía
Senador por Sonora será el responsable
también de la coordinación de tareas y de corporaciones policiacas, tendrá
facultades de investigación y de sistematización de la información de seguridad
pública. En ese contexto, será Secretario Ejecutivo del Consejo de Seguridad
Nacional. Al tiempo que se le faculta para “establecer y operar un sistema de
investigación e información, que contribuya a preservar la integridad,
estabilidad y permanencia del Estado mexicano, así como contribuir, en lo que
corresponda al Ejecutivo de la Unión”.
De acuerdo
al documento, el CISEN (Centro de
Inteligencia y Seguridad Nacional) no desaparece, sino que cambia de nombre;
una vez aprobada la propuesta será el Centro Nacional de Inteligencia, y dejará
la esfera de Gobernación para enmarcarse en la Secretaría de Seguridad y
Protección Ciudadana.
Desde la misma SSPC se coordinarán
con gobiernos de los estados, municipios y dependencias federales, “las
políticas y programas de protección civil del Ejecutivo”, y también Durazo
presidirá “el Consejo Nacional de Seguridad Pública y el de Seguridad Nacional
en ausencia del presidente de la República”. Además, la Conferencia Nacional de
Secretarios de Seguridad Pública.
A grandes
rasgos, las reformas que propondrán del
equipo de López Obrador para modificar la Ley Orgánica de la Administración
Pública Federal, contribuirán a crear una súper secretaría para Durazo, que
concentrará labores que tenía la Secretaría de Seguridad Pública Federal y
otras que estaban en la influencia de la Secretaría de Gobernación, como esa de
mandar al pronto ex CISEN, ahora CNI a Seguridad. Por primera ocasión desde su
creación en el segundo lustro de la década de los ochenta, la inteligencia
nacional saldrá de Gobernación.
Con estos cambios, con la creación de
una Secretaría de Seguridad, Alfonso Durazo no la tendrá fácil. Estará obligado
a dar resultados, los cuales no se han tenido de manera óptima en los últimos
dos sexenios.
Y como que
ya va siendo hora.
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