El 6 de
junio de 2008, el entonces Presidente de México, Felipe Calderón Hinojosa,
reunió a 900 funcionarios en el Palacio Nacional. De manera pública les pidió
que acabaran con “el influyentismo y el amiguismo”, con el fin de “construir un
gobierno caracterizado por rendir cuentas”.
Transcurría el tercer año del Gobierno del hombre que con 12 días en el poder
lanzó una guerra en contra del crimen organizado. Aquella vez, dio una orden:
“Actuar con transparencia y ponerse en los zapatos de la gente o al otro lado
del mostrador”. A la izquierda del Mandatario estaba el titular de la
Procuraduría General de la República (PGR), Eduardo Medina Mora, quien aplaudió
con efusividad.
Ese mismo año, tanto el Presidente
como el Procurador le dieron la espalda a la transparencia. Felipe Calderón envió al Congreso de la Unión una reforma al artículo 16 del
Código Federal de Procedimientos Penales que le otorgó a las averiguaciones
previas “carácter estrictamente reservado” y Eduardo Medina Mora, apegado al
nuevo marco jurídico, clasificó todas las investigaciones –aun cuando ya
estaban concluidas– que concernían a la implicación de funcionarios públicos en
delitos relacionados con la guerra, lo que ha impedido conocer hasta ahora un
dato fundamental: la implicación del Estado en la muerte violenta de unas 200
mil personas, la desaparición de otras 300 mil y el desplazamiento de otros
miles.
También se mantiene bajo reserva el nombre de la empresa
que en 2008 le vendió a la PGR una flota de helicópteros Blackhawk y Little
Birds por 200 millones de dólares en el rearme aéreo más costoso de la historia
del organismo, ordenado por el ahora Ministro de la Suprema Corte de Justicia
de la Nación (SCJN). Se usó para sellar la frontera con Centroamérica con la
justificación de que se requería inhibir vuelos clandestinos cargados de droga
desde América del Sur. El candado se lo puso a la totalidad de la flota aérea
de la Procuraduría (los modelos, el valor de mercado, la capacidad, la
antigüedad, las horas de vuelo y el proceso de adquisición).
Por su
parte, tiene una reserva indefinida el
expediente que guarda el registro de los bienes muebles, inmuebles, numerario,
centenarios, joyas, cuentas bancarias y los montos asegurados a la banda de
Daniel Arizmendi.
Y hasta
2020, bajo su mando, también quedó
reservado el número de chalecos antibalas adquiridos en 2008 para la extinta
Agencia Federal de Investigación.
Lo anterior resulta de una búsqueda en los asuntos
negados ante los ciudadanos por ser reservados o confidenciales de la PGR,
entre 2006 y 2009, los años en que la PGR estuvo a cargo de Eduardo Medina
Mora, en los archivos del Instituto Nacional de Acceso a la Información y
Protección de Datos Personales (INAI, en ese tiempo, IFAI). De hecho, la PGR en ese tiempo fue llamada por el
entonces comisionado Alonso Lujambio (Q.E.P.D) “el negrito en el arroz de la
transparencia” porque el organismo recurría al Tribunal Fiscal de Justicia
Administrativa para negar asuntos cruciales.
FUNCIONARIOS
PROTEGIDOS POR LA RESERVA.
Entre esos
velos, un nombre quedó protegido: Genaro
García Luna, quien ocupó la Secretaría de Seguridad Pública de 2006 a 2012,
llevó la estrategia frontal contra el crimen y en cuanto concluyó el sexenio,
se fue de México. Reapareció en abril de 2018 cuando presentó su libro
“Seguridad y Bienestar”. En las averiguaciones bajo reserva se encuentra la su
presunta implicación en el montaje del caso de Florence Cassez, una de las
historias más escandalosas en la historia reciente de México. Como en reality
show, elementos de la extinta Agencia Federal de Investigación, la detuvieron
como presunta secuestradora al lado de su pareja sentimental, Israel Vallarta,
y liberaron a las víctimas frente a las cámaras.
No fue lo único que se quedó entre
los archivos guardados por la PGR, bajo la gestión de Medina Mora. Con el apego al mismo marco legal, se negó a responder a las solicitudes de
información sobre las investigaciones ministeriales sobre Amigos de Fox, los
procesos penales ligados con Elba Esther Gordillo Morales, entonces dirigente
nacional del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación SNTE, así como
las denuncias en contra de Rosario Robles Berlanga (hoy Secretaria de
Desarrollo Social) y el empresario Carlos Ahumada Kurtz (quien purgó cinco años
de prisión por un fraude multimillonario en contra de la Delegación Gustavo A.
Madero y fue conocido por aparecer en un video en el que le entrega un maletín
con billetes a René Bejarano Martínez).
En el apego
al artículo 16 de Eduardo Medina Mora no
fue tan rígido en otros casos. Si bien la PGR se negó a brindar información en
determinados asuntos; sí lo hizo en el caso de Laura Elena Zúñiga Huízar,
ganadora del certamen “Nuestra Belleza Sinaloa”, quien fue detenida en Zapopan,
Jalisco, en diciembre de 2008, por el Ejército Mexicano. Estaba en compañía de
siete hombres que portaban armas de alto calibre y miles de dólares en
efectivo.
Laura Elena
Zúñiga y los detenidos fueron puestos a disposición de la Procuraduría General
de Justicia del Estado (PGJE) y luego, trasladados a la SIEDO [hoy SEIDO].
Permanecieron bajo arraigo durante 40 días. Ella quedó en libertad porque el
Ministerio Público no reunió suficientes pruebas en su contra. Su caso fue
conocido porque la PGR envió boletines en los que brindaba detalles de la
averiguación previa.
Coronada en
julio de 2008 como “Nuestra Belleza Sinaloa”, Laura Elena Zúñiga había
declarado que deseaba realizar una carrera como modelo; pero después de los
acontecimientos de Zapopan prefirió retirarse de la escena pública.
LA OPACIDAD
LO PROTEGIÓ A ÉL MISMO.
Su carrera
en la administración pública federal es larga; pero marcada por los secretos. De 2000 a 2015, completó 19
declaraciones patrimoniales ante la Secretaría de la Función Pública. En
ninguna quiso hacer público su patrimonio o sus posibles conflictos de interés,
elementos clave para la medición de la transparencia para la organización
Transparencia Internacional. En México, conforme a la Ley Federal de
Responsabilidades Administrativas de Servidores Públicos, revelar el patrimonio
ante los ciudadanos queda a voluntad de los funcionarios y son pocos los
servidores con dos décadas en el servicio público que jamás han dado a conocer
un bien ante los ciudadanos.
Licenciado
en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México, en 2000, cuando
Vicente Fox Quesada se convirtió en el primer Presidente de la República
postulado por el Partido Acción Nacional, pasó de abogado corporativo en Grupo
Desc a Director General del Centro de Investigación y Seguridad Nacional
(Cisen), cargo en el que estuvo hasta 2005. Después fue Secretario de Seguridad
Pública Federal hasta 2006. Ese año, las elecciones presidenciales las ganó
Felipe Calderón Hinojosa –también del PAN– y entonces fue nombrado Procurador
General de la República, cargo en el que estuvo hasta 2009. De este año hasta
2013, fue Embajador de México en Reino Unido. Y de 2013 a 2015, fue Embajador
del Gobierno de Enrique Peña Nieto en Estados Unidos.
En los 18
años como servidor público, Eduardo
Medina Mora ha estado en el centro de episodios oscurísimos del país. De ello
dan cuenta las recomendaciones archivadas en la Comisión Nacional de Derechos
Humanos que aunque rechazadas, revelan su comportamiento frente a la tragedia.
Ahí está la 38/2006 por San Salvador Atenco cuando un operativo policiaco
militar causó la muerte de dos jóvenes y la detención de 207 habitantes y la
agresión sexual en contra de 26 mujeres. Seguiría la 37/2006 sobre el
movimiento de los trabajadores siderúrgicos de Lázaro Cárdenas, Michoacán, en
el que murieron dos obreros. La 64/2008 fue por la investigación de
funcionarios públicos sobre la muerte de 65 mineros en Pasta de Conchos,
Coahuila.
Desde marzo
de 2015, Eduardo Medina Mora es Ministro
de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, después de la votación del Senado
de la República pese a miles de firmas de ciudadanos en la plataforma
Change.org que criticaron la crisis de derechos humanos tras su gestión en la
PGR. Tres años después, ha vuelto a tomar relevancia: ha admitido la
impugnación presentada por el Consejo Jurídico del Ejecutivo federal, lo que
implica suspender “toda investigación imputación penal” en contra del
Presidente Enrique Peña Nieto por el desvío de 270 millones de pesos al Partido
Revolucionario Institucional (PRI) durante el Gobierno de César Duarte Jáquez
en Chihuahua.
La suspensión se derivó de una
controversia constitucional presentada el 11 de octubre por el consejero
jurídico de la Presidencia, Misha Granados, contra órdenes de aprehensión,
arraigo, citatorios, averiguaciones o carpetas de investigación de la Fiscalía
estatal contra funcionarios federales y que fue ampliada el 16 de octubre. El
argumento: la inconstitucionalidad del artículo 20, fracción I, del Código
Nacional de Procedimientos Penales, y el 7 del Código Penal estatal. Bajo esa
letra, los Gobiernos estatales sólo pueden denunciar delitos del fuero común y
no federal.
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