El panorama en México para las
mujeres con relación a su vida reproductiva es desalentador. A diario enfrentan
situaciones como la falta de acceso a seguridad social; criminalización para
aquellas que deciden abortar; violencia obstétrica cotidiana, y las fallas
estructurales del sistema de salud, que las coloca en un contexto de
vulnerabilidad y desigualdad a comparación del resto de la población.
En el
informe La pieza faltante. Justicia Reproductiva, el Grupo de Información en
Reproducción Elegida (GIRE), presenta, a
través de diversos testimonios, los obstáculos que sortean las mujeres para el
ejercicio pleno de sus derechos humanos en materia de salud reproductiva.
El trabajo aborda cinco problemáticas
“cuya atención es urgente para avanzar hacia la justicia reproductiva de las
mujeres”, lo cuales son: embarazo adolescente; penalización del aborto;
violencia obstétrica; muerte materna, y seguridad social incompleta.
Con el
análisis de estos puntos GIRE pone en
relieve la gravedad de temas como el elevado número de niñas y adolescentes
embarazadas, afectadas por un contexto grave de violencia sexual; el limitado
acceso a servicios anticonceptivos, y la violencia obstétrica en el embarazo,
parto y posparto.
A continuación,
presentamos los casos que ejemplifican el contexto actual, así como los datos y
los temas prioritarios a atender para cada una de las problemáticas.
Embarazo
adolescente.
En 2015, a sus 17 años, Marimar fue
víctima de una violación sexual y resultó embarazada. Acompañada de sus padres
denunció los hechos y acudió al Hospital General de Cuernavaca “Dr. José G.
Parres”.
Los médicos le informaron que el
producto presentaba una malformación congénita, lo cual implicaba un alto
riesgo para el embarazo por lo que Marimar solicitó una interrupción del mismo.
Pero el hospital, a través del Comité de
Bioética, negó el servicio. Esto a pesar de que la normativa vigente garantiza
el acceso al aborto en caso de violación.
La decisión fue impugnada ante un
juez federal a quien se solicitó que se constataran las violaciones a derechos
humanos que derivaban de la negación del servicio. La impugnación no procedió a
favor Marimar por lo que se interpuso un recurso de revisión en la SCJN.
El 4 de
abril de 2018, la SCJN otorgó el amparo
a Marimar. Actualmente la menor y sus padres son reconocidos como víctimas de
violaciones a derechos humanos y la Comisión Ejecutiva de Atención y Reparación
a Víctimas de Morelos (CEARV) tendrá que garantizar la medida de reparación del
daño.
El caso de Marimar refleja los
obstáculos tanto médicos como legales que las adolescentes en situación de
embarazo deben sortear.
Durante 2017
el INEGI registró en México a 390 mil 89
mujeres que fueron madres antes los 20 años; entre éstas, 9 mil 748 eran
menores de 15 años, y 380 mil 341, tenían entre 15 y 19 años.
Actualmente,
según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el embarazo adolescente es la segunda causa de muerte a nivel
mundial entre las adolescentes de 15 a 19 años.
Para GIRE, el embarazo adolescente puede relacionarse
“con los altos índices de violencia sexual y falta de acceso a servicios como
el aborto, así como la escasa información y nulo acceso a anticonceptivos para
todas las personas”.
Registros de
la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de la Relaciones en los Hogares
(ENDIREH) revelan que en México el
10.09% de las adolescentes que tuvieron un embarazo fueron víctimas de
violencia sexual.
Para una
adolescente, el embarazo puede obstaculizar su desarrollo psicosocial, sus
oportunidades educativas y laborales, así como mantenerla en situación de
pobreza y mala salud.
La situación de vulnerabilidad se
acentúa en otros grupos, como el de las personas indígenas o con discapacidad
para quienes, por motivos de discriminación, es más difícil acceder tanto a
información sobre métodos anticonceptivos como a los propios métodos.
Desde 2015, el gobierno federal emprendió programas
como la Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo en Adolescentes
(ENAPEA), para disminuir y/o erradicar los embarazos en adolescentes, pero los
esfuerzos no han sido suficientes.
Esto se debe, entre otras cosas, a
que la ENAPEA si bien reconoce la violencia sexual como una causa de embarazo
temprano, no contempla como acción prioritaria garantizar el acceso a la
anticoncepción de emergencia y la interrupción legal del embarazo por violación.
Por tanto
GIRE plantea que para combatir los altos
índices de embarazo adolescente se requieren medidas integrales que reconozcan
el carácter multifactorial del fenómeno, en especial las relacionadas con
prevención y atención de la violencia sexual, y el acceso a métodos
anticonceptivos.
“El embarazo adolescente, además de
ser un asunto de salud pública, es una cuestión de justicia reproductiva, que
refleja un conjunto de acciones y omisiones por parte del Estado relacionadas
con diferentes derechos humanos, incluyendo el derecho a la salud, a una vida
libre de violencia y al libre desarrollo de la personalidad”, concluye para este tema.
Penalización
del aborto.
En mayo de 2018, Pilar de apenas 15
años, supo que estaba embarazada. La razón: dos meses antes, durante sus
vacaciones en Cuetzalan, Puebla, fue víctima de abuso sexual por parte de su
tío.
Pilar denunció los hechos en un Ministerio
Público de Ciudad de México. Las autoridades le dijeron que no podían atender
su caso porque había ocurrido en otra entidad, pero le informaron que, por
tratarse de una violación sexual, tenía derecho a interrumpir el embarazo si
así lo deseaba.
Con 10
semanas de embarazo, Pilar regresó a
Puebla para interponer la denuncia penal e interrumpir su embarazo. Las
autoridades poblanas comenzaron la investigación sobre el abuso sexual, pero le
negaron su solicitud para interrumpir el embarazo, argumentando que el aborto
no era legal en Puebla.
Al mismo
tiempo le dieron información falsa
asegurando que en ningún lugar de Puebla le practicarían la interrupción del
embarazo, y que si intentaba hacerlo en CDMX, el juez las cuestionaría e
incluso podría criminalizarla. A pesar de las amenazas, Pilar regresó a la
capital del país y con la asesoría de GIRE accedió a la interrupción legal del
embarazo (ILE).
Posteriormente,
acompañada de su madre, presentó una
queja ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Puebla por las
violaciones a derechos humanos cometidas por el personal del ministerio público
de Teziutlán, Puebla, al omitir los derechos que tenía Pilar como víctima de
una violación sexual.
La resolución de la queja se
encuentra pendiente y GIRE continúa asesorando a Pilar y su familia en el
reclamo de la reparación de los daños.
En México, la única entidad que
permite el aborto por voluntad de la mujer hasta las 12 semanas de gestación es
Ciudad de México. En
el resto de los estados, solo se puede acceder al aborto en casos de violación
o por ciertas causales como riesgo a la salud o alteraciones graves en el
producto.
El que cada
estado defina, con base en sus códigos
penales, condenas por abortar constituye un hecho de discriminación jurídica,
pues las mujeres no deberían tener más o menos derecho de acceder a un aborto
legal, de acuerdo con su lugar de residencia.
En la última
década, algunos estados ampliaron el
número de causales legales para acceder a un aborto seguro, pero el
desconocimiento de las autoridades y del personal de salud sobre el tema,
limita o impide el acceso que las mujeres para este procedimiento.
Actualmente los códigos penales de todo el país
contemplan la violación como causal de exclusión; 29 estados establecen como
causal que el aborto sea resultado de una conducta imprudencial o culposa; 23,
que exista peligro de muerte de la mujer; 15, que la mujer enfrente riesgo a su
salud, y 16, que el producto presente alteraciones congénitas graves.
Los estados con marcos normativos muy
poco accesibles y en donde prácticamente es imposible lograr acceder a este
proceso son: Sonora, Querétaro, Baja California, Guanajuato, Oaxaca y Puebla.
Casos contrarios son: Ciudad de México, Michoacán, Tlaxcala y Baja California
Sur.
Los estados que castigan el aborto
con condenas de cárcel de hasta 5 años son: Baja California, Morelos, Puebla,
Oaxaca, Sonora y Tamaulipas.
Entre enero
de 2007 a diciembre de 2016 los procesos
penales por el delito de aborto suman 4 mil 246 denuncias. 53 personas se
encuentran en prisión definitiva, además de 531 juicios penales; 228
sentencias, y 83 personas en prisión preventiva.
Mientras que el número total de
mujeres atendidas por interrupción legal del embarazo a nivel nacional, entre
abril de 2007 y octubre de 2018, en instituciones de salud asciende a 202 mil
308.
Así, la despenalización del aborto es una deuda
del Estado y un tema prioritario para la próxima administración, en particular
“para aquellas mujeres que enfrentan mayores condiciones de marginalidad y las
consecuencias de un Estado que las persigue o las deja morir”, concluye GIRE.
Violencia
obstétrica.
La violencia obstétrica se define
como la forma específica de violencia institucional que pueden sufrir las
mujeres durante la atención del embarazo, parto y posparto.
Este fue el caso de Sandra, que a sus
31 años, llevaba su control prenatal en la Unidad Médica Familiar (UMF) 33 del
IMSS, en Tonila, Jalisco.
A las 38 semanas de gestación se
presentaron los dolores de parto y acudió a dicha unidad médica, pero fue
trasladada al Hospital General de Zona, en Ciudad Guzmán, Jalisco porque
presentaba presión alta.
Fue ingresada en urgencias y
permaneció dos días hasta que una médica le notificó que ya no tenía líquido
amniótico, horas después fue ingresada al quirófano. Sin previo aviso ni
explicaciones, la doctora responsable le informó que le practicaría una
cesárea.
Acto seguido le preguntó a Sandra “si
ya había hablado con su esposo sobre no tener más hijos”, a lo que ella
contestó que no, al escucharla la doctora la tachó de “irresponsable”., salió
del quirófano y le aseguró a los familiares de Sandra que por motivos de salud,
no era conveniente que tuviera otro embarazo y que incluso ella ya había
firmado el consentimiento para una Oclusión Tubaria Bilateral (OTB), un
procedimiento anticonceptivo permanente.
Su esposo, confiado en la versión de
la médica, firmó el documento de autorización. Enseguida la doctora regresó y,
en un contexto de presión e intimidación, aprovechó que Sandra tenía fuertes
contracciones para conseguir su firma antes de la cesárea.
En octubre
de 2017, Sandra, acompañada por GIRE,
interpuso una queja ante la CNDH por la atención inadecuada del personal médico
la atendió y la manera en que consiguieron su consentimiento para que se le
practicara la OTB. La queja se encuentra en espera de una resolución.
En México, según cifras de la ENDIREH 2016, de las
8.7 millones de mujeres que tuvieron al menos un parto entre 2011 y 2016, el
33.4 % refirió haber sufrido maltrato por parte de quienes las atendieron y el
13.1 % de estas mujeres reportaron anticoncepción o esterilización forzada.
Las agresiones o acciones más comunes
contra las mujeres son: gritos o regaños; retraso en la atención; presión para
aceptar un método anticonceptivo; anestesia denegada; firma involuntaria de
papeles, y ser aislada de su bebé por más de 5 horas.
En los últimos
5 años, los estados con mayor número de
casos de violencia obstétrica son: Ciudad de México (36.5 %), Estado de México
(36 %), Querétaro (34.6 %), Tlaxcala (34.2 %) y Morelos (33.7 %). Las
instituciones médicas con más quejas de este tipo son: el IMSS (40.8 %);
clínicas públicas de los estados (38.7 %); centros de salud (34.7 %), y
hospitales del ISSSTE (30.7 %).
GIRE argumenta que los casos de violencia
obstétrica presentan patrones comunes, como las fallas estructurales y
sistémicas del sistema de salud. Por lo que las acciones inmediatas a tomar
son: la implementación de legislación y políticas públicas que permitan a las
mujeres acceder a servicios de salud de calidad, así como la creación de
mecanismos para acceder a la justicia y a una reparación integral ante
violaciones a derechos humanos.
Muerte
materna.
De 2012 a
2016, en México han fallecido 4 mil 283
mujeres, lo que equivale a 857 al año, por causas prevenibles, durante el
embarazo, parto o el posparto (hasta 42 días después del parto), lo cual se
conoce como muerte materna.
Son muertes que pueden evitarse pues
sus causas están regularmente relacionadas con fallas estructurales en el
sistema de salud, como la insuficiencia de recursos humanos, técnicos y de
infraestructura; la saturación del personal, así como el ejercicio inadecuado
del gasto en salud.
Gelleli es un caso más de las muertes
que pudieron evitarse. Con 24 años cursaba su segundo embarazo, en la semana 40
comenzaron los dolores de parto por lo que la joven mazateca acudió a la Casa
de Salud del municipio de Jalapa de Díaz, Oaxaca.
De ese lugar la mandaron al Hospital
General de Tuxtepec. Acompañada por Martín, su pareja, buscó ayuda para
trasladarse, pues la Casa de Salud de Jalapa no tenía ambulancia.
A las 6 de la tarde la pareja llegó
al hospital de Tuxtepec, pero Gelleli fue atendida hasta las 8 de la mañana del
día siguiente. Horas después los médicos informaron a Martín que realizarían
una segunda operación porque en la cesárea le habían perforado una arteria, y
Galleli tenía una hemorragia interna.
Sin dar más detalles y a sabiendas de
que Martín no sabe leer ni escribir, el personal del hospital hizo que el joven
firmara una hoja de consentimiento informado, advirtiendo que si no lo hacía,
Gelleli moriría.
El siguiente reporte fue hasta la
mañana siguiente diciendo que Gelleli necesitaba ser otra operación debido a
que la hemorragia no cedía. Los familiares no se aceptaron que se hiciera
porque los médicos señalaron que la intervención “implicaba una alta
posibilidad de que ella muriera en la sala de operaciones y, en caso de
sobrevivir, no había garantía de mejoría”. Un día después Gelleli falleció.
Este caso es acompañado por GIRE y
actualmente está en trámite ante la Defensoría de los Derechos Humanos del
Pueblo de Oaxaca.
Gelleli pertenecía a una comunidad
indígena, un sector que por lo regular es atendido en centros de salud en malas
condiciones, sin intérpretes de lenguas locales y con actitudes
discriminatorias por parte del personal. Tan solo en 2015, el 11.2 % del total
de muertes maternas en México corresponden a la población indígena.
2012 fue el año con más muertes maternas con
960; para 2013 bajó a 861; en 2014 hubo 872; en 2015 se registraron 768, y para
2016 aumentó de nueva cuenta a 812.
Según cifras
del Subsistema de Información sobre Nacimientos en 2015, las dependencias médicas con más casos de muerte materna fueron: el
Seguro Popular (53.7 %); el IMSS (22.6 %), y el ISSSTE (3.6 %).
En 2016 los estados con mayor número de casos
fueron: Campeche, CDMX, Guerrero, Hidalgo y Oaxaca.
GIRE plantea que es prioritario que el Estado
garantice el acceso universal a servicios de salud obstétrica de calidad para
las mujeres sin importar su derechohabiencia u origen además de asegurarse de
que el personal médico respete el marco normativo vigente en materia de
atención del embarazo, parto y posparto.
Seguridad
social incompleta.
Germán y Nadia tienen un hijo de 5
años. Germán tiene un empleo formal, y es derechohabiente del IMSS. Nadia se
dedica al hogar, por lo que no tiene seguridad social.
En 2016 Germán ubicó las guarderías más cercanas a
su casa y preguntó los requisitos para meter a su hijo en alguna de ellas.
Descubrió que el artículo 201 de la
Ley del Seguro Social, se lo impediría, pues solo contempla el acceso a este
servicio para hombres viudos o divorciados con la patria potestad de sus hijos
o hijas.
La negativa del servicio le fue
confirmada en el Departamento de Guarderías de la Jefatura de Servicios de
Prestaciones Económicas y Sociales del IMSS, pero le dijeron que recibiría la
solicitud para acceder al servicio de estancias infantiles del seguro social
como padre trabajador asegurado.
Sin embargo,
la petición fue negada, por lo que
Germán promovió un juicio de amparo contra las autoridades responsables de la
negativa y por la inconstitucionalidad de los criterios de acceso a la misma.
Un Juzgado en materia de trabajo, en
Ciudad de México, le concedió el amparo contra la disposición discriminatoria y
así el Departamento de Guarderías otorgó el servicio a Germán en las mismas
condiciones en las que lo brinda a las mujeres trabajadoras aseguradas.
El acceso a
la seguridad social es un derecho humano reconocido a nivel mundial, pero en México el acceso a este derecho
está condicionado a que las personas cuenten con un trabajo formal.
Actualmente el 59.1 % de los
habitantes están empleadas de manera informal; siendo el sector femenino el más
afectado pues 29 de cada 100 mujeres ocupadas pertenecen al sector informal.
Como
consecuencia de esto, un alto porcentaje
de mujeres no cuenta con acceso a servicios de atención a la salud, como en el
caso de Nadia y por ende no tienen acceso a todos los derechos que establece la
ley.
Aunque se afilien a otros esquemas
como el Seguro Popular, carecen de acceso a prestaciones como licencias de
maternidad, licencias de paternidad y estancias infantiles.
A nivel nacional el 54.8% de las
mujeres mexicanas están afiliadas al Seguro Popular; el 42.36% al IMSS, y el
9.56% al ISSSTE.
De 2015 a
septiembre de 2018, GIRE ha registrado,
documentado y acompañado 59 casos relacionados a la negación de acceso a
estancias infantiles y licencias de maternidad ambas problemáticas relacionadas
con la falta de seguridad social. Solo tres de estos casos han sido resueltos
por la SCJN, a favor de los afectados.
GIRE argumenta que para garantizar el acceso a
los derechos de estas mujeres será necesario constituir un sistema de seguridad
social universal que abarque a todas las personas trabajadoras, tanto en
esquemas de trabajo formal como informal.
Además, se deben eliminar las disposiciones
discriminatorias de la legislación hacia grupos particulares, como los esquemas
de derechohabiencia restrictivo vigentes ahora.
De manera
general y tras la revisión de estos cinco temas eje, GIRE concluye que su atención debe ser “urgente para avanzar hacia la
justicia reproductiva de las mujeres en México”.
La atención de los pendientes de cada
tema es responsabilidad del poder ejecutivo; del legislativo, y de las
instituciones de salud federales y locales. Solo el trabajo conjunto logrará un
cambio positivo para el contexto actual de las mujeres en México con relación a
su salud reproductiva a partir de mecanismos y la garantía de sus derechos
humanos.
Los datos que sustentan el informe La
pieza faltante. Justicia Reproductiva fueron obtenidos mediante mil 856
solicitudes de acceso a la información del periodo 2012 a 2017, y los casos
expuestos han sido acompañados por GIRE en su búsqueda por la justicia y por
una reparación integral por violaciones a sus derechos humanos.
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