Gustavo De la Rosa.
El 30 de enero de 2010
asesinaron a 15 jóvenes, 10 de ellos preparatorianos, y dejaron a 10 más
heridos de bala en la colonia Villas de Salvárcar; el Presidente Calderón, al
respecto, declaró durante una visita en Japón que aquel asesinato colectivo a
sangre fría había sido producto de una riña entre pandillas. La rabia internacional
estalló en su contra y se vio obligado a trasladarse a esta ciudad junto con su
esposa para conocer de primera mano la gravedad del problema. La táctica de
combatir al narcotráfico con el Ejército en las calles había fracasado.
Así fue que los militares
se retiraron y se hizo cargo de la seguridad en Juárez la Policía Federal, al
mando del comisionado Facundo Rosas, y paralelamente se constituyó una mesa de
seguridad compuesta por los ciudadanos que estuvieron dispuestos a enfrentar la
violencia junto con las autoridades.
Cuando los ciudadanos integrados a esta mesa llegamos
a participar en la coordinación de las fuerzas federales con el municipio y
Estado, encontramos un debilitamiento
generalizado de los cuerpos policiacos; la Policía municipal estaba
prácticamente acuartelada, con costales de arena alrededor de las estaciones
para evitar agresiones desde el exterior que las hacían parecer cuarteles de
pueblos en guerra.
Facundo Rosas empezó
por armar una estructura con participación ciudadana para combatir a los
violentos, coordinando sus esfuerzos con la PGR y la Fiscalía del Estado, y con
el apoyo (más bien simbólico) de la Policía municipal; se fortaleció tanto el
área de asuntos internos que el jefe del departamento era nombrado por el presidente
la República, volviéndolo un agente totalmente autónomo, y se formaron varios
comités cívico-institucionales de supervisión del trabajo policial.
Así, coordinados todos
los cuerpos policiacos y con constantes reuniones de evaluación ante comités de
atención directa a ciertos delitos, ahora tocaba cambiar el objetivo final de
las acciones contra los delincuentes, ya no con la lógica militar de
exterminarlos sino con la lógica de disminuir y controlarlos; se establecieron
comités específicos en materia de derechos humanos, robo de autos, secuestros,
extorsiones, revisión de negocios de compra de automóviles usados, de
homicidios y delitos federales, y cada mes se revisaban los indicadores de los
delitos atendidos por dichos comités; además comenzamos reuniones mensuales con
los altos niveles Federal, estatal y municipal para desarrollar estrategias a
mediano y largo plazo, y de prevención.
En este sentido, dimos
con dos estudios de diferente origen que coincidían en que los jóvenes que se
unían a los ejércitos de la delincuencia tenían entre 12 a 17 años y no habían
terminado la secundaria, y en aquel tiempo en Juárez había alrededor de 20 mil
jóvenes, en las colonias al poniente o suroriente de la ciudad, en situaciones
similares. Para responder a esto se lanzó una ofensiva para ofrecer
alternativas de vida a estos chavos.
Lucina Jiménez y un
grupo de muchachos artistas de la ciudad se lanzaron a las colonias ofreciendo
arte en lugar de violencia, y con el mismo objetivo un gran grupo de
activistas, la familia Almada Mireles, Beatriz Calvo y muchos educadores
recorrieron estas colonias vulnerables, interrumpiendo el proceso de
reclutamiento de la delincuencia.
Marzo de 2011 inició
con una tendencia sostenida de homicidios a la baja, y a esta altura ya se
habían logrado controlar los secuestros y las extorsiones; esto último fue el
resultado de un primer blindaje total a una zona, el Pronaf, donde un intenso
operativo de los policías federales logró reducir a cero estos delitos (este
círculo de protección se fue ampliando paulatinamente hasta recuperar todo el
noreste de la ciudad).
Ya sólo el Centro
quedaba como el reducto más violento y más pernicioso para la población, así
que ese mismo mes se contrató al teniente Leyzaola como jefe de la Policía
municipal y, aunque tenía fuertes contradicciones contra la Policía federal, se
le asignó esta zona como prioridad para enfrentar el problema que ahí se había
desarrollado. Aunque él fue extremadamente violento y agresivo contra la
ciudadanía, logró controlar esta área de Juárez, que ya más bien era la Corte
los Milagros de Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo.
El esfuerzo combinado
de corporaciones civiles y la participación activa y responsable de los
ciudadanos dio resultados y, rumbo al fin del año, el promedio de homicidios
(de 300 por mes) tomó una tendencia a la baja. Ya en el 2012, y aplicando esta
técnica de contención, logramos bajar la tasa de 50 homicidios por mes hasta lo
que se considera normal, unos 20 homicidios mensuales.
Ya para 2013 logramos
establecer las bases de funcionamiento normal de la ciudad en materia de
seguridad, empezaron a regresar muchos juarenses que se habían exiliado por
voluntad propia y quedó demostrado que era posible administrar la Seguridad
Pública a partir de las instituciones locales, estatales y federales, además de
que diseñamos estructuras de organización y, con el cambio de Gobierno
municipal, sentamos las bases para un trabajo de seguridad con respeto a los
derechos humanos en la vida cotidiana.
En la próxima entrega tocará hablar de las decisiones
que tomó la Policía municipal al mando del teniente Leyzaola, y trataré de
explicar el repunte de la violencia que se ha visto en esta ciudad desde 2016 y
hasta la fecha.
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