Salvador Camarena.
Para el exgobernador (es un decir)
Manuel Velasco, el triunfo de Morena en las elecciones presidenciales y
legislativas representó una bendición. No sólo amigos de ese partido le
permitieron renunciar a su obligación en el Senado y regresar a su estado a
cobrar unos meses más de sueldo, sino que hace unos cuantos días los
legisladores detuvieron una moción para que al chiapaneco no se le investigara
una cuenta pública.
Así pasa con algunos políticos en estos morenos tiempos,
resultaron ganones, aunque sus partidos perdieran las elecciones (no se rían,
Velasco dizque es del dizque Partido Verde); pero con otros políticos pasa
exactamente lo contrario, habiendo triunfado en el proceso electoral –como
algunos gobernadores– la tendrán muy cuesta arriba este sexenio.
Porque si ustedes van más allá del
folclor de la ceremonia de ayer en Palenque, donde el presidente Andrés Manuel
López Obrador dio por iniciados los trabajos de los trenes Maya (habrá tres: de
turismo y carga, y uno subsidiado a pasajeros locales), tendrán que reconocer
la canija suerte que tiene Alejandro Moreno, quien cobra como gobernador de
Campeche.
No hace falta ir a la hemeroteca digital para contrastar lo
que el señor Moreno, llamado por sus amigos Alito, decía de López Obrador antes
de que éste ganara las elecciones. Era un priista de la línea dura y como tal
actuaba. Pero una vez pasado el 1 de julio, el mandatario campechano cambió su
discurso por uno obsequioso (priista al fin) y, casualidad o no, tan súbito
giro parece que se traducirá en que Campeche resulte ganón en este sexenio: Pemex podría irse para ese estado y del
Tren Maya también se beneficiaría, porque incluso si esa obra no funcionara, de
aquí a ese supuesto momento de fracaso a Campeche, a Chiapas, a Tabasco, a Yucatán
y a Quintana Roo hartos recursos les caerán.
Así que para esos gobernadores, los millones prometidos para
sus estados bien valen la vernácula misa de ayer, donde se supone que una obra
sin datos técnicos se hincó ante un socavón para pedir permiso por el huateque
ecológico que armará Fonatur con el Tren Maya.
A pesar de lo anterior, no se les veía demasiado contrariados
a los mandatarios que acompañaron a López Obrador. Primero, porque ni que fuera
nuevo para un gobernador mexicano asistir a ceremonias surrealistas: desde
informes de gobierno hasta jurar hacer cumplir la ley, se la pasan en ello.
Pero sobre todo, porque están (y lo saben) entre los ganadores: sus estados son
la médula del discurso “sur versus norte” que ha instalado la nueva presidencia
de la República. Así que se les ve contentos, chiflando y aplaudiendo a esos
mandatarios que fueron invitados ayer.
Muy distinto la tendrán otros
gobernadores, como Enrique Alfaro, de Jalisco, que ayer respingó por el
maltrato, eso dice él, que se le da a su estado al no incluirse en el
Presupuesto federal dado a conocer este sábado, ninguno de los proyectos de
infraestructura que esa entidad había solicitado.
En su cuenta de Twitter,
Alfaro denunció que “el presupuesto de egresos se centraliza en los intereses
del gobierno federal, ignorando las necesidades que surgen desde lo local. Para
Jalisco, se les quitan recursos federales a los 125 municipios, así como al
estado y, por consiguiente, a las y los jaliscienses. No se contempla inversión
federal para ninguno de los proyectos que desde Jalisco definimos como estratégicos,
tales como el saneamiento y rescate del Río Santiago, la Línea 4 del Tren
Ligero, la presa derivadora El Purgatorio y el libramiento sur de Puerto
Vallarta”.
Hace once días, al asumir la gubernatura de su estado, Alfaro dijo que hablarán con franqueza al
gobierno federal, pero que no aceptarían un trato que los jaliscienses no
merecen.
Ayer, en su mensaje en Twitter, refrendó que “en Jalisco, la palabra empeñada vale; vamos a ver si para
el Gobierno de la República también. Nosotros seguiremos de pie exigiendo un
presupuesto federal que NO ignore a las y los jaliscienses. Quedan unos días
para defender a nuestro estado y sé que no estoy solo”.
En las próximas horas veremos cómo
responden otros gobernadores a las cuentas incluidas en el Presupuesto. Pero
una cosa es segura, aunque la cobija presupuestal nunca ha alcanzado para dejar
felices a todos, es claro que en este arranque de sexenio hay una región
consentida, mientras otras entidades deberán remar contra la corriente morena.
Por lo pronto, a ver
si algunos mandatarios ya dejan de creerse ese rollo de que la Conago sirve
para algo, y aceptan que habrá un pleito en torno al llamado pacto federal.
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