Gabriel Sosa Plata.
A la par de la importante transición política que
vivimos en México, se llevan a cabo cambios de programas, conductores y de
líneas editoriales en medios de comunicación. En el caso de la radio, las
decisiones han sido notables e inesperadas, luego de un sexenio de censura y
autocensura, en el que, salvo excepciones, Peña Nieto y su Gobierno tuvieron un
trato periodístico acrítico, complaciente, zalamero.
Primero fue la reincorporación, en octubre, de la
periodista Carmen Aristegui, a quien Grupo Radio Centro (GRC), de la familia
Aguirre, le abrió las puertas para la transmisión de su noticiario matutino
Aristegui Noticias. Un mes después, el reconocido periodista de la revista
Proceso, Jenaro Villamil, autor de diversos libros críticos sobre Peña Nieto,
fue invitado a conducir un noticiario vespertino, Villamil Informa, en el grupo
Radiodifusoras Asociadas (RASA), propiedad de la familia Laris. El primero de
diciembre, Víctor Trujillo y su personaje Brozo se integró a la estación Aire
Libre, del empresario Eduardo Henkel.
Hace algunos días, trascendió que otro destacado
periodista del periódico La Jornada, Julio Hernández López, también tendrá, en
enero, un programa de noticias y análisis en Radio Centro 97.7, de GRC, donde
ya se transmite el noticiario de Carmen Aristegui.
La llegada de “Julio Astillero”, como también se le
conoce, se anunció días después de que el periodista Carlos Loret de Mola dio a
conocer a través de Twitter que su programa “Sin anestesia” salía del aire de
otra de las emisoras de GRC, Universal Stereo. Ayer, en la misma red social,
Julio precisó que la invitación para integrarse al grupo radiofónico es
anterior a lo ocurrido con el periodista de Televisa.
Loret de Mola, a su vez, vuelve a W Radio, en el
espacio vespertino que dejó vacante su compañera de Televisa, Ana Francisca
Vega, por lo que no dejará de tener una presencia en la radio, además de la que
ya tiene en el canal de televisión de mayor cobertura y audiencia en el país.
Estos reacomodos y
otros que muy probablemente se concretarán en los próximos meses son consecuencia
de los resultados electorales. He sostenido que si el PRI hubiese continuado en
el poder, difícilmente se habrían abierto las puertas de la radio comercial e
incluso de la radio pública a quienes no dejaron de denunciar la corrupción en
el Gobierno de Peña Nieto y los gobernadores de su partido político. Aristegui,
Villamil, “Julio Astillero” y otros colegas formaban parte de ese grupo de
“periodistas indeseables” para los responsables de manejar las riendas del país
en la administración anterior.
Ahora estamos en un
escenario distinto. Críticos del peñismo, que apoyaban directa o indirectamente
a López Obrador, son bienvenidos en los medios tradicionales. Esta apertura se
ha interpretado como un acto que busca complacer a los nuevos gobernantes. Los
papeles, en su opinión, se han invertido y esto explica la salida de
periodistas que no simpatizaban con López Obrador, pero apoyaban por
conveniencia, por convicción o por presiones comerciales (publicidad
gubernamental) a los gobiernos de Peña Nieto, de Calderón y de Fox.
Suena lógico, pero la
situación es más compleja. La mayoría de los periodistas y comentaristas de la
radio que han sido muy críticos de López Obrador, como candidato y ahora como
Presidente de México, siguen al aire. La diferencia es que ahora tendrán que
compartir micrófonos con periodistas y comentaristas que no tuvieron las mismas
oportunidades de hablar en la radio, justo por denunciar la corrupción de los
gobiernos del PRI, del PAN o bien porque coincidían con las posiciones de López
Obrador. De igual manera, los que antaño marcaron distancia con Peña Nieto,
podrían seguir siendo distantes con el nuevo presidente, como lo han demostrado
varios de los periodistas mencionados.
POLÍTICA Y TECNOLOGÍA.
El contexto político
favorece una cuarta transformación de la radio, en la que se está en
posibilidades de ejercer una mayor libertad de expresión, con periodistas
cercanos o alejados y críticos de López Obrador o del presidencialismo, con
usuarios de redes sociales que participan e interactúan con quienes producen
contenidos en la radio y en general en los medios de comunicación
tradicionales, con el uso de aplicaciones y diversos recursos audiovisuales,
como las transmisiones en tiempo real en Youtube o Facebook, para ampliar las posibilidades
de la comunicación e información, así como por el nacimiento y expansión de la
radio digital (HD Radio).
La primera transformación de la radio fue con el
nacimiento de la XEW y la expansión del medio como industria en la llamada
época de oro; la segunda transformación vino con el desarrollo de la FM, el uso
masivo del disco y la creación de las “rocolas” de 100 mil watts en los años
sesenta y setenta, con reducidas posibilidades para el periodismo crítico e
independiente; la tercera transformación se forjó en los años ochenta con el
“boom” de los noticiarios de larga duración, con José Gutiérrez Vivó como uno
de sus principales exponentes, la paulatina apertura del medio a los partidos
de oposición y el inicio de proyectos juveniles como Rock 101.
La cuarta
transformación se ha postergado. Si bien la radio ha sido impactada por la
revolución tecnológica y por la transición democrática de los años noventa y
del nuevo siglo, no se habían generado las condiciones óptimas para un cambio
de mayor magnitud que representara una nueva época porque continuaban los
viejos mecanismos de censura y de reglas no escritas. A mi parecer ahora sí es
posible, pese a quienes consideran que México regresa a los años setenta.
El recorte del gasto en
la publicidad gubernamental, la decisión política del nuevo Gobierno de no
intervenir en las líneas editoriales de los medios de comunicación, las
diferencias ideológicas y políticas de empresarios de la radio -creados bajo el
cobijo del PRI- con el Gobierno de AMLO y su partido Morena, la obligación de
producir contenidos atractivos y noticiarios con mayor credibilidad para atraer
nuevas fuentes de financiamiento (ya no sólo del Gobierno) y conservar a las
audiencias, así como la necesidad de ser competitivos y mantenerse como una
opción en el complejo ecosistema mediático, multiplataforma, son factores clave
para la nueva época de la radio.
Los enroques,
contrataciones, salidas y llegadas de conductores y periodistas en la radio,
junto con el inicio de transmisiones de estaciones de nuevos jugadores, como
Aire Libre, son un elemento de la transformación que podría concretarse. Está
ocurriendo en algunas emisoras comerciales y así deberá suceder en la radio
pública. De ahí la importancia de tener una buena política pública que
dignifique a los medios públicos y los coloque como actores fundamentales en el
Estado democrático que todos debemos construir. Por ello, es inaceptable, como
se pretendió, dotar a la Secretaría de Gobernación de la facultad para proveer
el servicio de radiodifusión pública.
La radio pública también debe ocupar un papel
protagónico en la cuarta transformación.
Gabriel Sosa Plata.
A la par de la importante transición política que
vivimos en México, se llevan a cabo cambios de programas, conductores y de
líneas editoriales en medios de comunicación. En el caso de la radio, las
decisiones han sido notables e inesperadas, luego de un sexenio de censura y
autocensura, en el que, salvo excepciones, Peña Nieto y su Gobierno tuvieron un
trato periodístico acrítico, complaciente, zalamero.
Primero fue la reincorporación, en octubre, de la
periodista Carmen Aristegui, a quien Grupo Radio Centro (GRC), de la familia
Aguirre, le abrió las puertas para la transmisión de su noticiario matutino
Aristegui Noticias. Un mes después, el reconocido periodista de la revista
Proceso, Jenaro Villamil, autor de diversos libros críticos sobre Peña Nieto,
fue invitado a conducir un noticiario vespertino, Villamil Informa, en el grupo
Radiodifusoras Asociadas (RASA), propiedad de la familia Laris. El primero de
diciembre, Víctor Trujillo y su personaje Brozo se integró a la estación Aire
Libre, del empresario Eduardo Henkel.
Hace algunos días, trascendió que otro destacado
periodista del periódico La Jornada, Julio Hernández López, también tendrá, en
enero, un programa de noticias y análisis en Radio Centro 97.7, de GRC, donde
ya se transmite el noticiario de Carmen Aristegui.
La llegada de “Julio Astillero”, como también se le
conoce, se anunció días después de que el periodista Carlos Loret de Mola dio a
conocer a través de Twitter que su programa “Sin anestesia” salía del aire de
otra de las emisoras de GRC, Universal Stereo. Ayer, en la misma red social,
Julio precisó que la invitación para integrarse al grupo radiofónico es
anterior a lo ocurrido con el periodista de Televisa.
Loret de Mola, a su vez, vuelve a W Radio, en el
espacio vespertino que dejó vacante su compañera de Televisa, Ana Francisca
Vega, por lo que no dejará de tener una presencia en la radio, además de la que
ya tiene en el canal de televisión de mayor cobertura y audiencia en el país.
Estos reacomodos y
otros que muy probablemente se concretarán en los próximos meses son consecuencia
de los resultados electorales. He sostenido que si el PRI hubiese continuado en
el poder, difícilmente se habrían abierto las puertas de la radio comercial e
incluso de la radio pública a quienes no dejaron de denunciar la corrupción en
el Gobierno de Peña Nieto y los gobernadores de su partido político. Aristegui,
Villamil, “Julio Astillero” y otros colegas formaban parte de ese grupo de
“periodistas indeseables” para los responsables de manejar las riendas del país
en la administración anterior.
Ahora estamos en un
escenario distinto. Críticos del peñismo, que apoyaban directa o indirectamente
a López Obrador, son bienvenidos en los medios tradicionales. Esta apertura se
ha interpretado como un acto que busca complacer a los nuevos gobernantes. Los
papeles, en su opinión, se han invertido y esto explica la salida de
periodistas que no simpatizaban con López Obrador, pero apoyaban por
conveniencia, por convicción o por presiones comerciales (publicidad
gubernamental) a los gobiernos de Peña Nieto, de Calderón y de Fox.
Suena lógico, pero la
situación es más compleja. La mayoría de los periodistas y comentaristas de la
radio que han sido muy críticos de López Obrador, como candidato y ahora como
Presidente de México, siguen al aire. La diferencia es que ahora tendrán que
compartir micrófonos con periodistas y comentaristas que no tuvieron las mismas
oportunidades de hablar en la radio, justo por denunciar la corrupción de los
gobiernos del PRI, del PAN o bien porque coincidían con las posiciones de López
Obrador. De igual manera, los que antaño marcaron distancia con Peña Nieto,
podrían seguir siendo distantes con el nuevo presidente, como lo han demostrado
varios de los periodistas mencionados.
POLÍTICA Y TECNOLOGÍA.
El contexto político
favorece una cuarta transformación de la radio, en la que se está en
posibilidades de ejercer una mayor libertad de expresión, con periodistas
cercanos o alejados y críticos de López Obrador o del presidencialismo, con
usuarios de redes sociales que participan e interactúan con quienes producen
contenidos en la radio y en general en los medios de comunicación
tradicionales, con el uso de aplicaciones y diversos recursos audiovisuales,
como las transmisiones en tiempo real en Youtube o Facebook, para ampliar las posibilidades
de la comunicación e información, así como por el nacimiento y expansión de la
radio digital (HD Radio).
La primera transformación de la radio fue con el
nacimiento de la XEW y la expansión del medio como industria en la llamada
época de oro; la segunda transformación vino con el desarrollo de la FM, el uso
masivo del disco y la creación de las “rocolas” de 100 mil watts en los años
sesenta y setenta, con reducidas posibilidades para el periodismo crítico e
independiente; la tercera transformación se forjó en los años ochenta con el
“boom” de los noticiarios de larga duración, con José Gutiérrez Vivó como uno
de sus principales exponentes, la paulatina apertura del medio a los partidos
de oposición y el inicio de proyectos juveniles como Rock 101.
La cuarta
transformación se ha postergado. Si bien la radio ha sido impactada por la
revolución tecnológica y por la transición democrática de los años noventa y
del nuevo siglo, no se habían generado las condiciones óptimas para un cambio
de mayor magnitud que representara una nueva época porque continuaban los
viejos mecanismos de censura y de reglas no escritas. A mi parecer ahora sí es
posible, pese a quienes consideran que México regresa a los años setenta.
El recorte del gasto en
la publicidad gubernamental, la decisión política del nuevo Gobierno de no
intervenir en las líneas editoriales de los medios de comunicación, las
diferencias ideológicas y políticas de empresarios de la radio -creados bajo el
cobijo del PRI- con el Gobierno de AMLO y su partido Morena, la obligación de
producir contenidos atractivos y noticiarios con mayor credibilidad para atraer
nuevas fuentes de financiamiento (ya no sólo del Gobierno) y conservar a las
audiencias, así como la necesidad de ser competitivos y mantenerse como una
opción en el complejo ecosistema mediático, multiplataforma, son factores clave
para la nueva época de la radio.
Los enroques,
contrataciones, salidas y llegadas de conductores y periodistas en la radio,
junto con el inicio de transmisiones de estaciones de nuevos jugadores, como
Aire Libre, son un elemento de la transformación que podría concretarse. Está
ocurriendo en algunas emisoras comerciales y así deberá suceder en la radio
pública. De ahí la importancia de tener una buena política pública que
dignifique a los medios públicos y los coloque como actores fundamentales en el
Estado democrático que todos debemos construir. Por ello, es inaceptable, como
se pretendió, dotar a la Secretaría de Gobernación de la facultad para proveer
el servicio de radiodifusión pública.
La radio pública también debe ocupar un papel
protagónico en la cuarta transformación.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.