Sanjuana Martínez.
Preocupados porque se
acerca la pérdida de sus privilegios, funcionarios de muy distintos niveles se
revelan ante la austeridad republicana. Tienen razón. Pobrecitos.
Sus sueldos son
espectaculares. No existen en ningún otro país los sueldos de estos
funcionarios. Tampoco los beneficios extras que reciben. Algunos se llevan un
millón de pesos al mes. Y bajarse el sueldo significaría modificar su nivel
millonario de vida.
¿Quiénes son los funcionarios millonarios del Gobierno
mexicano?
Empecemos por Luis
María Aguilar Morales, Ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de
la Nación (SCJN), quien recibe anualmente 4 millones 658 mil 775 pesos en
concepto de sueldo y beneficios. Además del seguro de gastos médicos mayores,
recibe una gran cantidad de prestaciones como vales de gasolina, de despensa,
el pago del teléfono celular, vehículo blindado, chofer… y un largo etcétera
que conforman el casi millón de pesos que se lleva mensualmente.
Cabe recordar que el
Ministro Aguilar Morales llegó a la SCJN gracias a su amigo Felipe Calderón el
1 de diciembre de 2009. Y precisamente, fue Calderón quien les inventó el
famoso “pago extra” a los ministros que se llama “pago por riesgo”. Luego fue nombrado presidente en la
administración de Enrique Peña Nieto en enero de 2015. Fue quien votó en contra de darle seguridad social a las trabajadoras
domésticas.
Su argumento para ganar
tres mil salarios mínimos al año es que eso le proporciona la “independencia”
necesaria: “Necesitamos
remuneraciones y condiciones de retiro razonables y dignas, que les permitan
tener la humana tranquilidad para reflexionar sus análisis y decisiones, sin
presiones internas ni externas que doblen la vara de la justicia”, dijo. Es decir, no quieren un sueldo, sino un
cohecho, porque con dinero baila el perro. Cuando alguien mide su honestidad
con el dinero, estamos perdidos.
Cada uno de los once
ministros de la SCJN gana anualmente 2 millones 36 mil 457 pesos. Con estos
sueldos, la independencia no existe en la SCJN, porque los honorables ministros
no pueden morder la mano que les da de comer y obedecen la línea que les marca
el Presidente en turno. Sus polémicas decisiones han afectado de manera tremenda algunas de las
más importantes luchas sociales.
Entre los funcionarios millonarios hay que contar a los senadores. Cada uno de los 128 senadores recibe 1
millón 884 mil 312 pesos anuales. Aunque ya se anunciaron reducciones en sus
percepciones por Morena, hay que decir que siguen dentro del grupo de los
privilegiados.
Igualmente, los 500
diputados que ganan 1 millón 460 mil 550 pesos anualmente. Diputados que se han
puesto de acuerdo para no bajarse las percepciones. Por cuatro meses
trabajados, este mes de diciembre, cada uno, se llevará más de 200 mil pesos.
Y volvemos a lo mismo, la
alta burocracia está empobreciendo a México. Por ejemplo, David Colmenares, el
hombre encargado de vigilar la honestidad de los funcionarios, el presidente de
la Auditoría Superior de la Federación, quien percibe 2 millones 857 mil 05
pesos cada año.
A la lista de los
funcionarios millonarios hay que añadir a cada uno de los consejeros del
Consejo de la Judicatura Federal que anualmente reciben 2 millones 862 mil 620
pesos.
Obviamente podemos ir observando a los más enojados por la
reducción salarial de la alta burocracia. Caras
tristes como la de Lorenzo Córdova Vianello, Consejero presidente del Instituto
Nacional Electoral. El polémico presidente que avaló memorables irregularidades
electorales seguramente para no contradecir la mano que le da de comer, se
lleva anualmente 2 millones 4 mil 563 pesos.
No es el único, los
magistrados electorales, sobre quienes en ocasiones pesa la sombra de la
corrupción por aceptar fraudes electorales a cambio de dinero, se llevan anualmente
4 millones 564 mil 875 pesos.
Insisto. Estos no son
sueldos, son cohechos. Otro ejemplo: Luis Raúl González Pérez, presidente de la
Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), quien percibe cada año 2
millones 05 mil 378, sin contar todas sus grandes prestaciones. Este señor se
mantuvo callado durante los peores años del peñismo, pero en la recta final,
fue publicando información sobre las terribles cifras de graves violaciones de
derechos humanos.
Otro caso, es el de Alejandra
Palacios Prieto, Comisionada presidenta de la Comisión Federal de Competencia
Económica, quien percibe cada año 2 millones 362 mil 106 pesos, al igual que
Gabriel Contreras, Comisionado presidente del Instituto Federal de
Telecomunicaciones que anualmente percibe 2 millones 20 mil 364 pesos.
Y el de Francisco
Javier Acuña Llamas, Comisionado presidente del Instituto Nacional de
Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos, quien se lleva
anualmente 2 millones 401 mil 208 pesos. O el caso de Julio Alfonso Santaella
Castell, presidente del Inegi, quien recibe cada año, 2 millones 335 mil 446
pesos o cada uno de los consejeros del Instituto Nacional para la Evaluación de
la Educación, que gana anualmente 2 millones 335 mil 446 pesos.
A esta lista, hay que
añadir los sueldazos de gobernadores, alcaldes, regidores, secretarios,
directores, en fin, funcionarios que a discreción se autorizan, sin recato ni
decencia, grandes percepciones y beneficios.
El plan de bajar los
sueldos a más de 35 mil funcionarios que sobrepasan el límite de los 108 mil
pesos que percibirá el Presidente Andrés Manuel López Obrador, es necesario.
Por eso, el fallo de
los ministros millonarios de la SCJN que suspende la Ley Federal de
Remuneraciones de los Servidores Públicos es indecente, particularmente porque
existe un conflicto de interés, porque son los propios ministros quienes no
quieren perder sus privilegios.
No existe crisis
institucional, ni invasión de la independencia de los poderes en México, lo que
existe es un grupo de funcionarios millonarios que se niegan a aceptar el
cambio de paradigma del servicio público.
Muy sencillo, aquellos
funcionarios que no acepten el cambio pueden irse. Los mexicanos se los vamos a
agradecer. No podemos seguir con estas desigualdades, mientras hay 70 millones
de pobres. Basta de dispendio y excesos.
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