Por Gabriel
Sosa Plata.
Esperó más
de siete horas su turno para abastecer con gasolina su auto. No lo logró. A las
tres de la mañana desistió de su intento por el hartazgo, el cansancio y las
actividades laborales que debía iniciar en pocas horas.
Ocurrió en
la Gasolinera Copilco, este sábado, donde desde las cinco de la tarde del día
anterior se había terminado el combustible, pero los trabajadores del lugar
informaron que llegaría la pipa para recargar la terminal en las próximas
horas, que se prologaron como la fila interminable de automóviles sobre el Eje
10 con el mismo objetivo.
¿A qué hora
se habrá generado el feliz encuentro pipa-automovilistas? Vaya usted a saber.
Hay
historias similares. Para algunos son tragedias personales, familiares o
laborales. Para otros, se trata de hechos intrascendentes, que reflejan la
dimensión de una “tragedia” urbana del 16 por ciento de privilegiados que usan
automóvil en Ciudad de México, nada comparables con las tragedias de violencia,
pobreza o falta de alimentos en millones de familias en nuestro país. Tienen
razón.
En su larga
espera nocturna, dicha persona conoció a otros esperanzados automovilistas y
conversó con amigos vía WhatsApp, revivió las escenas de los vendedores de
tamales y atole que ofrecían sus productos de auto en auto, recorrió parte del
camellón y puso atención a las fachadas de los comercios de la zona, conoció historias
de éxito con emprendedores que han aprovechado la oportunidad para vender
tortas y café, hizo trabajo de oficina al contestar correos electrónicos y
escuchó música en la radio. A veces dormitaba, pero se reanimaba cuando se
abría un nuevo espacio por delante, aunque desafortunadamente solo para cubrir
el lugar de alguien más que renunció al intento de continuar esperando, ¡chin!
También
pensó sobre la vida, la familia, los proyectos personales, en fin. En la
vorágine de esta ciudad, poco tiempo nos damos para ello. No sé si se debe
agradecer a los huachicoleros o a nuestras autoridades esta oportunidad que
dieron a miles (o millones) de “chilangos” con automóvil, pero es innegable que
han generado espacios para la reflexión y de convivencia familiar dentro de los
vehículos.
Los medios. Hemos visto de todo,
desde los que han destacado una y otra vez el hartazgo ciudadano por la escasez
de combustible, para hacerle el “caldo gordo” a los opositores del actual
gobierno, hasta los que lanzan loas por la medida y los beneficios que generará
en la economía nacional. Dígame cuál medio consume y le diré qué piensa de la
guerra contra los huachicoleros. Por fortuna, ahora contamos con más opciones
de información y análisis, que simpatizan y no con López Obrador. También se
cuenta con mejor periodismo y con herramientas para verificar la veracidad de
la información, aunque aun nos falta mucho por hacer para que los usuarios
aprendamos a identificar las noticias falsas o los rumores y evitar su
difusión.
Escribe el
doctor Ernesto Villanueva, en Proceso: “Buena
parte de los medios ha utilizado esta decisión política para intentar
fallidamente doblar al gobierno federal con contratos publicitarios y prebendas
adicionales. La técnica ha sido identificar puntos específicos de hartazgo y
molestia pública por el desabasto transitorio de gasolina para presentarlos
como muestras de un estado generalizado en los más distintos grupos de la
sociedad. Y esto es una mentira, un acto de desinformación ajeno a los mínimos
estándares de la ética periodística, que hasta ahora no ha podido impactar en
las pautas de comportamiento de la ciudadanía”.
En esta abrumadora ola informativa,
también hemos visto cómo diversos analistas se han convertido, además, en
expertos de gasolina, de su distribución, del robo de combustibles y otros
detalles técnicos. De uno y otro lado. Como se ha dicho en los últimos días,
ojalá esos conocimientos se hubiesen puesto en la agenda pública en años
anteriores para que el combate firme a los huachicoleros no llegara tan tarde.
Ahora todas y todos pagamos las consecuencias.
La
tecnología no estuvo totalmente de nuestro lado en esta crisis de desabasto. O
más bien de quienes las alimentan de información. Ni Google Maps ni la
aplicación de la Comisión Reguladora de Energía le fueron útiles a la persona
referida al inicio de este texto. Alguien en Twitter sugirió una iniciativa
colectiva, ciudadana, como la que se hizo con Verificado durante las elecciones
y el sismo, para localizar gasolineras con combustible y tiempos probable de
espera.
¿Pero otra
vez cargarle la mano a la ciudadanía?
Definitivamente se ha carecido de una
amplia estrategia de comunicación desde el gobierno. El apoyo ciudadano a las
acciones gubernamentales debió ser correspondido, al menos, con información
confiable, de primera mano, amigable, sobre los sitios con disponibilidad de
combustible. Para eso, justo, están la tecnología, los medios y los recursos
con los que cuenta el gobierno.
Un “cariñito”, como dicen los
argentinos, de dosis de orientación precisa, que también debe ser alimentada
por los concesionarios de las estaciones de servicio, que hacen su agosto en
plena cuesta de enero y, a pesar de ello, alimentan en algunos casos la
desinformación o en otros, dan trato preferencial a los “amigos”, como se ha
denunciado en redes sociales.
Cuesta trabajo entender como hay
quienes parecen estar felices del desabasto.
Se ríen, se carcajean de la gente
molesta o resignada. “Se los dije”, “ya se veía venir”, “esto se pondrá peor”,
“aquí su cuarta transformación”, son algunas de las expresiones, aderezadas,
claro, con innumerables insultos al gobierno y no a quienes saquearon
impunemente, durante muchos años, los recursos de la nación.
Su apuesta es al fracaso de estas
medidas. ¿Para qué? ¿para dar una lección a quienes dieron su voto a López
Obrador? ¿para hacer creer que estaríamos mejor con Meade o con Anaya?
En
contraste, el pasado fin de semana, la
encuesta realizada por De las Heras Demotecnia, revela que el 57 por ciento de
las mexicanas y los mexicanos tienen una mejor imagen de AMLO, después de las
medidas contra el huachicoleo. Ups. La pregunta es ¿hasta cuándo continuará ese
apoyo mientras personas y grupos afectados por el radical cambio político del
año pasado continúan empujando en redes sociales y algunos medios de
comunicación la percepción de que todo está mal y continuará empeorando?
Frente a las expresiones de enojo o
burla, el sentido del humor. ¿Cuántos memes ha visto? Yo infinidad, muy
graciosas en su mayoría. Es parte de nuestra cultura y quizás esto contribuye a
disminuir las tensiones que genera en familias el no tener disponible el
vehículo para el transporte de los hijos o para las actividades laborales. Los
expertos tendrán una mejor explicación de la manera en cómo en este país
afrontamos los problemas.
“Buen día,
hoy te deseo que tengas… tanque lleno”, “Gracias abogado ¿cuánto le debo? Me
debe 10 litros de gasolina”, “El desabasto de gasolina es una cortina de humo
para que no te des cuenta que no te cierran las pantalones”, “Se les informa
que el programa Hoy no circula cambia a partir de mañana… circulan solo los
autos con gasolina”, “Hoy es viernes de peda… de pedalearle porque no hay
gasolina”, “Amigos, ojalá les sirva el dato: en la gasolinera que está sobre
Insurgentes y Nuevo León, a partir de las 9:00 am, venden unos taquitos de
canasta bien sabrosos”, “Por decreto presidencial, 2019 es el año de Emiliano
Zapata: TodoZ a pata”, son algunos memes que inundan las redes sociales. ¿Cuál
es su preferido?
El domingo,
el gobierno de la Ciudad de México propuso una serie de acciones para el
desabasto. ¿Llegaron tarde? Sí, pero son bienvenidas. Recuperaron una que
surgió en redes sociales: cargar gasolina en los diferentes días de la semana
con base en el color del engomado y último número de la matrícula de los
vehículos. Yo apoyo el exhorto ¿usted?
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.