Tras cuatro años de
investigaciones sobre la desaparición forzada de 43 normalistas en Iguala,
Guerrero, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) presentó en
noviembre sus conclusiones sobre el caso, entre las que destaca una nueva
teoría sobre el origen de los ataques contra los estudiantes: el rapto de un
autobús que contenía una “carga especial” y que, finalmente, los alumnos de
Ayotzinapa no lograron llevarse consigo.
Esta hipótesis no está
sustentada en ninguna prueba en particular, es decir, en ninguna parte del
expediente obra algún elemento específico que hable de la “carga especial” del
autobús, sino que, tal como explicó José Trinidad Larrieta, encargado de la
investigación realizada por CNDH, esta teoría fue construida a partir de
conjeturas, con base en lo que denominó “adminiculación de evidencias”.
A continuación, te presentamos un resumen de los elementos
que la CNDH utiliza para formular esta nueva hipótesis, basada en la “carga
especial”, y en el interés que supuestamente tenían los normalistas en ella.
Las “otras actividades”
Según la CNDH, el
“factor desencadenante” de las agresiones contra los normalistas que acudieron a
Iguala la noche del 26 de septiembre de 2014 “pudo ser la captura (por parte de
los estudiantes) del autobús Costa Line 2513”, que había partido de Acapulco
con rumbo a Chilpancingo y luego a Iguala.
Este autobús, agregó la
CNDH, pudo llevar “alguna carga especial que debía llegar a su destino”,
Iguala, y sobre la que la dirigencia estudiantil de la Normal guardaba algún
tipo de interés.
Según las conjeturas de la CNDH, el autobús Costa Line 2513 pudo ser monitoreado por al menos uno de los
dirigentes estudiantiles de Ayotzinapa, el normalista David Flores Maldonado, a
su paso por Chilpancingo. De esto, sin embargo, no hay ninguna evidencia.
“Ese autobús –infirió
el doctor Larrieta– sale de Acapulco (el 26 de septiembre de 2014) no sé si a
las 14:00 horas, no sé si a las 16:00 horas, o a una hora intermedia, las 15:00
horas, en ese lapso es el movimiento de ese autobús hacia Chilpancingo. Y, ¿qué
tenemos frente a eso? Que a las 15:00 horas, el propio David (Flores Maldonado,
principal líder de los estudiantes normalistas en ese momento) dice que sale de
Ayotzinapa hacia Chilpancingo”, donde asegura haber permanecido alrededor de
seis horas.
Entrevistado por Animal Político, el funcionario de la CNDH aseguró que eso representa una actitud
sospechosa, ya que “la razón que da (para acudir a Chilpancingo) es que fue a
comprar cosas de aseo, con ese tiempo, que no parecería lógico”.
La CNDH omite aclarar,
sin embargo, que Chilpancingo está a 15 minutos de la Normal de Ayotzinapa, y
que es habitual que los estudiantes se desplacen a esta ciudad para realizar
actividades cotidianas, como adquirir enseres básicos de aseo que, por cierto,
no les proveen las autoridades educativas de Guerrero, aun cuando la Normal es
un internado del sector público.
Tampoco especifica en
su recomendación cuánto tiempo es suficiente, según su criterio, para adquirir
enseres de aseo personal, ni a partir de cuánto tiempo eso se vuelve una
actividad “extraña”.
Aun así, el titular de
la investigación insistió en que “curiosamente, sale este chavo a las 15:00
horas en un vehículo de la Normal, a la hora en que pareciera estar ya
trasladándose, o va a salir, o está próximo el autobús que viene de Acapulco
hacia Chilpancingo”.
El organismo no explica
cuál era exactamente, según su hipótesis, el interés de la dirigencia
estudiantil en la supuesta “carga especial” del autobús Costa Line 2513.
En su lugar, lanza
otra conjetura: que el objetivo de la dirigencia estudiantil era satisfacer sus
“propios intereses”, por lo cual decidieron “manipular la voluntad de los
novatos” para llevarlos a Iguala (destino final del autobús 2513) y usarlos
“como escudo, de parapeto, o para encubrir o justificar otras actividades”.
La CNDH especula que
la presencia de los normalistas en Iguala no estaba vinculada a la “lucha
social”, sino a “otras actividades” que sus líderes debían “encubrir”, aunque
el organismo no detalla cuáles eran esas supuestas “otras actividades”, ni
aporta evidencias para sostener ninguna de estas afirmaciones.
Para sustentar la
hipótesis de la contienda entre normalistas y un grupo del crimen organizado
por el autobús Costa Line 2513, la CNDH utiliza el contenido de las
comunicaciones interceptadas en 2014 por el gobierno de Estados Unidos entre
presuntos miembros del cártel Guerreros Unidos (que opera en Iguala), según los
cuales, una mujer cercana al cártel detectó que “gente armada” abordó en
Chilpancingo un autobús en cuyo itinerario se registraba su paso por Iguala.
Según la hipótesis de la CNDH, ese autobús era el Costa Line 2513, que venía de Acapulco a Iguala, con
escala en Chilpancingo.
Según esta hipótesis, fue
la advertencia de esta señora lo que, horas después, provocó la reacción del
cártel Guerreros Unidos contra los normalistas que llegaron a Iguala.
Existe, sin embargo, un
detalle que invalida esta parte de la hipótesis: que las comunicaciones
interceptadas a miembros de Guerreros Unidos señalan claramente que el autobús
sobre el que alertó la mujer no se dirigía a Iguala, sino a Acapulco, por lo
cual, no podía tratarse del Costa Line 2513.
Aun así, el doctor José
Trinidad Larrieta, encargado de la investigación de la CNDH, insistió en la
hipótesis de que el aviso de esa señora a Guerreros Unidos “desata una paranoia
en Iguala”, y que esa paranoia explica la reacción violenta de este grupo del
crimen organizado contra los normalistas.
Los villanos del cuento.
Según la narrativa de los hechos realizada por la CNDH, el día 26 de septiembre de 2014, a las
17:30 horas, normalistas de Ayotzinapa, “la mayoría de nuevo ingreso”,
recibieron la indicación de abordar dos autobuses que mantenían tomados, para
partir rumbo a Iguala, informándoles que la intención era botear y tomar más
vehículos de pasajeros, con los cuales pretendían partir, días después, hacia
la Ciudad de México, para participar en la conmemoración de la matanza
estudiantil del 2 de octubre.
La intempestiva orden,
señala la CNDH, provino del “normalista Bernardo Flores Alcaraz”.
Ese estudiante, junto
con David Flores Maldonado, son los dos dirigentes normalistas a los que la
CNDH “describe” en su recomendación como narcotraficantes, aunque sin presentar
pruebas.
La CNDH asegura,
también sin evidencias, que “la única persona que pudo haber dispuesto y ordenado
al secretario del Comité de Lucha, Bernardo Flores Alcaraz, la movilización de
aproximadamente 120 normalistas (para partir rumbo a Iguala), era el secretario
general del Comité Estudiantil, David Flores Maldonado”.
Para ese momento, subraya
la CNDH, las 17:30 horas, el líder estudiantil David Flores Maldonado estaba en
Chilpancingo haciendo las “compras” de productos de “aseo personal”, que al
organismo le parecen sospechosas.
Así, en esta nueva
hipótesis, la salida de los normalistas del plantel estuvo cronometrada (entre
David Flores Maldonado y Bernardo Flores Alcaraz) en función del paso por
Chilpancingo del autobús Costa Line 2513 que venía de Acapulco con su
hipotética “carga especial”, con el supuesto objetivo de llegar a Iguala antes
que dicho autobús.
Nada de esto, empero,
se sustenta con evidencias en la recomendación de CNDH.
El destino de la carga especial.
El 26 de septiembre de
2014, los dos autobuses que salieron de Ayotzinapa llegaron a las inmediaciones
de Iguala, al punto carretero conocido como Rancho del Cura, alrededor de las
19:00 horas, y una hora y 15 minutos después, aproximadamente, a ese punto llegó
el autobús Costa Line 2513, el de la hipotética “carga especial”, procedente de
Chilpancingo.
En el Rancho del Cura,
el autobús fue detenido por normalistas y tomado, exigiendo al chofer que
hiciera descender a los pasajeros, para poder llevarse el vehículo a
Ayotzinapa.
Inicialmente, el
conductor del autobús Costa Line 2513 se negó, aduciendo que no traía
anticongelante, algo que la CNDH considera una “oposición inexplicable”, ya
que, por testimonio de otros choferes, se sabe que la indicación de sus
empresas es aceptar la captura de los autobuses, e irse con las unidades para
cuidarlas.
Junto con la oposición
del chofer, continúa la narrativa de la CNDH, se dio la intervención “decisiva”
de uno de los 28 pasajeros del autobús quien, “asumiendo unilateralmente la
representación de todos los pasajeros, tomó la iniciativa y sostuvo un diálogo
con los estudiantes, a quienes mostró su decidida y franca oposición a la toma
del autobús, pero sin dar razón de ello, denotando un interés que iba más allá
del de un pasajero más”.
Según el testimonio del chofer, este pasajero finalmente acordó con los normalistas que ocho de ellos
acompañaran el autobús en su ingreso a Iguala, para que los pasajeros
descendieran fuera de la terminal de Costa Line y, luego, el chofer llevaría el
autobús a Ayotzinapa, con los ocho normalistas.
Ese acuerdo, sin
embargo, fue incumplido: el chofer del autobús no se detuvo fuera de la
terminal Costa Line, sino que ingresó el autobús al patio de operaciones, donde
los pasajeros finalmente bajaron.
Luego, el chofer
también se alejó del autobús, dejando a los normalistas dentro.
Gracias a esta acción
del chofer, subraya la CNDH, el autobús Costa Line 2513, con su supuesta “carga
especial”, logró llegar a su destino y permanecer ahí, ya que aun cuando
momentos después arribó a la terminal el resto de los normalistas que esperaban
en las inmediaciones de Iguala, y tomaron otras tres unidades (además de las
dos que ya traían) ninguno de los vehículos que se llevaron consigo fue el
Costa Line 2513, el que, según la hipótesis de Derechos Humanos, venía cargado.
Ese autobús permaneció
en la terminal, luego de la partida de los estudiantes.
Aunque la hipótesis de
la CNDH es que el ataque contra los normalistas estuvo vinculado con su interés
en el Costa Line 2513, no se especifica cuál era su interés en dicha carga, y
tampoco se explica por qué los estudiantes fueron atacados al salir de la
terminal, siendo que, finalmente, entre los autobuses que secuestraron no
estaba el vehículo con la supuesta “carga especial”.
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