Por
Alejandro Páez Varela.
El anuncio del plan para recuperar a
Pemex de manos de las alimañas que han estado saqueándola (Plan Conjunto de Atención a las
Instalaciones Estratégicas de Pemex) tuvo
una efervescencia la semana pasada en las redes sociales. El aplauso no fue
unánime –nunca lo es– pero sí fuerte. Sin embargo, tres noticias
posteriores fueron mucho más aplaudidas (una de ella fake news): que las
fuerzas federales entraran a la planta de Salamanca; que la Unidad de
Inteligencia Financiera de Hacienda presentó una denuncia por lavado de dinero
de más de 80 millones de pesos procedentes de la compraventa ilegal de
hidrocarburos y, finalmente, que Carlos Romero Deschamps había sido detenido.
Se calcula que el robo de combustible
genera pérdidas por 60 mil millones de pesos anuales. Andrés Manuel López
Obrador dijo que de ese robo, el 80 por ciento se realiza “desde adentro de las
instalaciones”.
¿Por qué la
primera información no generó una reacción tan fuerte, mientras que la supuesta
detención de Romero Deschamps –que resultó falsa–, lo mismo que posible
recuperación de los 80 millones y la toma de Salamanca causaron casi euforia? Muy simple: porque los mexicanos estamos
bastante inmunizados a los anuncios espectaculares cargados de buenos
propósitos. Nos interesa, creemos en la acción. En el hasta no ver no creer. El
arribo de los militares a Salamanca contenía ese ingrediente: acción; lo mismo
que el anuncio de la Unidad que maneja Santiago Nieto, aunque el monto es o era
pequeño. Y no se diga el supuesto arresto del ex Senador priista, que resultó
una calentura de alguien o de algunos en la red. Contra el anuncio, las dos
acciones reales y la falsa nota tuvieron un gran recibimiento en las redes.
Claramente celebramos los hechos, no los planes. Y claramente queremos que alguien
pague la traición.
De acuerdo
con datos proporcionados por la periodista Guadalupe Fuentes en una nota del
pasado 27 de diciembre, el robo de
combustible se disparó con Felipe Calderón, pero fue con Enrique Peña Nieto
cuando se convirtió en un asunto de seguridad nacional. Doy números:
Felipe
Calderón Hinojosa (Tomas clandestinas por año):
2006: 213
2007: 324
2008: 392
2009: 462
2010: 691
2011: 1,419
2012: 1,550
Enrique Peña Nieto (Tomas
clandestinas por año):
2013: 2,627
2014: 3,674
2015: 5,574
2016: 6,873
2017: 10,363
2018: 12,581 *
* Hasta octubre.
Lo que estos números nos indican es
que el saqueo en el sexenio anterior se volvió una práctica normalizada. Se
asumía la pérdida, entraba en la merma de la paraestatal y punto. En la
administración que hizo un gasto histórico de Publicidad oficial, pocos medios
y periodistas lo denunciaron.
Lo que los números documentan es que
lo peor del saqueo se dio exactamente con Peña Nieto y Romero Deschamps en el
poder. Piensa mal y acertarás: el líder sindical desvió mil millones entre
1999-2000 para la campaña del PRI, con Francisco Labastida como candidato. Y
fue Vicente Fox Quesada el que decidió perdonarlo.
No cuadra, entonces, que el arresto
de Romero Deschamps sea un fake news frente a tanta evidencia. O es una
lástima.
No termina de convencer por qué el
nuevo Gobierno no va contra él, contra los ex directores de Pemex y contra el
ex Presidente. López Obrador dice en sus conferencias que “hay sospechas”, “que
sabían”, pero ha insistido en lo del “punto final”. Acusa sin nombres y apellidos,
pero no le pone el cascabel al gato. Claramente, los ciudadanos no queremos un
punto final. ¿Por qué mantener esa postura? En algún momento especulé que AMLO
ganaba tiempo; que le entrará a los peces gordos cuando los necesite, es decir,
allá por la mitad del sexenio. ¿Podrá aguantar tanto tiempo con el club de las
alimañas operando?
Hay tres funcionarios procesados
(¿detenidos?, ¿libres?, ¿con fianza?) por la manipulación del sistema de
monitoreo que se supone debía detectar el robo en tiempo real. ¿Eran del
sindicato? ¿Son sólo la punta del iceberg y abajo nadan los peces gordos? ¿Es
posible convertirlos en testigos protegidos para que denuncien a los que
verdaderamente saquean o han saqueado Pemex? ¿Tenían en su poder 60 mil
millones que se robaron de la paraestatal en 2018? ¿No los tenían, pero saben a
dónde fueron, a quién en particular? ¿Se gastaron en la campaña priista de José
Antonio Meade, como ya pasó en 2000? ¿Se lo dieron a Romero Deschamps? ¿Se lo
repartieron entre ellos? ¿Cuáles? ¿Quién? ¿Cómo?
Como digo: el plan por el plan mismo está bien. Que
vayan por los huachicoleros está perfecto. Pero si no hay nombres y apellidos
difícilmente veo que la práctica se detenga en el futuro. ¿Por qué no llevar la
investigación al fondo, aunque tengan que pisarse los callos del pasado como
los Rafael Moreno Valle, los Javier Lozano, a los Peña Nieto y, por supuesto,
los Romero Deschamps? ¿Qué ganamos con el anuncio sin los nombres y apellidos?
¿Por qué detenerse en barrer algún escalón y no subirse a la cresta a ver qué
alimañas se esconden arriba?
Uno de los mayores contrasentidos de
López Obrador es que, conociendo la historia, no vaya un paso al frente de la
historia. Le gusta Francisco I. Madero (a muchos nos gusta) pero no parece
atender que el proyecto del padre de la democracia moderna fracasó, y después
de él vino un derramamiento de sangre terrible, por su propio error: perdonar a
los traidores. Los saqueadores de Pemex son traidores. Y así, con certificado
de impunidad expedido por el nuevo Gobierno, con dinero en la bolsa, pagarán
campañas y ganarán elecciones como lo han hecho en el pasado. Volverán a tomar
el poder si no les da un chanclazo definitivo.
¿Es ingenuidad de AMLO, exceso de
confianza? ¿O hay un plan diseñado que no conocemos? Honestamente espero que
sea lo segundo: que sí se esté considerando hacer pagar a los traidores; ya no
por los “golpes espectaculares”, que parece rechazar, sino por sobrevivencia.
Porque si no le das un chanclazo a
las alimañas, anidarán porque son buenas para hacer clubes. Y mañana, o cuando
menos lo piense, saldrán de detrás de un libro (quizás uno de Historia) y le
morderán la mano, o el brazo, o el cuello, porque son eso: alimañas. Y las
alimañas muerden. ¿Por qué no empezar la limpieza de una vez por todas? ¿Por
qué no ponerle nombre y apellido a la traición?
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