Georgina
Morett.
Así como el
Presidente utiliza a su mayoría legislativa para modificar la ley a su gusto con
objeto de dar cabida en el presupuesto a sus amigos, como Paco Ignacio Taibo
II, el secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, redacta oficios para construirse
un poder enorme, como la única ventanilla para entrar al gobierno. No más.
Es de sobra conocido el oficio de
Urzúa, fechado el 10 de diciembre pasado, que congela las plazas de la
administración pública y establece que será su Oficialía Mayor (es decir, él)
la que propondrá los perfiles y candidatos a ocupar los puestos. Lo que no se
sabe, sin embargo, es cómo opera en la realidad. Aquí va un ejemplo:
Mediante oficio 700.2018.041, la
oficial mayor de Hacienda, Raquel Buenrostro Sánchez, ordena al director
general del Instituto Mexicano del Seguro Social, Germán Martínez Cázares, dar
de alta a tres morenistas en altos puestos. Obviamente se trata de un premio
por sus méritos en campaña, pues ninguno de ellos ha ocupado cargos relevantes.
Más aún, al parecer uno de ellos fue aviador en la delegación Iztacalco.
Javier
Huerta Jurado, designado jefe de la
Unidad de Personal, es un profesor que reprobó la evaluación de sus alumnos de
la UAM Azcapotzalco en materia de claridad en la exposición y ayuda didáctica.
Es un propagandista de Morena que ahora tendrá la responsabilidad de manejar
una nómina de cerca de 450 mil trabajadores. Nada más.
Luis Gerardo
Martínez Álvarez fue designado jefe de
la Unidad de Infraestructura y Adquisiciones. Una búsqueda en Internet arroja
ese nombre para un subdirector de área, un puesto de quinto o sexto nivel, del
Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), y en una
columna política aparece como aviador en la delegación Iztacalco, bajo la
protección de Pedro Pablo de Antuñano.
Pero el más
afortunado es sin duda Raúl Solano Pineda, nombrado
jefe de la Unidad de Administración de una institución que en 2019 tendrá un
presupuesto, nada más y nada menos, de 746 mil 738 millones de pesos. Nada mal
para alguien que entre 2005 y 2013 era un trabajador eventual de la Secretaría
de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades del Gobierno del Distrito
Federal.
El ejemplo es sintomático del tipo de
personal que llegará a ocupar puestos de máxima responsabilidad, dispuestos a
aceptar la austeridad republicana, aunque los servicios de salud pública sufran
un grave deterioro en perjuicio de miles de trabajadores del IMSS y millones de
derechohabientes que mantienen al Seguro con sus cuotas.
Muy cercano
al presidente Andrés Manuel López Obrador, el
magistrado Rafael Guerra Álvarez inicia como presidente del Tribunal Superior
de Justicia de la Ciudad de México con metas muy claras para mejorar la
impartición de justicia con empatía hacia los ciudadanos y sus pares.
En sesión del pleno de magistrados, y
luego de rendir la protesta del cargo, reconoció que los ciudadanos tienen una
percepción negativa de “nuestro Poder Judicial”, por lo que les pidió ser
sensibles a los problemas sociales que enfrenta la ciudad.
Pero también se comprometió con los trabajadores
a continuar con el esfuerzo inacabado de mejorar las condiciones laborales,
luego de advertir que sus percepciones distan mucho de las que se reciben en
otros órganos. Y a que el nombramiento de magistrados será hecho
preferentemente de entre aquellas personas que cuenta con el Servicio Civil de
Carrera Judicial.
Esperemos
que cumpla y haga la diferencia.
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