Por Dolia
Estévez.
Para Andrés
Manuel López Obrador, el pleito sobre el muro en Estados Unidos, que provocó el
cierre indefinido de partes del gobierno federal, son diferencias internas en
las que México no debe meterse. “Hay confrontación política, que es lo más
normal en las democracias, y no opinamos de eso porque no nos corresponde”,
dijo desde Palacio Nacional (01/09/2018, Conferencia de prensa).
Es innegable
que Trump machaca el tema del muro para alebrestar a su base nativista y
sembrar miedo entre la población de mira a su reelección en 2020. Pero también
es cierto que al hacerlo se lleva entre las patas a México. Retrata la frontera
con nuestro país como tierra de nadie y a los migrantes como nefasta plaga que
amenaza la seguridad nacional de Estados Unidos. Eso, Señor Presidente, sí nos
incumbe.
En su
discurso a la nación en horario estelar el martes, el tiempo se detuvo. En un
flashback, Trump acusó a los migrantes de criminales y violadores. Esta vez no
dijo, como en 2015 cuando lanzó su candidatura, que el gobierno de México pagará
por el muro sino que se pagará mediante el T-MEC, el tratado comercial entre
Estados Unidos, México y Canadá.
Otra
mentira. Para empezar, el T-MEC, como se le conoce en México, no ha sido
ratificado por los poderes legislativos de ninguno de los países signatarios.
No sólo eso. Kenneth Smith, negociador jefe del T-MEC, señaló en su cuenta de
Twitter que no hay ningún capítulo que diga que se va a pagar por el muro.
El T-MEC es
el último en la lista de Trump. Desde que se obsesionó con el tema, ha dicho que
el muro lo pagará el gobierno de México, los carteles mexicanos, el decomiso de
remesas y hasta al Pentágono. El martes salió con una más: “El muro se pagará
solo”.
López
Obrador y Marcelo Ebrard han optado por ignorar la ofensiva retórica de Trump
contra los migrantes. AMLO insiste en que el trato con Trump es y seguirá
siendo respetuoso. Es cierto, Trump no le ha faltado al respeto. Por el
contrario, junto con Vladimir Putin y Kim Un-Jong, el presidente de México está
entre los líderes que Trump admira.
Pero de qué
sirve ser tratado con deferencia cuando su deporte favorito es ofender al
“pueblo bueno” que López Obrador representa. De qué sirve ser admirado por un
líder que quiere destruir los lazos históricos y culturales que unen a los
pueblos de México y Estados Unidos con un muro en la frontera compartida. Y de
qué sirve ser respetado por Trump si no respeta la integridad territorial de
México.
“Nosotros no
vamos a responder ante planteamientos que se generan por la situación interna
en Estados Unidos”, reiteró López Obrador ante la pregunta de un reportero de
la televisión estadounidense que pidió su opinión sobre el discurso de Trump
(01/09/2018, Conferencia de prensa). El muro, dijo López Obrador, es un tema
que no está en nuestra agenda. “No quiero ni siquiera mencionar la palabra”,
dijo unas horas antes (01/08/2019, El Financiero Bloomberg TV).
En la
madrugada de Año Nuevo, autoridades estadounidenses lanzaron gas lacrimógeno
hacia México contra un grupo de migrantes que trataba de entrar a Estados
Unidos en el cruce de Tijuana. Las descargas alcanzaron a hombres, mujeres,
niños y periodistas en territorio mexicano (01/01/2019 AP).
El acto de
violencia, el segundo en poco más de un mes violó la Carta de Naciones Unidas
sobre Derechos Soberanos y Obligaciones de los países miembros que en su
Artículo 2 dice: “En sus relaciones internacionales se abstendrán de recurrir a
la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial”. También
violó tratados internacionales que prohíben el uso extraterritorial del gas
lacrimógeno.
La respuesta
de la Cancillería distó de estar a la altura de la violación. En timorata nota
diplomática a la Embajada de Estados Unidos en México (acéfala desde mayo),
Ebrard pidió una “investigación exhaustiva” sobre los “incidentes” (02/03/2019,
SRE Comunicado 001). En noviembre, Luis Videgaray interpuso una nota en el
mismo tono en respuesta a una violación similar el 25 de noviembre. No se sabe
si ha habido respuesta.
Los tres
casos mencionados—migrantes, muro y gases lacrimógenos—ameritan respuestas
diplomáticas firmes. Posicionamientos públicos claros que adviertan al gobierno
de Trump. López Obrador dice que no va responder sus agresivos tuis. Pero lo
del martes fue una alocución en la Oficina Oval, con transmisión en vivo en las
cadenas televisivas de Estados Unidos. Es decir, un pronunciamiento de política
e intención. Así lo registró el mundo entero. No es manera de pagar el favor de
servir de sala de espera de migrantes que buscan asilo en Estados Unidos.
El
Presidente arropa su silencio en la vieja política exterior mexicana de no
intervención. Sin embargo, la no intervención no coarta el legítimo derecho
soberano de México de expresar su desacuerdo ante un patrón de insultos y
mentiras contra una parte vulnerable de la población mexicana y a costa de la
imagen del país. No se trata de enfrentarnos a Estados Unidos sino de usar la
autoridad que le confiere ser el representante legítimo de los mexicanos para
no callar. No importa que tan poderoso e intimidatorio sea el gobierno que nos
calumnia. El silencio no es opción.
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