Tatiana
Clouthier.
“Una, dos,
tres por mí y por todos mis compañeros”.
¿Cómo llegamos a este punto, a
acostumbrarnos a un país de muertos y de corrupción generalizada? Parecería que
todo sucedió de una mañana a otra, sin embargo, no fue así. Gran parte de la
situación actual se debe a la incompetencia de los gobiernos anteriores, de
décadas de corrupción sistemática, pero muchas veces no nos percatamos de que
participamos directa o indirectamente en las causas que nos llevaron a este
punto.
¿Dónde se jodió la seguridad? Segura
estoy, empezó cuando se robaron las elecciones y lo toleramos y nos sentamos a
negociar con ellos por el bien del país. Como diría Miguel de la Madrid, un
“fraude patriótico”. No obstante, continuó cuando en la misma sociedad fuimos
cómplices de pequeños actos que parecían inofensivos, pero que al generalizarse
terminaron por sistematizar la violación a la ley. Como cuando sin pensarlo
pasábamos fayuca de poco en poco, o cuando dábamos mil pesos al de aduana para
pasar más de la cuota permitida. También, cuando en el tianguis comenzamos a comprar
esa fayuca o productos pirata por ser ‘más barato’. Se comenzó a venir abajo
cuando fue más fácil darle la ‘mordida’ al tránsito para que no se llevara mi
carro al corralón.
La seguridad y el Estado de derecho
siguieron deteriorándose cuando fue mejor ganar las elecciones, “haiga sido
como haiga sido”, con tal de que no llegara López Obrador. La descomposición
aumentó cuando se toleraron los ‘moches’ en el Congreso y no hicimos nada. Peor
aún, volvimos a dar otra oportunidad a los de ese partido, cuya corrupción
estaba probada por décadas de mal gobierno.
El Estado de derecho se acabó de
joder cuando las esferas más altas del gobierno tuvieron de forma indebida
casas blancas y en Malinalco. Cuando nos acostumbramos a que alcaldes y
gobernadores robaran algunos millones en lugar de atender la seguridad, o
cuando un presidente de partido utilizó recursos públicos para las elecciones y
no fuimos hasta las últimas consecuencias.
Nosotros fuimos partícipes cuando
compramos el título de prepa al hijo; cuando, sin darle mayor importancia, le
vendimos cerveza al menor de edad o cuando fuimos cómplices de nuestros hijos
para que sin edad entraran a Facebook. Entonces se terminó de venir abajo
cuando, ya desesperados, avalamos el linchamiento a un delincuente porque
creemos que no hay otra manera de hacer justicia, o cuando invitas a brindar al
corrupto que tanto criticaste y que hoy ocupa el cargo público para que a tu
negocio le vaya bien.
Podría
continuar con esta lista. Estoy segura de que ya recorrió tu mente y agregaste
otras razones por las que se jodió.
Sí, no fue sólo una causa la que nos
llevó al punto donde estamos: en el que hoy nos piden militarizar la seguridad
de forma permanente. Sigo defendiendo que debe ser temporal y que la seguridad
debe corresponder a autoridades civiles: si otros países lo lograron, nosotros
también podemos lograrlo. Sin embargo, no será un solo acto el que nos regrese
un país con tranquilidad y justicia. Por ello y para ello se necesita de todos
y todas: abstenernos de ser partícipe de estas acciones cotidianas que parecen
ser insignificantes, pero que en el agregado han socavado al Estado de derecho.
Apoyemos en lo individual, pongamos de nuestra parte y, si de plano no quieres
hacerlo, por lo menos deja trabajar a quien sí lo hace. Ya lo dijo alguien
anteriormente: hacer un México mejor para vivir, es tarea de todos.
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