Por Arnoldo
Cuellar.
A lo largo de las últimas
legislaturas de mayoría panista en Guanajuato, cada vez que la oposición ha
planteado hacer comparecer a un funcionario del Poder Ejecutivo para explicar
decisiones políticas o resultados de las mismas, la cortesía ha sido negada una
y otra vez por la línea del gobernador en turno y acatamiento de los diputados
de su bancada.
Sin embargo,
la memoria es flaca y los líderes de la
“oposición” que cobra en el Congreso de Guanajuato no tuvieron empacho para
aceptar esta semana una invitación del secretario de gobierno, Luis Ernesto
Ayala, a un comedido desayuno con el procurador del Estado, Carlos Zamarripa, a
quien el PAN ha ofrecido ya pleno apoyo para que se convierta en Fiscal General
con todas las facilidades para que transite al cargo en automático.
Con escaso sentido de la oportunidad,
con absoluto desapego a las formas políticas y quizá olvidando que forman parte
de un Poder Soberano, allá fueron los jefes de las bancadas parlamentarias a
una encerrona en las oficinas del procurador Zamarripa que se prolongó mucho
más del desayuno, por ocho largas horas, mostrando que no solo es el
funcionario más poderoso del gobierno, sino también que carece de respeto
alguno por las agendas ajenas.
Algunos diputados de la oposición
salieron a comentar de manera subrepticia en los medios que “Zamarripa no los
había convencido” y que “pidieron al gobernador que abriera el proceso de
designación del nuevo Fiscal”.
La situación es deplorable, si el
diálogo entre los Poderes de Guanajuato ocurre en desayunos privados (¡de ocho
horas!), en las instalaciones de la Procuraduría de Justicia, como si el
Congreso no tuviera un costoso palacio legislativo pletórico de salas de junta
que le costó al pueblo de Guanajuato cerca de mil millones de pesos.
Deja mucho que desear este episodio
sobre la calidad de la democracia que tenemos en Guanajuato. La reedición del
viejo presidencialismo priista vive aquí uno de sus ejemplos más emblemáticos.
Hoy, el gobernador Diego Sinhue Rodríguez tiene
pleno ascendiente sobre el Poder Judicial, sobre el Legislativo, sobre la
Procuraduría de los Derechos Humanos y sobre el Instituto de Acceso a la
Información Pública. El problema es que no parece saber para qué quiere tanto
poder y a menudo nos damos cuenta de que sigue atado a los compromisos a los
que le obligó su predecesor y padrino político, el ex gobernador Miguel
Márquez.
Porque el enorme margen de maniobra
de Sinhue hasta ahora solo ha servido para ratificar a funcionarios de la
pasada administración y para refrendar compromisos como el de las compras de
medicamento a los mismos proveedores que se enriquecieron el sexenio pasado
dando un pésimo servicio a los derechohabientes del Seguro Popular en
Guanajuato.
Probablemente los diputados de
oposición en Guanajuato, con la excepción de Ernesto Prieto de Morena, fueron
con la mejor buena fe a tomar el desayuno ofrecido por el procurador y
candidato a fiscal carnal, pero no podían dejar de lado que ya sus compañeros
panistas tomaron una definición de la que los han excluido: no iniciar
procedimiento alguno para someter a votación la designación del Fiscal General
y validar a Zamarripa, acogiéndose a la fórmula peñanietista del pase
automático.
Con ese
precedente, haber aceptado la invitación
del procurador para ser convencidos de “los resultados” de su gestión, suena a
ingenuidad, a burla o, quizá peor, a complicidad.
¿Es que acaso los diputados del PRI,
PVEM y PRD no escucha a sus gobernados? ¿No leen los diarios? ¿No tienen acceso
a las estadísticas más elementales?
Para saber que Guanajuato se
encuentra en una crisis de inseguridad no hace falta mucha ciencia. Ayer mismo,
mientras los legisladores saboreaban las viandas servidas por Zamarripa, junto
con su propaganda, en el estado aparecían 40 mantas con mensajes de un grupo
delincuencial conteniendo amenazas contra sus rivales.
Ayer mismo, mientras “nuestros” diputados se saciaban
de café y PowerPoint, se publicaban reportajes periodísticos sobre un caso
documentado y confirmado de tortura practicada por elementos bajo las órdenes
de Carlos Zamarripa. También se conocía de la acusación al ministerio público
de estar protegiendo a los elementos de las fuerzas estatales que mataron un
migrante en San Miguel de Allende y luego lo criminalizaron para justificar su
asesinato como “uso legítimo de la fuerza”.
Y si algo
faltara, en el fin de semana en que se
cocinaban los arreglos para la encerrona de los diputados con el procurador, se
expuso en medios el caso de un oficial de la policía estatal que trató de
abusar de una menor de edad en Pueblo Nuevo, sin que la agencia local del
Ministerio Público haya aceptado la denuncia debido a que “el delito no se
concretó”, lo que permitió al elemento quedar en libertad con el pago de una
multa por ebriedad.
¿Se habló de eso en la reunión de los
legisladores con Zamarripa, Ayala y el propio Diego Sinhue Rodríguez, quien
arribó al final para culminar la faena? Parece ser que no. Aparentemente la
extensa charla se redujo a escuchar lo maravillosa que es la versión oficial
sobre lo que en realidad pasa en Guanajuato.
Carente de contrapesos políticos, ya
ni los empresarios se resisten al fiscal carnal local pues reservan sus
denuncias para el fiscal carnal de AMLO, la sociedad de Guanajuato verá
prolongarse los males que la han venido aquejando, mientras cada vez más
ciudadanos tienen que hacerse cargo de que su seguridad depende de ellos mismos,
pues al estado no parece interesarle nada más que la defensa de sus propios
privilegios.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.