Por Gustavo
De la Rosa.
Sorprende la reacción de los
ciudadanos y gobernantes cuando un nuevo régimen plantea cambios benéficos que
al Gobierno anterior no se le ocurrieron o no se atrevió a hacerlos.
Este fin de semana Andrés Manuel
López Obrador estuvo en Ciudad Juárez para iniciar formalmente el programa de
impulso a la zona norte del país. La propuesta es muy simple: en los municipios
que colindan con Estados Unidos se reducen el IVA de 16 a 8 por ciento y el
Impuesto Sobre la Renta para los empresarios de 30 a 20 por ciento, se
homologan los precios de la gasolina con los de Estados Unidos, que están
sujetos a la libre competencia, se aumenta el salario mínimo (que significa un
aumento de 100 por ciento al sueldo de muchos trabajadores), y se plantean
algunos otros beneficios para que la economía fronteriza pueda dinamizarse y
mejore el nivel de vida de los habitantes de esta zona.
Es cierto que los instrumentos
legales utilizados por el Gobierno Federal para establecer estos cambios en una
zona específica, con leyes aplicables a un grupo de población muy determinado,
van a ser poco ortodoxos y sujetos a reglamentaciones y adecuaciones jurídicas
posteriores; pero cualquier egresado de la escuela de Derecho, Contabilidad,
Administración o cualquier otra profesión que tenga alguna vinculación con las
normas Fiscales aplicables en el país sabe que es indispensable primero
publicar las normatividades estructurales básicas y posteriormente hacer las
adecuaciones necesarias.
Aunque, después de las adecuaciones, las
excepciones y las limitaciones necesarias, con el programa los habitantes de la
frontera vamos a ver ganancia y utilidad pues a final de cuentas vamos a pagar
menos impuestos y ganar un poco más de dinero, hubo muchas voces adversas y
críticas, y la voz más destacada y sorprendente fue la del Gobernador del
Estado, Javier Corral.
Corral aprovechó el evento para
reclamar al Presidente de la República una supuesta disminución en los ingresos
que tendrá el Gobierno del Estado de Chihuahua durante 2019, sin embargo, el
Secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, informó que este año Chihuahua recibirá
11 por ciento más participación federal comparado con el año anterior. Los
asistentes sólo sentimos pena ajena.
Además, reclamó que no estaba de acuerdo con el
método usado por el Gobierno de López Obrador para abrir el programa, ya que lo
hizo mediante decreto y no Reforma de ley; más pena sentimos por él cuando AMLO
aclaró que el decreto era la forma jurídica que los asesores y fiscalistas le
habían aconsejado por ser más seguro y menos discutible.
Continuó quejándose porque el decreto
estuviera sujeto a un plazo de dos años y advirtió lo terrible que sería para
las empresas que se instalaran aprovechando las ventajas del programa y que en
dos años tuvieran que cancelar sus operaciones, pero AMLO volvió a aclarar que
era así por razones técnico-jurídicas, que ese decreto se prolongará durante
los seis años que él gobierne el país y que no es su deseo reelegirse como las
malas lenguas dicen.
Corral concluyó argumentando que era una terrible
injusticia que las empresas iban a cobrar el 8 por ciento de IVA a los
compradores finales y que el Gobierno no lo iba a reintegrar de inmediato; qué
bien se nota que el Gobernador nunca ha recibido una devolución de sus
impuestos, porque seguramente siempre ha ganado salarios gubernamentales y de
ellos no regresa nada, porque los negocios establecidos tienen servicios de
contabilidad que les permiten presupuestar los ingresos por devolución de IVA
en sus ejercicios anuales. Así es cómo funcionan las empresas, no esperando el
abono gubernamental de fin de mes.
Fue increíble ver cómo funcionarios
federales, que acudían a Ciudad Juárez a explicar las nuevas circunstancias de
la dinámica económica cotidiana y cómo operarían en favor de los fronterizos,
eran recibidos con gestos y expresiones de inconformidad pese a que las
propuestas de Andrés Manuel pretenden cambiar las inercias gubernamentales y
económicas para que 50 millones de personas vulneradas y marginadas vivan un
poco mejor que el día anterior.
Hay personas que se beneficiaron
exageradamente con las reglas del capitalismo de cuates y que buscarán
obstaculizar el desarrollo de las políticas del nuevo régimen; son grupos e
individuos que han perdido el sentido de humanidad y de solidaridad social, que
sólo se interesan en su beneficio y enriquecimiento personal, aunque tengan que
aplastar a cientos más, que de por sí se encuentran en desventaja.
Los que estamos de acuerdo con el
cambio de paradigma y el cambio de política debemos asumir nuestra responsabilidad
social porque el Gobierno sólo no podrá cambiar las malas prácticas con que se
ha venido gobernando el país durante los últimos cinco sexenios; estamos
obligados moral y socialmente a brindar un apoyo adicional a nuestro aplauso
para que este nuevo futuro propuesto se pueda convertir en realidad y podamos
encontrarnos con un país diferente al que sepultamos el primero de julio de
2018.
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