Salvador
Camarena.
El gobierno
de Andrés Manuel López Obrador hace anuncios mochos. Salen a dar ruedas de
prensa donde abunda la retórica y escasea la información. Dan “buenas noticias”
que luego generan más dudas. Y en esta ocasión no estamos hablando del robo de
combustibles, sino de algo acaso más delicado, como es la justicia en los casos
de los llamados “presos políticos”.
La
información sobre la libertad a “presos políticos” se ha dado en al menos dos
momentos de los últimos días. A partir del 28 de diciembre se supo que algunos
“presos políticos” habían obtenido su libertad. Notas de prensa y algunos
mensajes en la red social de Twitter dieron cuenta la salida de la cárcel, en
concreto, de algunos integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de
la Educación (CNTE) de Oaxaca.
“Con
esperanza y ánimo recibimos la noticia de la liberación de compañeros y
compañeras de la CNTE, entre ellos Leonel Manzano, Sara Altamirano. Queremos un
México sin presos políticos ni personas encarceladas injustamente”, publicó en
Twitter el Día de los Inocentes la senadora Nestora Salgado.
Esa
información fue retomada este martes en la conferencia mañanera de López
Obrador. Ahí, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, dio cuenta de
que son 16 los “presos políticos” que la actual administración ha liberado ya.
La funcionaria agregó que revisan los casos de otras 368 personas en la misma
situación. Y poco más dijo. Cuando le preguntaron cuántas mujeres y cuántos hombres
estaban en esas listas, dijo no traer el dato. Lo que sí reconoció es que
algunos de los liberados son de la CNTE. Pero no ofreció detalle alguno. Ni
nombres ni circunstancia de los detenidos, nada. Argumentó que debían cuidar
los riesgos que estas personas corrían.
¿La sociedad
mexicana debería estar de plácemes porque este gobierno se ha comprometido –y
ha iniciado desde su primer mes– a liberar a todas aquellas personas que
injustamente han sido encarceladas por sus ideas o su activismo? La respuesta
correcta es depende.
Depende de
que la ciudadanía tenga la información suficiente para hacerse una idea de a
quién está liberando este gobierno, bajo qué esquemas legales ha logrado esas
excarcelaciones, cómo se llegó a tener esa lista y por qué se han dado
prioridad a unos sobre otros. Depende de eso y de otras cosas.
Depende
sobre todo de que cada quien tenga los elementos para hacerse por sí mismo un
juicio sobre si damos por bueno que el gobierno encontró que estas personas
fueron encarceladas injustamente, quién pagará por esos abusos, a quién se
procesará por esas violaciones a la ley, quién ordenó tales persecuciones, qué
funcionarios fabricaron casos o cargos… un alud de preguntas que ha dejado sin
respuesta la secretaria Cordero.
“Estuve
cinco años y siete meses preso sin una sentencia. El nuevo gobierno llegó el 1
de diciembre y en 26 días se nos abrió el camino a la libertad”, le dijo Leonel
Manzano Sosa, de la CNTE de Oaxaca al diario El País.
Manzano Sosa
en efecto llevaba ese tiempo detenido. Está acusado, con otros integrantes de
la CNTE, del secuestro de dos menores de edad en 2013, caso que tuvo notoriedad
porque se trataba de sobrinos del líder empresarial Gerardo Gutiérrez Candiani.
Diversos
organismos de derechos humanos denunciaron que en ese caso se abusó de los
detenidos. La CNTE argumentó que les fabricaron crímenes por oponerse a la
Reforma Educativa del presidente Enrique Peña Nieto. En su momento, la
acusación fue defendida por Eduardo Sánchez, el vocero del exmandatario que en
aquel tiempo fungía como subsecretario de Gobernación. ¿Entonces? ¿Sí
perpetraron el secuestro pero les violaron el debido proceso y por eso el
Ministerio Público se desiste? ¿O si el rapto no lo hicieron ellos, quién lo
hizo, y cuándo va a pagar? ¿O la liberación fue por una negociación política
con la CNTE?
La
secretaria Sánchez Cordero, exministra de la Suprema Corte de Justicia, ha
escamoteado la información de este caso y de las otras liberaciones.
Y es que si
se trata de proteger el derecho a la presunción de inocencia, es decir, si
estamos hablando de encarcelados que no habían recibido sentencia, podrían
darse a conocer datos desagregados de cada expediente.
Si se trata
de protegerlos de represalias, o si la vida de los liberados corre riesgo,
entonces cabe preguntarse si ya fueron inscritos en el mecanismo de protección
de la propia Segob.
Pero no
sabemos nada. No sabemos ni de qué estado son los liberados, si todos estaban
sin recibir sentencia, o la etapa procesal en que se encontraban, o si un juez
intervino para revocar alguna sentencia. Nada.
Y lo peor,
si la opacidad de la secretaria, si su discrecionalidad impera, los mexicanos
serán marginados de uno de los elementos más importantes cuando estos procesos
de liberación de presos políticos ocurren: aprender de las graves injusticias
para corregir y sobre todo para no repetir.
¿Estamos
ante una buena noticia con la liberación de los “presos políticos”? Como dicen
en mi tierra: saaaabe.
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