Por Álvaro
Delgado.
Santiago
Nieto Castillo, jefe de la Unidad de Inteligencia Financiera de la SHCP, revela en su libro Sin filias ni fobias:
Memorias de un fiscal incómodo un “desagradable encuentro” con Manuel Velasco
Coello, el exgobernador de Chiapas “arrogante, ruin, ordinario, simplón y, para
colmo, adorador del programa de televisión La familia Peluche”.
En su carácter de fiscal electoral,
buscó al gobernador y actual senador antes del proceso electoral local de 2015
–“uno de los más desaseados en la historia reciente de nuestro país, sólo
comparado con el que vivió el Estado de México en 2017”–, con el fin de firmar
un convenio de colaboración en la materia, y Velasco lo quiso corromper.
Inició mal
la reunión, en Tuxtla Gutiérrez, con una antesala de 40 minutos junto a un
monitor que transmitía un programa de Televisa, evoca Nieto Castillo.
“En la casa de gobierno de Chiapas
podrían haber transmitido un promocional que hablara de las maravillas
turísticas de Montebello, Palenque, Comitán, en Chiflón o el Cañón del
Sumidero. ¿Pero La familia Peluche? Los gustos televisivos del gobernador ya me
estaban dando una idea de su carácter simple, plano, limitado.”
Tras la
espera, junto con otros funcionarios, fue llamado a pasar. “Dos jovencitos
delgados y rubios, nos pidieron que los acompañáramos al sitio donde sería el
encuentro”, a donde llegó Velasco, recuerda, junto con Arturo Escobar, quien
era dirigente del Partido Verde Ecologista de México (PVEM).
“Velasco, ordinario, me recibió con
una pregunta inverosímil: ‘¿Sabes que tu jefa es mi amiga?’ Se refería a la
entonces titular de la PGR, Arely Gómez, quien duró poco más de un año en el
cargo. Mi respuesta fue automática, sin titubeos; amable, pero firme: ‘Sí, gobernador’.
Al ver que no logró intimidarme, el mandatario arremetió: ‘¿Y sabes que es mi
tía?’. Mi respuesta fue idéntica. Cierta tensión se apoderó del momento, pero
permanecí inamovible.”
Además de Escobar, en la reunión
estaban el delegado de la PGR, Porfirio Bello; el procurador estatal, Raciel
López Salazar, y el secretario particular del titular de la FEPADE, quien narra
en su libro los detalles del encuentro: “‘¿Qué quieres?’, soltó, altanero,
metálico, pero el comentario bravucón no hizo mella en mi ánimo”.
Nieto
Castillo recuerda que le expuso al gobernador el propósito de hacer un trabajo
conjunto para el blindaje electoral.
“No habían pasado más de cinco
minutos de mi explicación cuando Velasco me interrumpió de forma abrupta. Su
pregunta fue contundente, majadera, indigna de un cargo como el suyo: ‘Está
bien, ¿cuánta lana quieres?’. El cuestionamiento fue grotesco, absurdo, fuera
de lugar.”
El delegado de la PGR estaba
estupefacto, pero reviró: “Le respondí clara y pausadamente: Lo que quiero
pedir, gobernador, es que instruya a sus secretarios para que podamos organizar
el proyecto de blindaje electoral y tener una reunión con el grupo de coordinación”.
Sigue Nieto Castillo: “Velasco
endureció el rostro, se le enrojecieron las mejillas y puso su mejor cara de
decepción. Supe entonces que la reunión había finalizado. Al gobernador, que se
había topado con pared, ya no le quedó más remedio que instruir a su titular de
Gobierno para que ambas peticiones se cumplieran. Con frialdad, me obsequió una
marimba de juguete. Salí de su guarida con la artesanía popular chiapaneca
entre mis manos. Había logrado mi propósito. Jamás nos volvimos a ver”.
El exfiscal, quien podría volverse a
encontrar a Velasco Coello como compañero de gabinete del gobierno de Andrés
Manuel López Obrador, escribe en su libro sobre su “encuentro áspero” en
Tuxtla: “‘El león cree que todos son de su condición’ es un dicho muy aplicable
para muchos políticos entronizados en México. Manuel Velasco, gobernador de
Chiapas, es un excelente ejemplo de ello”.
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