Por Sanjuana
Martínez.
No hay nada peor que la simulación,
ese mal endémico que afecta a México, incrustado en el sistema político como si
fuera un cáncer. ¿Cuántos de los organismos autónomos son realmente autónomos?
La lucha por la verdadera
independencia de los organismos llamados autónomos ha iniciado. Su impostura ha
costado muy cara a la democracia. Algunos han desarrollado una auténtica farsa
desde su función.
Empecemos analizando la Comisión
Reguladora de Energía (CRE) por el caso huachicol. Esta comisión tenía que
haber iniciado el combate al huachicol desde antes. ¿Por qué no lo hizo?
El 15 de
junio del año pasado, Guillermo Ignacio
García Alcocer, titular de la CRE, anunció que tenía nuevas herramientas para
combatir la venta ilegal de combustible. Informó que tenía procedimientos para
ajustar el diseño normativo y organizacional para atender sus “nuevas
atribuciones”.
Supuestamente estas nuevas
atribuciones oficiales a partir del 1 de julio del año pasado, daban la
posibilidad de clausurar e inhabilitar negocios que no acreditaron la
adquisición lícita e los hidrocarburos que vendían. Pero resulta que no hizo su
trabajo. ¿Será por complicidad o por simple incompetencia? Ustedes juzguen.
El escenario
está claro. La CRE, inventado por la
Reforma Energética, es “autónoma” de los ciudadanos y representa los intereses
de los poderosos, de las empresas, de los beneficiados con el sistema que
permitió que durante décadas se robaran a manos llenas hidrocarburos con la
complicidad de casi todos.
Y más aún, es la CRE y sus siete integrantes, los que
han decretado el aumento excesivo de las tarifas de energía eléctrica, sin
revelar las fórmulas para el cálculo.
La CRE ha sido una de las encargadas de
desmantelar a la Comisión Federal de Electricidad (CFE), tanto es así que su
propio comisionado, Luis Guillermo Pineda Bernal, insiste en “reiniciar” las
llamadas subastas eléctricas que pretenden privatizar el servicio, creadas para
otorgar a empresas contratos de compraventa de electricidad. Están desesperados
porque ven que se les está acabado su “negocito”.
Algunos crearon sus propias compañías
para luego venderle energía a la CFE.
Está
práctica legal, pero inmoral, está
provocando que la CFE sólo produzca el 50 por ciento de la energía que usamos.
El resto hay que comprarla a estos empresarios con graves conflictos de
interés, porque algunos fueron funcionarios, privatizaron y luego al dejar el
cargo se pusieron a trabajar con las empresas que beneficiaron.
La lista de
los que venden con total impunidad nuestros recursos, los recursos de todos los
mexicanos, es grande, pero por favor,
grávense estos nombres: Carlos Salinas de Gortari, José Córdoba Montoya, Jesús
Reyes Heroles González Garza, Vicente Fox, Felipe Calderón, Ernesto Zedillo,
Carlos Ruiz Sacristán, Alfredo Elías Ayub, Georgina Kessel Martínez, Alejandro
Fleming Kauffman, Jordy Herrera Flores y muchos otros. En empresas como Energy
Intelligence Group, Morgan Stanley Energy Partners, Mitsui de México, el Centro
Mario Molina para Estudios Estratégicos sobre Energía y Medio Ambiente o el
Consejo de Administración de Santander México, North American Infraestructura
Group de Semira Energy, Kohlberg Kravis Roberts, Avangrid, SHL Asesores,
Repsol, Gas Natural Fenosa o Iberdrola.
Ellos han normalizado el saqueo, que
por supuesto, es legal, porque para ello, reformaron y crearon leyes a modo.
Pero son ellos los que han orquestado toda una estructura para dejarnos en la
miseria, para aumentar el número de pobres.
Sólo hay que revisar esos contratos
que están obligando a la CFE pagar 21 mil millones de pesos por siete
gasoductos que no se usan, pero que tienen dueño: Carso, del famoso
multimillonario Carlos Slim, IEnova y TransCanada.
Es obvio que
en este país, los ladrones de cuello
blanco son legales, pero son ladrones, así de claro. El conflicto de interés
para ellos no significa nada. Es un simple modus vivendi. Y como no está
debidamente regulado, judicializado, pues se abusa de este aspecto considerado
delito en cualquier democracia moderna del mundo.
Obvio. El titular del organismo “autónomo” CRE,
Guillermo García Alcocer no quiere dejar su cargo. Fue nombrado comisionado el
28 de abril del 2016 y anualmente se lleva 3 millones 25 mil 501 pesos en
sueldo. Su salario es de 226 mil 909 pesos, más del doble de los 108 mil pesos
que gana el Presidente de México. Tiene dos casas, un departamento, tres
automóviles, ocho cuentas bancarias, seguros y fondos de inversión y además
cinco tarjetas de crédito.
Al señor
García Alcocer le va tan bien, que no ve
ningún conflicto de interés en el hecho que su cuñado, hermano de su actual
esposa, trabaje para Vestas, una empresa beneficiada con un contrato en la
industria eléctrica. Ni mucho menos, que el primo de su esposa trabaje en otra
empresa que cuenta con un permiso otorgado por el organismo “autónomo” que él
dirige, la CRE. Sin dar a conocer el nombre de la empresa, nos asegura que se
ha “excusado” de conocer y votar los asuntos de esta empresa.
No pues ahora entiendo porque el Partido Acción
Nacional (PAN) muy vinculado al empresariado mexicano, ande defendiendo la
“autonomía” de este órgano tan, pero tan, independiente.
Gritar, vociferar, protestar y hacer
berrinche porque les quitan su minita de oro a este tipo de funcionarios, ex
funcionarios, empresarios y políticos con negocios “legales”, pero inmorales,
debe ser motivo de satisfacción para todos los mexicanos.
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