Por Gustavo
De la Rosa.
La semana pasada se añadieron 600
elementos federales a las fuerzas de Seguridad Pública en Ciudad Juárez, y se
coordinarán a través de la mesa regional de coordinación para la construcción
de la paz. Estas unidades se integrarán de forma permanente a las locales y a
las instituciones de investigación estatal, la Procuraduría General de la
República y el centro de inteligencia como parte del compromiso de la
Federación para contener la delincuencia. Además, ya se está construyendo un
cuarto de guerra que diariamente evaluará el estado de la seguridad juarense y
todo esto será coordinado por una civil.
Ella también coordinará paralelamente los
programas de bienestar y Jóvenes Construyendo el Futuro; todo esto será con una
visión estratégica de contención de la violencia y preparación de la sociedad
para un gran pacto de pacificación que incluya el “perdón sin olvido” y la
amnistía a quienes la merezcan.
No estoy seguro a quién se le haya
ocurrido todo esto, pero prefiero el empoderamiento de una civil a la
legislación sobre la Guardia Nacional como cuerpo militarizado, porque quienes
somos veteranos de la guerra social conocemos los procesos y las dinámicas que
se generan al andar por el buen Camino, y las desviaciones que éste presenta.
La Corte
Interamericana de Derechos Humanos, en el caso de la familia Alvarado, ha precisado con mucha ecuanimidad las
circunstancias en las cuales se puede desplegar el Ejército: emergencia,
temporalidad, equivalencia, y agrego ecuanimidad, porque hay dos extremos que
discuten, no dialogan, y se confrontan (a favor o en contra del Ejército).
Pero la realidad, y 12 años de guerra
después, nos dicen que debemos flexibilizar nuestra visión; la Corte hace eso y
la oficina en México del Alta Comisionado de Derechos Humanos así lo ha
señalado en su carta, que mientras sea temporal la participación de las fuerzas
castrenses, en coordinación con Seguridad Pública y con participación
ciudadana, se pueden fortalecer las instituciones locales.
Pero la historia no termina ahí,
falta aún la pacificación total del país y esta se logra sólo mediante el
perdón sin olvido y la amnistía a los que la merezcan para disolver los
ejércitos profesionales que actúan en estos días con total impunidad.
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