Por José Gil
Olmos.
Desde que era jefe de gobierno de la
Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador estableció una manera directa de
comunicarse con la sociedad a través de conferencias de prensa todos los días a
primera hora. Ahora, como presidente de la República, siguió el mismo ejercicio
de comunicación política que es inédito en el mundo y que ha generado muchas
críticas a favor y en contra.
En ningún país del mundo se da un
ejercicio informativo y político como el que está desarrollando López Obrador. En Alemania, los medios de
comunicación tienen un centro de información muy moderno, con traducción
simultánea en varios idiomas, donde los funcionarios o la Canciller dan las
conferencias de prensa.
Los medios
mantienen con su dinero este centro ubicado en Berlín, pero son ellos, a través
de sus reporteros, quienes piden qué funcionarios públicos tienen que asistir a
dar la conferencia a dar más información o aclarar los temas de interés
público. Es decir, los reporteros
establecen la agenda y no el gobierno.
En el caso de las conferencias de
prensa de López Obrador, es él quien establece la agenda en la sesión de
preguntas y respuestas con los periodistas que tienen que llegar a Palacio
Nacional a las 6 de la mañana para formarse y acceder al salón acondicionado
para el evento.
Con este ejercicio de poder, López
Obrador ha establecido una relación directa con la gente que puede escucharlo y
verlo en redes sociales, televisión y radio, sin intermediarios. Su mensaje no
tiene cortapisas interpretativas, pues informa y lo coloca como quiere en el
intercambio de preguntas y respuestas que tiene con los periodistas a lo largo
de un par de horas.
De esta
manera, López Obrador fija la agenda
informativa de casi todo el día. Los medios tienen varias notas que publicar y
todas ellas centradas en lo que dice el presidente, que tiene una exposición
diaria como no lo ha tenido ningún otro jefe del ejecutivo en la historia
contemporánea del país.
Con este
ejercicio político de comunicación, López
Obrador y su gabinete tienen el control informativo, lo cual ha sido criticado
por algunos que señalan que, más que una conferencia de prensa, es acto de
propaganda, que no es lo mismo que publicidad.
Sin embargo,
esta apreciación no es tan correcta
porque los reporteros que representan medios de comunicación y portales de
internet tienen la oportunidad de cuestionar directamente al presidente de la
República, como no se había tenido oportunidad de hacerlo en ninguna de las
pasadas administraciones. Ninguno de los presidentes en su turno se atrevió a
dar conferencias abiertas y constantes como ahora lo hace López Obrador.
Para los críticos más severos del
gobierno sería una oportunidad asistir y cuestionar directamente al presidente.
Es más, podrían hacer una transmisión especial al momento de lanzar sus
preguntas y tener las respuestas como una información exclusiva a sus
cuestionamientos. Pero hasta ahora no lo han hecho.
No obstante,
este ejercicio político de información
se ha convertido en redes sociales en un tribunal mediático donde las y los
reporteros que preguntan son puestos en la silla de los acusados y son sujetos
de amenazas, insultos, criticas viscerales y agresiones verbales que están en
la línea peligrosa de pasar a las agresiones físicas.
Impresiona la cantidad de expresiones
violentas en contra de los periodistas que se leen en los comentarios de los
usuarios que interactúan en las transmisiones en vivo. Algunas de ellas son
“chayoteros”, “ignorantes”, “pendejos”, “putas”, “burros”, “mal educados”,
acompañadas muchas de ellas con amenazas de agresión directa.
López Obrador ha dicho que respeta la
libertad de expresión del pueblo; sin embargo, ante tanta virulencia y amenazas
de agresión, también está la obligación de dar seguridad no sólo a los
reporteros, sino a todos los ciudadanos. Eso es también un derecho
constitucional.
Por
cierto… El ejercicio de las conferencias mañaneras también expone un juego de
imágenes de los grupos de poder. De un lado está el Palacio Nacional como el
edificio histórico del poder político, luego tenemos al jefe del ejecutivo que
nunca se sienta y representa el presidencialismo como el eje y la estructura
del sistema político, en frente a los reporteros como representantes del cuarto
poder, el de los medios, y finalmente, el usuario de las redes sociales que ha
jugado su papel esencial en los últimos años en la transición democrática
mexicana.
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