Por
Alejandro Calvillo.
Las puertas
giratorias entre instituciones del Gobierno y las grandes corporaciones han
sido una práctica intensa en nuestro país para capturar la política pública y
ponerla al servicio de los intereses económicos, especialmente, en los últimos
sexenios. No sólo se trata de la contratación de ex funcionarios por parte de
las grandes corporaciones para obtener sus conocimientos y sus relaciones al
interior del Gobierno y con ello garantizar sus negocios e incrementar sus
ganancias. Se trata de premiar a los funcionarios públicos que en su labor
dentro del Gobierno han servido a sus intereses. Los funcionarios dejan su
cargo en el Gobierno para pasar a ser asalariados estas empresas. Este tipo de
funcionarios no sólo buscan beneficios más allá de su salario, aseguran más
beneficios al dejar de ser funcionarios públicos y continuar trabajando al
servicio de estas empresas, aunque ahora como cabilderos directos o indirectos.
Las puertas giratorias son más
intensas cuando los gobiernos son más corruptos. Y esto ocurre porque no
existen instrumentos para evitar el conflicto de interés, para evitar la
interferencia de los intereses económicos en la política pública. Esto es lo
que vemos en el sector energético, ex funcionarios invitados a los consejos de
las grandes empresas porque sirvieron a sus intereses como funcionarios
públicos. Lo mismo hemos visto en el caso de salud, funcionarios que desde la
función pública han servido a los intereses de la industria farmacéutica, de
alimentos, del tabaco, del alcohol, etcétera, en perjuicio de la salud y el
erario público. En los próximos meses, veremos cómo diversos funcionarios de la
administración de EPN pasarán a servir a las grandes corporaciones, a las
cuales sirvieron desde dentro.
Las grandes
corporaciones tienen una estrategia muy bien definida para evitar que las
políticas públicas de salud puedan afectar sus intereses. Este es el caso, en
especial, de la industria del tabaco, el alcohol y de la comida chatarra y las
bebidas azucaradas, cuyo consumo genera daños a la salud de la población. No
nos extrañará ver a exfuncionarios de Secretaría de Salud y Cofepris brindar
sus servicios a estas empresas, como lo estuvieron haciendo desde el interior
del Gobierno.
Durante la administración de EPN la
política contra el consumo de estos productos, del alcohol, la comida chatarra
y las bebidas azucaradas, no existió o se convirtió en una gran simulación.
Cada año, Cofepris, siguiendo la estrategia de la industria del tabaco, salió a
decir que el mercado ilegal de cigarrillos era muy alto. Ese era el principal
argumento para impedir que el impuesto subiera ya que la industria señalaba que
el impuesto estaba provocando un gran mercado negro de cigarros. La evidencia
mostró que no era así, pero Cofepris ocultó esa información, había que servir a
la industria tabacalera.
Por otro lado, a pesar de que los
datos han mostrado un incremento en el consumo de alcohol, especialmente entre
los menores de edad y, de manera más intensa, entre las niñas, las autoridades
de salud han mantenido al país sin un Plan Nacional sobre Consumo de Alcohol.
Detrás ha estado la industria del alcohol que tiene amplio margen para actuar y
promover el consumo entre los jóvenes. La industria del alcohol ha tenido una
gran penetración en el Gobierno. Desde Salinas de Gortari, el más destacado
empresario de esta industria fungió como asesor del Presidente y, más tarde,
uno de sus hijos, con Felipe Calderón, se convirtió en Secretario de Salud. Ahí
se mantienen los cabilderos de la industria del tabaco y el alcohol, que son
los mismos de la comida chatarra y las bebidas azucaradas, varios de ellos
exfuncionarios públicos, ex legisladores, parientes de líderes políticos,
etcétera.
Las políticas de salud pública para
reducir el consumo de alcohol, del tabaco, de la comida chatarra y las bebidas
azucaradas, muestran resultados exitosos en muy diversos países, en México no.
Como me lo explicaba un experto internacional, se trata de cerrar la llave.
Mientras no se baje el consumo, aumentaran los daños a la salud y el sistema de
salud pública se verá rebasado. Debe recordarse que el consumo de estos
productos son la principal causa de enfermedades no transmisibles y que éstas
son la principal causa de enfermedad y muerte en el país.
Rusia ha bajado
el consumo de alcohol de manera muy importante, como lo han hecho otras
naciones del norte de Europa, a través de medidas regulatorias. Lo mismo ha
ocurrido con el tabaco, aunque ahora esta industria pretende saltarse las
trancas con los cigarrillos electrónicos, aumentando el consumo de este
producto entre los jóvenes que en un alto porcentaje no habían entrado a esta
adicción a la nicotina. También las regulaciones a las bebidas azucaradas y la
comida chatarra comienzan a tener buenos resultados al bajar su consumo y
empujar a la reformulación de los productos, como en Chile.
Las puertas giratorias son una más de
las estrategias de la industria para capturar la política pública. En su reciente libro Unsavory Truth,
Marion Nestle, la nutricionista más reconocida en los Estados Unidos señala la
estrategia que ha seguido la industria farmacéutica, la del alcohol y la del
tabaco y como ésta es la misma que ha seguido las industria que comercializan
productos cuyo consumo generan un daño, ya sea al ambiente o la salud.
De acuerdo a
Marion la estrategia de estas empresas
se centra en:
-Generar duda en la ciencia. Si
existe evidencia científica del daño del producto, las industria busca generar
duda sobre esa evidencia.
-Patrocinar investigaciones para
obtener resultados deseados. La industria paga a científicos e instituciones
investigaciones a modo para defender sus intereses.
-Ofrecer regalos y acuerdos de
asesoría. Los cabilderos de la industria invitan a comer, pagan viajes, ofrecen
regalos, proporcionan patrocinios y contratos de asesoría.
-Uso de grupos de presión. Financian
organizaciones civiles para defender sus puntos de vista.
-Promover la auto-regulación. Ante la
amenaza de una política pública que afecte sus intereses, la industria promueve
la autorregulación. Autorregulaciones que demuestran no ser más que simulaciones.
-Promover la responsabilidad
individual como el aspecto fundamental del problema. La industria pone la
responsabilidad en el consumidor. Argumenta que tiene la responsabilidad de sus
elecciones. Por lo tanto, no influye la publicidad, ni la falta de información
sobre los daños, ni la absoluta disponibilidad del producto, ni su precio más
accesible que las opciones saludables.
Usar el litigio contra las
regulaciones no favorables. La industria destina enormes recursos para
contratar el servicio de los mejores despachos de abogados con el fin de
combatir las regulaciones y acciones legales en contra.
Tomemos el
ejemplo de las bebidas azucaradas. Generar
duda en la ciencia: la industria señala que no hay alimentos buenos o malos,
las bebidas azucaradas no causan obesidad ni diabetes, el problema es la falta
de actividad física. Patrocinar investigaciones para obtener resultados
deseados: decenas de investigaciones patrocinadas por esta industria no
encuentran relación entre bebidas azucaradas y obesidad, las que no están
patrocinadas por esta industria encuentran una relación clara entre el consumo
de estas bebidas con la obesidad, la diabetes y las enfermedades
cardiovasculares.
Ofrecer regalos y acuerdos de
asesoría: de lo que nos enteramos, Coca Cola regalando refrigeradores Vintage
con los colores y el logo de la empresa a líderes de opinión y funcionarios,
estableciendo contratos con agencias de relaciones públicas establecidas por
exfuncionarios públicos. Uso de grupos de presión: cuando se discutía el
impuesto a las bebidas azucaradas, la refresquera usó a diversas organizaciones
que patrocinaba para oponerse a esta medida, asociaciones de pequeños
comerciantes, de diabetes, promotoras de la actividad física, así como a
columnistas que llegaron hasta ataques personales a quienes promovimos esta
medida.
Promover la auto-regulación: durante
años la industria de bebidas azucaradas y comida chatarra se opuso a la
regulación de la publicidad dirigida a los niños, anunció una autorregulación
que, obviamente, no limitó en nada su publicidad, después diseñó la regulación
impuesta por el Gobierno haciéndola una simulación. Promover la responsabilidad
individual como el aspecto fundamental del problema: la industria propaga a
visión de que el problema son las elecciones individuales, una ex Secretaria de
Educación Pública declaró que no sacaría la comida chatarra de las escuelas,
que enseñaría a los niños a realizar elecciones saludables, el problema eran
las malas elecciones que realizaban los niños.
Usar el litigio contra las
regulaciones no favorables: un juez sentenció que el etiquetado frontal
impuesto por Cofepris en contubernio con la industria, para supuestamente
combatir la obesidad, violaba el derecho a la información porque no era
entendible, violaba el derecho a la salud porque además de no informar llevaba
al consumo de altas cantidades de azúcar, y violaba el interés superior de la
infancia. Cofepris se puso del lado de la industria e impugnó la sentencia y
cuando este caso llegó a la Suprema Corte, Cofepris, al lado de un ejército de
abogados y cabilderos de la industria, invadió la Corte para evitar que los
ministros reiteraran la sentencia.
La industria farmacéutica con vacunas
no recomendadas aprobadas en México; la de plaguicidas con compuestos altamente
tóxicos prohibidos en Europa y autorizados en México; la del tabaco con
impuestos bajos, imágenes débiles y falta de regulaciones; la del alcohol con
profunda libertad de comercialización y falta de información a los jóvenes, la de cosméticos con compuestos prohibidos en
otras naciones, la de la carne con el clembuterol, la de alimentos y bebidas
azucaradas con etiquetados incomprensibles y peligrosos, entre otras, se vieron
favorecidas por una autoridad que protegió sus intereses económicos, en detrimento
de la salud pública. Esta situación se agudizó durante la pasada administración
a extremos inimaginables.
Y detrás y al frente de este proceso
están las puertas giratorias, girando y girando por la falta de regulación para
enfrentarlas.
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