Javier Risco.
Los excesos del exgobernador priista
Roberto Borge eran conocidos por todos en el estado. Su virreinato se mantenía
resguardado por un gobierno federal que lo consideraba de esa nueva generación
de políticos emprendedores, esos que llevarían al nuevo PRI a una cascada de
mandatos. Se juntaba en Palacio Nacional con los otros gobernadores, cada uno
con comitivas de decenas que los esperaban antes de que sus helicópteros
aterrizaran; hicieron lo que quisieron de 2012 a 2016, cuatro años en los que
nadie los tocó, nadie los auditó, nadie se atrevía a mirarlos a los ojos, así
era ser gobernador en nuestro país, así era el poder –ojalá no me equivoque en
conjugarlo en pasado–, y así era el poder de Roberto Borge.
Ayer, el exgobernador de Quintana Roo por primera
vez habló públicamente desde que fue detenido, no fue para declararse culpable
o para pedir perdón, no, el exgobernador acusó a la pasada administración
federal, en particular al exprocurador Raúl Cervantes, de haber emprendido una
persecución política en su contra –le pido, amable lector, que no se ría. Cito
lo dicho por Roberto Borge: “Por primera vez haré uso de la palabra. Primero
que nada, recordándole a la audiencia que el 1 de diciembre del año pasado hubo
un cambio de gobierno. En cuanto a mi situación durante el tiempo en que se
investigó por parte de la anterior administración de la PGR, quiero manifestar
que me declaro inocente, preso político de la administración anterior y hago
responsable a la PGR, cuando fue dirigida por Raúl Cervantes, porque hubo
motivos políticos […] No habían podido acreditarme siquiera el motivo del
lavado de dinero. Le quiero hacer patente que, por lo demás, me declaro
inocente, hago un exhorto al señor fiscal, Alejandro Gertz Manero, para que
pueda (revisar) la causa penal”.
¿Por qué habla hasta ahora? Tal vez
la moda de los exgobernadores libres en estos tiempos de la cuarta
transformación le ha abierto la ventana de la esperanza. Guillermo Padrés,
exgobernador de Sonora, acusado de fraude fiscal y famoso por construir una
PRESA en su rancho, ahora está libre, la reacción de López Obrador fue: “Yo
respeto la decisión del Poder Judicial, (...) el nuevo gobierno no actúa por
consigna, no se le obliga a ningún juez de que se castigue a nadie. Somos
respetuosos de la independencia del Poder Judicial, no hay persecución
política”. Andrés Granier, exgobernador de Tabasco, con procesos federales y
locales por el delito de peculado y evasión fiscal, logró hace tres semanas su
tan ansiada prisión preventiva domiciliaria; pasó de la torre médica
penitenciaria de Tepepan a una casa en Coyoacán. Y así se van formando, Eugenio
Hernández, exgobernador de Tamaulipas, acusado de supuesto abuso de poder en
compra-venta de terrenos, ya le envió una carta a López Obrador para que revise
su caso; Mario Villanueva, otro exgobernador de Quintana Roo, también le envió
una carta al Presidente para que le “ayude a salir libre”, él fue sentenciado
en Estados Unidos por lavado de dinero.
En fin, no voy a hablar de la
“esperanza” de los exgobernadores, sólo recordar un capítulo de este “inocente
perseguido político” llamado Roberto Borge. El 6 de julio de 2016, Mexicanos
Contra la Corrupción y la Impunidad, en colaboración con grupo Expansión,
publicaron el reportaje “Los piratas de Borge: El saqueo de bienes
institucionalizado en Quintana Roo”. El trabajo hecho por Mariel Ibarra y
Silber Meza exponía la manera en la que empresas y particulares fueron
afectados a través de una maquinaria institucional operada por una red que
involucraba a funcionarios públicos del gobierno de Roberto Borge. De acuerdo
con el trabajo periodístico, “Esta red manejaba un sistema masivo de fraudes y
despojos de casas, departamentos de lujo, edificios y terrenos a particulares
para apropiárselos o venderlos a la mitad de su valor. El esquema de despojo
también opera mediante el congelamiento y retiro de dinero de cuentas
bancarias. Los denunciantes señalan que la estrategia está montada en juicios
laborales falsos o amañados por medio de las Juntas de Conciliación y
Arbitraje, o mediante compras irregulares avaladas por el Registro Público de
la Propiedad y del Comercio de la entidad y al menos una notaría pública a
través de juicios civiles exprés”. De esta manera el gobierno estatal se
adueñaba de tierras y playas del estado. Un botón de muestra de decenas, del
despojo y los excesos.
Vienen semanas clave en su juicio y
por alguna extraña razón la 4T envalentona a políticos acusados, creen que su
palabra gana peso, la impunidad, creen, está de su lado.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.