Por Juan
Carlos Cruz Vargas.
Tras rebajar la perspectiva de
calificación de Pemex de “estable” a “negativa”, la agencia calificadora
Standard & Poor’s continuó con modificaciones en distintos sectores.
La firma informó que revisó a “negativa” desde
“estable” la perspectiva de sus calificaciones para tres transacciones de
infraestructura de México y tomó varias acciones de calificación sobre 77
instituciones financieras mexicanas, tras revisar la perspectiva del soberano a
negativa.
En el primer caso se trató de las entidades
y emisiones de deuda de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), Red de
Carreteras Occidente (RCO) y Concesionarias Mexiquense (CONMEX), entidades para
las cuales confirmó sus calificaciones en escala global, así como de sus
emisiones de deuda.
En tanto, modificó la tendencia del riesgo económico
para el Análisis de Riesgos de la Industria Bancaria por País (BICRA, por sus
siglas en inglés) de “estable” a “negativo”.
Dichos cambios hechos por la firma
con sede en Nueva York fueron provocados por las expectativas económicas más
débiles derivadas de la disminución continua de la confianza de los
inversionistas y de la incertidumbre sobre la política de energía del gobierno,
y su capacidad para lidiar con pasivos contingentes crecientes, principalmente
de Petróleos Mexicanos (Pemex).
No es
cualquier cosa, se trata del hecho de
que la agencia tomó varias acciones de calificación sobre 77 instituciones
financieras mexicanas tras la revisión de la perspectiva de las calificaciones
del soberano y el creciente riesgo económico en el sistema bancario.
“La mayoría de las acciones de
calificación reflejan nuestra opinión de que las calificaciones de las instituciones
financieras están limitadas por las del soberano, debido a la gran exposición
de estas instituciones al riesgo país y a la naturaleza de alta sensibilidad de
sus negocios al estrés soberano”, señaló el reporte de la firma.
Los
fundamentos de S&P se basan en una
inversión moderada del sector privado, la limitada capacidad del sector público
para aumentar la inversión en infraestructura, una relativamente baja calidad
de la educación y la incertidumbre judicial limitan las expectativas de
crecimiento a largo plazo de México.
“Esperamos que la administración del
presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) implemente de forma pragmática
sus políticas económicas, balanceando las prioridades económicas y sociales con
la necesidad de mantener estabilidad macroeconómica”, acotó la calificadora.
Entorno de
negocios e inversiones nublado.
Para la
agencia, “la cada vez más negativa”
percepción de los inversionistas y el “más complicado” entorno de negocios es
resultado de las decisiones iniciales del nuevo gobierno, teniendo como el
ejemplo más notable la cancelación del proyecto del nuevo aeropuerto de la
Ciudad de México.
“En nuestra opinión, si la
administración de AMLO no logra abordar de manera efectiva los desafíos del
país y cumplir sus promesas, existe el riesgo de que el débil crecimiento
económico persista, lo que erosionaría la resiliencia económica del país y las
condiciones operativas para las instituciones financieras locales”, advirtió S&P.
De esa
forma, la severidad del impacto en el
sistema bancario dependerá de cuánto tiempo tome a la economía repuntar.
“Un periodo largo de tiempo
ocasionaría que la calidad de activos y el desempeño operativo de los bancos se
vean afectados negativamente, lo que debilitaría sus perfiles de negocio y financiero”, alertó el reporte.
Sin embargo,
Standard & Poor’s ya ve una
actividad económica más baja como respuesta a eventos recientes como la escasez
de gasolina (dada la lucha del gobierno contra el robo de combustible a Pemex),
el bloqueo, por parte de maestros, de las vías ferroviarias en el estado de
Michoacán, y las huelgas de trabajadores en el Estado de Tamaulipas.
Derivado de
dichos acontecimientos, la calificadora
proyecta un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 1.8% en 2019 y de
2.0% en 2020.
Dada la fuerte correlación entre el
crecimiento económico y el otorgamiento de crédito de los bancos, también
espera que la cartera total en el sistema bancario mexicano crezca entre 8% y
9%, en 2019, y luego aumente ligeramente a 9%-10%, en 2020.
“En nuestra opinión, las cautelosas
prácticas de otorgamiento de crédito implementadas durante los últimos años
–como se observa en la sana calidad de activos ante el moderado crecimiento
real del crédito– ayudará a los bancos a evitar un marcado incremento en los
activos improductivos y en las pérdidas crediticias”, señaló el análisis de la
calificadora.
Además, espera desequilibrios económicos limitados,
ya que considera que los precios de la vivienda seguirán en aumento a un ritmo
moderado, lo que refleja una menor demanda de hipotecas en comparación con años
anteriores y mayores tasas de interés.
Los
claroscuros del sistema bancario.
Del lado positivo, Standard &
Poor’s espera continuidad en las políticas monetarias, cambiarias y
comerciales, aunado a cambios moderados en las políticas fiscales bajo la nueva
administración.
En este
sentido, consideró que el sistema
bancario mexicano se beneficia del marco institucional que está en línea con
estándares internacionales.
“Estos factores permiten que la
capitalización de la industria y los niveles de liquidez se mantengan sólidos”.
Sin embargo,
aclaró que “aún vemos margen de mejora. Por
ejemplo, consideramos que el regulador
se beneficiaría de una cobertura más amplia del sistema financiero y de una
supervisión más estricta a las instituciones financieras no bancarias (IFNB),
incluyendo a aquellas que no solo emiten deuda en el mercado interno, aunado a
un enfoque en la prevención del fraude”.
Para S&P
Global Ratings el sistema bancario
mexicano sigue sumamente concentrado y las barreras de entrada son altas.
En suma, la calificadora sentenció: “La tendencia
del riesgo de la industria en México se mantiene estable. En nuestra opinión,
la industria bancaria mexicana se beneficia de una dinámica competitiva sana, y
no esperamos que esto cambie en el largo plazo.
“Sin
embargo, si las tendencias cambian –como
establecer límites regulatorios en las tasas de crédito, o préstamos dirigidos,
o un mayor uso de bancos del gobierno a través de prácticas crediticias
relajadas, o una relajación del marco regulatorio bancario, aumentaría el
riesgo de la industria”.
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