Por
Alejandro Páez Varela.
Durante los
días de la campaña de 2018, uno de los
empresarios señalados por hacer guerra sucia contra Andrés Manuel López Obrador
se acercó a un banco, de los gigantes del sistema, para ofrecer “cursos
electorales” para los empleados.
De los cursos hay mucho escrito. Se
trataba, básicamente, de una campaña disfrazada de “voto libre” para “orientar”
a los trabajadores… pero contra el candidato de izquierda. Varias tiendas
gigantes y cadenas de negocios los impartieron. Los mismos empleados lo
ventilaron en sus redes, de manera anónima. Por la votación masiva que hubo
supongo que muchos de ellos eran simpatizantes de AMLO: no necesitaban
“lecciones” de nada: habían decidido su voto.
Los directivos del banco, dado que se
trata de un cliente y un hombre de negocios importante, dudaron. Pero no porque
quisieran dejar entrar los “cursos”, sino porque la respuesta siempre fue un NO
rotundo. NO, por el código de ética de la institución. Y NO, porque simplemente
no era correcto. Avisaron al empresario: NO. El empresario se siguió, por otro
lado.
Los días pasaron y se difundió que
ese mismo empresario, con otros, habría participado en otro frente: la llamada
“Operación Berlín”. Su huella fue más leve que las pisadas de otros en ese
operativo ilegal que buscaba impedir que López Obrador llegara a la
Presidencia. Pero, si se le cree a los testimonios, el hombre de negocios
estuvo bien metido allí también, al menos con dinero y algo de infraestructura.
Otros aportarían dinero, ideas y mucha infraestructura, según los datos que han
circulado.
El
empresario ni siquiera vive de concesiones del Estado. Que se sepa, tampoco
tiene contratos con el Estado. Nunca antes había operado contra López Obrador,
parece. ¿Y qué lo llevó a tomar partido
así, activo? Algunos dicen que lo comprometió Claudio X. González, enemigo
declarado de López Obrador. Otros, que fue convencido que “obraba por bien del
país”, según una fuente que no está relacionada con la que me contó lo del
banco.
Otros me dicen esto –desde hace
varios meses lo dicen–: que este empresario, y otros, tienen todavía cierto
temor a López Obrador. Y que López Obrador no se dio tiempo y no se lo ha dado
para reunirse con ellos: los empresarios. A ver, no hablo de las cámaras, ni de
las asociaciones: hablo de empresarios libres que tienen peso pero no por sus
organismos. Por lo que veo, no ha faltado trabajo allí de AMLO: ha faltado
visión.
López
Obrador sorprendió adentro de la
administración, afuera e incluso entre los propios empresarios (que llamaré
“libres” y que andan por la libre) cuando presentó su “consejo asesor”, que
incluye a políticos-empresarios de Televisa y TV Azteca. Todo mundo lo
recordará. Para muchos, el Jefe del Ejecutivo dio señales de que, otra vez, la
élite de grillos empresariales fue llamada por el Jefe del Ejecutivo a formar
parte del Estado, o al menos a estar junto a él.
“No somos iguales”, suele decir AMLO.
Pero la señal enviada con la designación de ese consejo empresarial dijo todo
lo contrario. Allí está Bernardo Gómez, cuya imagen más famosa es cuando le
besa la mano a Martha Sahagún. Después, con AMLO, sería el anfitrión del
encuentro de Estado con Jared Kushner.
Me reenvían
constantemente los mensajes que se transmiten en chats de poderosos de México.
Había muchos en campaña y circulan todavía hoy. Me doy cuenta que les siembran videos y artículos tendenciosos en los
que se sigue hablando de Venezuela, privatizaciones, endeudamiento, el
comunismo, Cuba, incluso Rusia. Se magnifican errores de Morena y del Gabinete
y se hacer ver al Presidente como un improvisado; un iletrado, ignorante; un
vividor. Se le señala, en videos bien producidos, como alguien empeñado en
llevar a México a su ruina. Se toma un apagón para estructurar teorías: “así
empezó en Venezuela”. Se le editan frases para hacerlo quedar mal. Y muchos
empresarios no leen, no se informan. Se van con lo que les llega por chat. Y lo
que les está llegando es mucha basura bien seleccionada.
Me queda claro que en el sector
empresarial, la campaña negra contra el Presidente sigue. Alguien debe estar
editando tantos videos. Alguien los filtra, con objetivos claros. Alguien
argumenta, tuerce y filtra. La campaña que empezó con Felipe Calderón en 2006,
creo firmemente, sigue operando. No tengo la menor duda. ¿Cómo se financia? ¿La
pagan los mismos de siempre?
“Señor Presidente, usted es el genio
de la mercadotecnia; usted nos ha llenado de palabras pegajosas cada vez que
tira un discurso”,
le dijo ayer Luis Barrios Sánchez, presidente de la Asociación Nacional de
Cadenas de Hoteles. AMLO se lo tomó con agrado.
López Obrador, efectivamente, ha
logrado conectar directamente con la gente en sus mítines y con sus mañaneras.
Pero el genio de la mercadotecnia sigue sin conectar con todos los empresarios,
más allá de los líderes, que tienen una sonrisa impresa en los labios. Esa es
mi percepción. ¿Cuántas veces se ha dado un baño de empresarios cuando visita
una ciudad, un pueblo? Creo que pocas veces. Necesita hacerlo. Necesita
conectar con ellos también. Las cámaras y asociaciones no son todo.
Su 4 por ciento de PIB difícilmente
llegará con acciones de Gobierno. Necesita de ellos, de los empresarios que
andan por la libre. Necesita convencerlos y, sobre todo, necesita pasar por
encima de la campaña de lodo, que en 2019 sigue circulando; necesita ponerlos a
trabajar de lado suyo que es, hasta donde entiendo, el lado de México.
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