Por Diego Petersen Farah.
Todos los políticos
mienten. Esa es la visión popular, la imagen que hemos creado de la política.
Para no pocos mexicanos mentir es sinónimo de hacer política y los políticos se
quejan amargamente de que en automático se les aplique el calificativo, que la
gente no les crea. Pero ni modo, se lo han ganado a pulso, quizá no en lo
individual pero sí como gremio; son los reyes del eufemismo que raya en la
falsedad. Todos los políticos llegan al poder diciendo que ellos no mentirán.
De hecho, López Obrador basó su campaña en el compromiso de no mentir y no
engañar al pueblo. Pero ¿dónde está el límite entre la mentira y las hoy mal
llamadas verdades alternativas?
¿La verdad alternativa
es una mentira disfrazada o solamente una forma distinta de ver las cosas? Ver
las cosas desde un punto de vista distinto cambia la interpretación, pero no la
realidad. Esto es, podemos discutir el significado del hecho o el dato, pero no
el dato o el hecho mismo. Una de las frases favoritas del Presidente para
evitar el debate ha sido decir “Yo tengo mis datos”. Cuando se trataba de
encuestas, instrumento favorito de los políticos para mentir, la frase era sólo
un reflejo. Cuando se trata del Gobierno y la toma de decisiones las verdades
alternativas son un camino peligroso y sin retorno.
La fe mueve montañas,
dicen los creyentes, pero nuca ha visto que alguien diga que la fe mueve las
perspectivas económicas. Decir en una mañanera que el dato de crecimiento económico,
ya no del Banco de México sino de la Secretaría de Hacienda, que depende
directamente de él, es “conservador” (por poco le dice estimación fifí) y que
él cree que este año creceremos dos por ciento y el 2020 llegará a tres,
simplemente porque se le cansa el ganso, es entrar a una zona de incertidumbre.
Los inversionistas, me queda claro, le harán caso a Banco de México y a
Hacienda, pero la única salida a futuro de esta “ocurrencia” será decir que
alguien está haciendo mal su trabajo, confrontar a las instituciones y poner en
entredicho el trabajo de los expertos.
Más grave aún fue
decir, en otra célebre mañanera, que no era para cantar victoria, pero que en
quince estados de la república no hubo asesinatos el día 2 de abril y que ello
era muestra de que la estrategia contra la inseguridad estaba dando resultados.
La fuente citada por el Presidente es la Agencia de Investigación Criminal del
Centro Nacional de Planeación Análisis e Información para el Combate a la
Delincuencia, es decir, una agencia del Estado Mexicano. Pero el sabueso
(sistema de verificación de datos de Animal Político) encontró que otras
fuentes del mismo Gobierno, el reporte diario de homicidios dolosos dice que no
fueron quince sino nueve los estados que no tuvieron incidencia de homicidios
ese día y que no fueron 62 sino 84 las personas asesinadas en el país. ¿El
Presidente nos engañó o engañaron al Presidente?
El camino de las
verdades alternativas se basa en el descrédito, muchas veces ganado a pulso, de
las instituciones generadoras de información, las gubernamentales y los medios.
El problema es que esa ruta no nos lleva a construir nuevas fuentes más
confiables sino simple y llanamente a la desvalorización de la información, a
sociedades que caminan a ciegas por los oscuros caminos de la posverdad.
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