Por Adela
Navarro Bello.
La falta de una definición y una
respuesta frontal por parte del Presidente de México, Andrés Manuel López
Obrador, a las amenazas del Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en
el tema de la migración, está comenzando a sentirse como una tibieza
institucional, además, de manera unilateral el problema está escalando y
afectando ya, las relaciones comerciales entre ambos países.
Trump está mediáticamente solo en
esta cruzada, y ha dado órdenes para que personal de aduanas de los Estados
Unidos sea reubicado en el patrullaje fronterizo, con lo cual se ha cerrado de
manera parcial la aduana comercial.
La frontera
entre México y los Estados Unidos tiene una longitud de más de 3 mil cien
kilómetros y se divide, en territorio nacional, en seis estados. Baja
California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. De ciudad a
ciudad, inicia en el noroeste en Tijuana, Baja California y concluye en el
noreste en Matamoros, Tamaulipas.
Colindante
con los estados de California, Arizona, Nuevo México y Texas, en los Estados
Unidos, esta frontera no solo es atractiva para establecer relaciones
comerciales, sociales o académicas, de gobierno entre gobiernos de ambos
países, también atrae a los criminales. Particularmente a los narcotraficantes.
Por
supuesto, también, a quienes buscan el “sueño americano”, y pretenden, desde
cualquier parte del País, de América Central, África o Asia –mayormente-
internarse en los Estados Unidos, sea por la vía documentada solicitando asilo,
refugio o tramitando una residencia legal, o de manera abrupta, sin documentos,
utilizando los servicios del crimen organizado o lanzándose por el rio, las
montañas, el desierto o las playas.
El discurso del Presidente de los
Estados Unidos, Donald Trump, siempre fue anti migración indocumentada. Desde
la campaña polarizó con la idea del migrante criminal, que abusa y se aprovecha
en aquel territorio.
Tal acepción se acendró con la
llegada de las caravanas de migrantes provenientes de Honduras, que por miles
entraron a México de manera accidentada y llegaron a la frontera norte,
particularmente a dos ciudades de Baja California, Mexicali y Tijuana, Además,
hoy día prevalece la alerta de nuevas oleadas de migrantes de América Central y
Asia, que intentarán entrar a los Estados Unidos vía México.
El Presidente Andrés Manuel López
Obrador ha tomado el tema, como muchos otros, de manera muy laxa, sin
profundizar en las repercusiones que un cierre de la frontera por parte de los
Estados Unidos pueda significar para los estados del norte y para el país en
general, especialmente en el aspecto comercial. De visita en una comunidad no
fronteriza, como lo es Poza Rica, Veracruz, el Presidente le preguntó “al
pueblo sabio”, que en ese momento eran los presentes, si debía responder o no a
los comentarios del mandatario de Estados Unidos de Norteamérica, y por
supuesto le dijeron que no. Quizá la respuesta hubiese sido distinta si “el
pueblo sabio” lo hubiesen integrado residentes de una de las ciudades
fronterizas mexicanas, que en el día a día deben lidiar con la migración, los
crucen fronterizos, los trámites binacionales y la inseguridad en el país.
Para que se dé una idea, tan solo en
Tijuana, al día, por la aduana local se realizan un promedio de mil 800
operaciones de importación de productos, y un promedio de 2 mil 800
transacciones de exportación de productos. En la aduana turística en dos
garitas (Chaparral y Otay), cruzan alrededor de 75 mil vehículos por día.
El
Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica ha amenazado con cerrar las
fronteras con México, si el gobierno de este país no detiene la migración de
Centro América hacia aquel territorio transitando por el nuestros. Ha dicho que
sus centros de migración están al tope de personas que han sido detenidas por
la patrulla fronteriza. Un elemento de migración confió que de octubre 2018 a
marzo 2019 (lo que va del año fiscal norteamericano), se han detenido en la frontera
contenida entre Mexicali y Tijuana, Baja California, 6 mil guatemaltecos, 5 mil
hondureños y mil salvadoreños. Que no ha sido tan notorio en México la
presencia de los mismos, porque no arribaron en caravana como lo hicieron los
hondureños a finales de 2018.
Un agente de migración en México,
explicó que sí se han cerrado un poco los trámites para el acceso de los
migrantes de América Central a suelo nacional, y que personal de migración ha
sido dispuesto en el Itsmo de Tehuantepec, no tanto para cerrar el paso sino
para hacerlo más ordenado.
Aun así, el gobierno mexicano se ha
negado en la figura del Presidente Andrés Manuel López Obrador a responder al
Presidente de los Estados Unidos de manera frontal y contundente sobre la
política migratoria mexicana, lo que exacerba al norteamericano a grado de
intensificar sus comunicaciones en redes, amenazando con cerrar la frontera.
Además mezclando el tema de la migración con el
tema del narcotráfico. No solo indicó Donald Trump que cerrar la frontera es una
opción para detener la migración, sino también el paso de la droga. Y que en
ese caso, era más importante la seguridad que el comercio.
La droga que es traficada de México
hacia los Estados Unidos, ciertamente cruza –de manera ilegal- por garitas vehiculares,
pero mayormente es trasegada en barcos, en lanchas, por aire y por túneles. Si
hay un cierre de la frontera entre México y la Unión Americana, la droga no
dejará de fluir hacia aquel país, como sí se detendrán las operaciones
comerciales, particularmente las exportaciones mexicanas; de acuerdo a la
agencia Reuters, el 40 por ciento de las frutas que consumen en Norteamérica
son de importación, y México es el tercer socio comercial de aquel país.
Los cárteles de la droga mexicanos
han construido sus propios canales para el trasiego de la droga hacia los
Estados Unidos que superan a las fronteras establecidas, incluso para
internarse en aquel país tienen sus procesos especiales. Viene a cuento el caso
de un miembro del cártel Arellano Félix que en la década de los dos mil padecía
cáncer, y era conocido que se internaba para recibir tratamiento allende la
frontera, por la vía marítima.
Esta semana, el gobierno de los Estados Unidos inicio
medidas que afectan las transacciones comerciales y turísticas con México, de
acuerdo a información de aduanas, el 30 por ciento del personal destinado a los
módulos de importación desde México ha sido asignado a labores de la patrulla
fronteriza, para el cuidado de las fronteras y la captura de migrantes sin
documentos, lo cual repercute en la actividad comercial. Regresando al ejemplo
de Tijuana, de diez módulos para la importación que tenían habilitados,
únicamente funcionan siete. Los chóferes de los tráileres cargados de productos
alimenticios y productos tecnológicos e industriales que previo a esta medida
esperaban dos horas para hacer el trámite e internarse a aquel país, hoy deben
esperar hasta cinco horas en promedio. Lo mismo sucedió el fin de semana en las
garitas turísticas. Hubo filas de hasta cuatro horas para cruzar de México a
los Estados Unidos por los dos puertos de acceso en Tijuana.
Representantes
de maquiladoras e industrias se han reunido ya, para establecer comunicación
con el gobierno mexicano, esperarían una posición más firme del presidente de
la República, la reasignación de personal que se está dando en territorio
norteamericano les afecta ya en las exportaciones, un cierre de la frontera
laceraría gravemente la economía mexicana.
La droga sin embargo, seguirá
fluyendo de este país al otro. Para los cárteles no hay fronteras, hay crimen,
y ese también es binacional.
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