Por Gustavo
De la Rosa.
Las amenazas
de Trump acá en la frontera se escuchan como verdaderos augurios del mal e
impactan nuestra vida cotidiana: ya tenemos una semana sufriendo las presiones
migratorias generadas por el cúmulo de solicitudes de asilo que miles de
migrantes centroamericanos están presentando ante el Gobierno de Estados
Unidos.
La oficina
de migración norteamericana en los cruces fronterizos tiene un número preciso
de agentes que realizan diversas tareas, y para poder tramitar las solicitudes
de asilo deben disminuir sus trabajos en la revisión de personas y automóviles
que cruzan rumbo a El Paso, Texas, lo que ha convertido las filas, que antes
demoraban de 30 a 60 minutos, en esperas de tres horas. Si a eso añadimos la
amenaza del cierre de la frontera en la próxima semana, la ciudad sufre en
verdad.
Ciudad
Juárez y El Paso son una misma ciudad, apenas dividida por un río; somos las
mismas miles de familias, con los mismos trabajos y que realizamos las mismas
actividades, dependientes de la fluidez de los cruces internacionales; por eso
nos preocupan mucho las absurdas políticas migratorias del Presidente del
norte.
Se empiezan
a notar actitudes de hartazgo entre los ciudadanos en contra de los migrantes
que esperan en esta ciudad su turno para presentar su solicitud de asilo, y ya
empiezan a aparecer notas en los pasquines digitales culpando a los migrantes
por romper la paz de esta frontera, ¿pero cuál paz hay con más de 80 homicidios
por cada cien mil habitantes?
Algunos
juarenses ignorantes repiten expresiones discriminatorias y de desprecio racial,
ciudadanos que además consideran a los centroamericanos como intrusos y
causantes de nuevos conflictos; y no debemos olvidar que la agresión a los
inmigrantes ha potenciado a los políticos de extrema derecha en los países
europeos, que recogen argumentos en contra de los africanos y de los musulmanes
para presionar a los gobiernos socialdemócratas a generar políticas migratorias
de desprecio contra los que huyen para salvar sus vidas.
Trump, con
ese discurso, logró reunir a miles de norteamericanos frustrados por el bajo
nivel alcanzado en su país, que convirtieron sus palabras en dardos que lanzan
contra los más vulnerables, muchas veces migrantes que por circunstancias
específicas y transitorias se ven obligados a dejar su patria; pero la
diferencia entre los discursos de la derecha europea y la norteamericana reside
en que allá se presiona al propio Gobierno, pero acá se atreven a presionar a
las autoridades de un país ajeno, este es el negro legado que nos dejó la
dictadura repartida del PAN y el PRI.
Las
incomodidades y molestias que nos pueden causar algunos miles de migrantes
camino al norte son perfectamente tolerables si entendemos las historias de
miseria y soledad, peligro y angustia, que los acompañan desde que salieron de
su tierra: nadie que viva con un mínimo de confort y seguridad se atrevería a
hacer esa larga caminata para llegar a un país extraño; ellos ignoran que al
iniciar su trámite, los encierran en hoteles de mala muerte, peor que las
prisiones para indocumentados, y ahí los tienen en espera de un imaginario
asilo que nunca llega hasta que meses después (o años) les dan la orden de
deportación a su país. Todo en vano.
Por esto, y
tras agotar sus recursos físicos y emocionales, finalmente muchos de los hoy
ilusionados con vivir en los Estados Unidos se quedan a continuar con su
existencia en la frontera, y tarde que temprano se incorporan al gran crisol de
la población juarense.
Es la gran
tragedia humana, formada por las mentiras fantásticas de ambos de ambos lados
de la frontera. No es cierto que recibirán asilo ni permiso de trabajo en el
país de las hamburguesas, como tampoco es cierto que son una fuerza invasora
extranjera que obligue al Presidente americano a defender su patria con medidas
extraordinarias. Son dos mitos absurdos que se han creído las partes en
conflicto.
Mejor sería
para todos que supieran la verdad que espera a más del 90 por ciento de los
miembros de las caravanas: México es un país de recepción y futura asimilación.
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