Por Martín
Moreno.
Lo más grave
de la frase más desafortunada del incipiente sexenio –la comparación de los
pobres con los animalitos–, no es, en sí, su contenido, ofensivo por
naturaleza. No. Lo más preocupante, es que su creador, nada menos que el
Presidente de México, en realidad así lo cree.
Cuando AMLO
dice que “ni modo que se le diga a una mascota, a ver, vete a buscar tu
alimento, pues se le tiene que dar su alimento”, como analogía a lo que debe
ser, bajo su pensamiento e ideología, atender la pobreza, tampoco son sus
palabras las que nos deben alarmar, más allá de la absurda comparación. No. Lo
de fondo, es el propósito eminentemente político-electoral que encierra la
ahora grotesca comparación pobres-animalitos, con miras al año 2021.
¿Qué tiene
qué ver el 2021 con la comparación de AMLO entre los pobres y las mascotas?
Casi nada:
que esas mascotas tienen nombre, y en política se llaman borregos, qué con tal
de seguir recibiendo dinero del Gobierno con el simple hecho de estirar la
mano, no dudarán, a cambio, en entregarle su voto a Morena en las elecciones
intermedias del 2021 que, como ya sabemos, es el referéndum obligado de todo
Gobierno para medir la aprobación o el rechazo de los mexicanos a sus acciones.
Es una aduana político-electoral de las que contados han salido con buenas
cuentas.
Y eso, AMLO,
un animal político –vaya paradoja de circunstancias y lenguajes–, lo sabe a la
perfección, conocedor profundo de los resortes que mueven los ánimos de
millones de pobres en México y que desde que era Jefe de Gobierno capitalino
han sido su clientela electoral favorita.
Ahora, a nivel
federal, el propósito cobra mayores dimensiones: a mayor presupuesto, más votos
a favor. Es una ecuación sencilla, pero perversa: dime cuánto vales y te diré
por quién votar.
Entonces,
¿qué está haciendo en realidad AMLO desde el púlpito mañanero? Anunciar la
compra de votos. Dar dinero a algunos estratos de la población con fines
electorales.
Maicear a la
borregada.
Dinero a
cambio de votos. Ni más ni menos.
Todo, con
miras al 2021.
Borregos,
pues.
Por supuesto
que no estamos en contra de apoyar económicamente a los ancianos o a madres
solteras. Esa no es la discusión. Se hace en México y en algunas partes del
mundo. El problema no es el “qué”, sino el “cómo” se está haciendo.
Y, ¿cómo se
está haciendo? Con efectos eminentemente políticos, buscando también,
seguramente, un bienestar para millones de mexicanos desprotegidos. Empero, lo
censurable es la condición a ese apoyo: votar por Morena en 2021, lo cual es un
delito electoral: condicionar y promover el voto con efectivo o en especie, en
beneficio de un partido político. Allí están las fotografías donde operadores
electorales – digámosle por su nombre-, reparten apoyos con los chalecos con
las siglas AMLO o Morena.
Pero esto no
es lo más grave, aunque sí es una acción perversa y abusiva no solamente por
parte de Morena. Tengamos memoria: el PRI basaba gran parte de sus triunfos
electorales de la misma forma, cambiando dinero por votos. No es nada nuevo,
aunque, no por ello, debemos de cerrar los ojos.
Lo que más
nos debe alertar, es lo siguiente:
El Gobierno
de AMLO está regalando dinero, pero no lo está generando.
Hasta ahora,
ha habido un absoluto desprecio a lo único que sirve para disminuir la pobreza,
y no es otra cosa que generar riqueza. Es una ecuación universal que, hasta
ahora, nadie ha desmontado.
¿Dónde están
los programas de incentivos a inversionistas? ¿Dónde están los impulsos en
favor de las pequeñas y medianas empresas, soportes de la economía? ¿Dónde está
un programa integral de generación de empleos? ¿Dónde está el aliciente para
las empresas que den su primer trabajo a los jóvenes?
Pues no
existen. Ese tipo de apoyos no están en la cabeza del Presidente, un político
con fuertes influencias echeverristas y estatistas que allí están incrustadas
en su Gobierno.
Van dos
ejemplos: el regreso de los nocivos precios de garantía y la intención de que
la CFE sea, otra vez, un monopolio.
La visión
aldeana de la política económica de AMLO se resentirá dentro de muy poco
tiempo, porque otra máxima financiera universal es: el dinero se acaba. El
Gobierno obsequia billetes, pero no sabe cómo ganarlos. Recurre, de paso, a
otra práctica priista: despedir a empleados. Tan solo en estos 130 días, se han
quedado sin trabajo alrededor de 250 mil trabajadores. AMLO les llama
“ahorros”. La realidad les llama desempleados.
Tan solo con
el programa de apoyo a los “ni-nis”, se gastarán 110 mil millones de pesos. Los
jóvenes recibirán, en promedio, 800 pesos semanales que ni resolverán sus
problemas ni garantizan que ese dinero sea utilizado para fines productivos.
(En todo caso, ¿no sería más eficaz premiar fiscalmente a las empresas que les
den trabajo a esos “ni-nis” y qué en vez de estirar la mano, trabajen y ganen
un salario? La respuesta es sí, sería lo ideal. Pero entonces se le acabaría
parte de esa reserva electoral a AMLO que prefiere que coman de su mano en
lugar de darles un empleo).
La pregunta,
es:
¿De dónde
sacará el Gobierno ese dinero –6 mil millones de dólares–, si no es capaz de
generarlo con acciones que brinden riqueza?
Y eso es,
tan solo, el presupuesto de uno de sus programas.
Lo dicho: el
Gobierno actúa al equivalente de que una familia se sostenga económicamente con
una tarjeta de crédito sin pagar el mínimo mensual. Tarde o temprano, se
quedarán sin dinero artificial y entonces vendrá el quiebre económico.
Y ese es,
precisamente, el riesgo de nuestra economía.
López
Obrador no está dispuesto a perder la clientela electoral para 2021, cuando
intente mantener la mayoría en el Congreso y seguir transformando, según su
visión estatista con tufo cubano, al país. No le importa gastar el dinero bajo
condiciones electorales, mientras la riqueza merma, semana a semana, bajo el
aldeanismo económico de su Gobierno.
Basta un
botón: ayer, Hacienda redujo la perspectiva de crecimiento a 2.1 por ciento
para 2019. Igual que con Peña Nieto: crecimiento mediocre del 2 por ciento
promedio. “Se quedaron cortos”, protestó AMLO, sin bases financieras para
refutar los pronósticos de la SHyCP. Sin cifras ni argumentos. Tan solo saliva
y descontón. A su manera.
AMLO quiere
votos comprados para 2021 con fines electorales.
A ver hasta
cuándo y hasta cuánto le alcanza para comprarlos.
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