Por Manu
Ureste.
Cuando, una mañana, Grecia Rodríguez
abrió la puerta de su casa y vio que alguien le dejó una corona fúnebre repleta
de claveles blancos, y una dedicatoria deseándole que descansara en paz, supo
que su actividad como defensora del agua y del territorio de las comunidades
ejidales de Zacatecas acababa de cambiar para siempre su vida personal.
Previo a esa
mañana, recibir insultos ya era algo
‘cotidiano’, entre comillas, en su actividad diaria.
“Argüendera”, “revoltosa”,
“alborotadora”, eran parte de los improperios a los que tuvo que acostumbrarse
a vivir desde que, en 2013, comenzó a implicarse de lleno como activista.
Sin embargo,
cuenta Grecia, la intensidad de los
ataques arreció aún más cuando, ya como integrante del Observatorio de
Conflictos Mineros de Zacatecas, que forma parte de la Red Mexicana de
Afectados por la Minería (REMA), inició desde 2018, junto a otras mujeres y
hombres de los ejidos El Potrero, Atotonilco, Estancia de Guadalupe, y
Corrales, en el municipio Jiménez del Teúl, una férrea oposición a la
construcción de la Presa de Milpillas.
Un proyecto que, por un lado, el
gobierno estatal lleva desde 2014 prometiendo que, además de abastecer de agua
el corredor urbano del centro del estado, donde se ubican ciudades clave como
Zacatecas y Fresnillo, traerá también progreso, empleos y desarrollo, para las
comunidades agrarias por las que atravesará un acueducto de más de 167
kilómetros.
Mientras
que, por otro lado, tanto Grecia, como
el Observatorio de Conflictos Mineros, la REMA, así como cientos de
ejidatarios, denuncian que la construcción de la Presa de Milpillas es un “mega-proyecto
de muerte impuesto por la fuerza pública”, el cual tendría varios efectos
negativos.
Uno, provocaría “un daño irreparable” al río que
abastece de agua a la comunidad para cosechar maíz, frijol, y chícharo. Dos,
que pondría en riesgo de inundación y desplazamiento a los habitantes de
Atotonilco y a todas las comunidades río abajo, incluida la cabecera municipal
Jiménez del Teúl. Y tres, que a pesar de lo anterior, este proyecto solo
beneficiaría a empresas mineras y a una multinacional cervecera que necesita
más agua para continuar vendiendo sus productos.
“Múltiples académicos ya han ofrecido
soluciones para el problema del abasto de agua en la zona, pero, desde 2014
hasta la fecha, el gobierno estatal no ha hecho caso de ninguna. Por eso, más
bien nos parece que este proyecto, en realidad, es un negocio, y no una
solución al problema del agua”, dice Grecia Rodríguez, en entrevista con Animal
Político.
Sin embargo,
recalca Grecia, denunciar esto en
México, implica asumir un riesgo muy alto de, o bien ser objeto de campañas de
desprestigio, o bien llevar permanentemente una diana marcada en la espalda.
“Estamos muy preocupados por la
seguridad de los ejidatarios y de las ejidatarias opositoras al proyecto, y de
los activistas defensores del agua, ya que en México nos están matando solo por
decir que no estamos de acuerdo con un proyecto”, señala Grecia.
Y las cifras
así lo corroboran.
Apenas el
pasado mes de marzo, Amnistía
Internacional alertó que, en apenas cuatro meses del nuevo gobierno de López
Obrador, 15 defensores ambientales han sido asesinados en México, más de la
mitad de los registrados en todo 2018, cuando contabilizó 21 defensores
asesinados y 49 ataques en su contra.
De hecho,
Rodrigo da Costa, integrante de Amnistía Internacional, dijo al diario La Jornada que México ocupa el segundo lugar de los
países de América Latina donde se presentan más agresiones contra defensores de
la tierra, solo superado por Colombia.
Las enemigas
públicas.
Tras recibir
la corona fúnebre, Grecia fue incluida
en el Mecanismo de Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos,
aunque las agresiones, a través de múltiples formas, no se detuvieron.
Por ejemplo,
el pasado 14 de octubre, Grecia narra
que en la comunidad El Potrero asistió como invitada a una asamblea entre ejidatarios
acerca del proyecto de la presa de Milpillas, cuando un grupo de policías
estatales, a bordo de 20 camionetas, llegó, cercó el salón ejidal, y se la
quiso llevar presa bajo la acusación de “falsas declaraciones” y “falsa
identidad”.
“Les dije: no me pueden llevar porque
estamos en un espacio público y no en un MP, por lo que no estoy rindiendo
ninguna declaración. Y tampoco tengo que probarte mi identidad”.
Aun así, en
un video publicado el 15 de octubre en el perfil de Facebook del Observatorio de
Conflictos Mineros de Zacatecas, puede
apreciarse que un nutrido grupo de agentes policiacos trató de detenerla, entre
jalones y manotazos para que no grabara la escena.
“El gobierno de Zacatecas nos ha
convertido en las enemigas públicas número uno, diciendo que es por nuestra
culpa que miles de zacatecanos no tienen agua”, criticó la integrante del
Observatorio de Conflictos Mineros y de la Red Mexicana de Afectados por la
Minería, las cuales también acusan al gobierno estatal de querer coaccionar con
recursos y beneficios de programas sociales a los ejidatarios inconformes para
que aprueben el proyecto.
Una acusación que el gobierno de la
entidad ha rechazado en varias ocasiones; una de ellas, en septiembre del año
pasado, cuando según recogieron medios locales, el actual gobernador Alejandro
Tello descartó que su administración manipule a los habitantes del ejido en el
municipio de Jiménez del Teúl.
La entrega
de despensas y apoyos no son sobornos, sino apoyos que surgieron como respuesta
a peticiones de la ciudadanía, dijo el mandatario, quien en diciembre del año
pasado encabezó un foro especial en el que, subrayó, “fueron convocados de
manera plural ejidatarios, académicos, especialistas, y ciudadanía” para
debatir sobre este proyecto polémico.
“Si nos
quitan el río, no somos nada”
Sandra Miranda es delegada de los
ejidatarios de Atotonilco ante el municipio de Jiménez del Teúl y opositora al
proyecto de la presa. Junto a un grupo de 60 mujeres de edades que van desde
los 15 años, a los 26, 32, 50 y hasta los 60, ha encabezado desde octubre
pasado acciones de resistencia frente a las constructoras que han querido
introducir maquinaria pesada al río.
“Este movimiento de oposición ha
estado liderado por mujeres y también por hombres, pero las mujeres han jugado
un papel fundamental”, subraya Miranda.
“Las mujeres logramos detener a las
máquinas para que no entraran al río en el que quieren hacer la presa. Nos
pusimos enfrente y, a pesar de que fuimos agredidas verbalmente por los
operadores de las máquinas, no nos quitamos”, añade la activista.
Sin embargo,
todas estas acciones también tuvieron
consecuencias para Sandra, que denuncia haber sido objeto de hostigamiento
policial y de una campaña de desprestigio en medios locales.
“Tratan de intimidarnos, de meternos
miedo, diciéndonos, por ejemplo, que la Policía Federal viene en camino con una
orden para detenerme. O, en otras ocasiones, policías estatales, sin ningún aviso,
hacen guardia frente a mi domicilio. Mientras que, en otras, sueltan rumores
para ponerme mal con las comunidades, diciendo, por ejemplo, que ya me habían
dado un millón, que me había vendido”.
La última acusación que le hicieron
en medios locales, denuncia Sandra, es que ella lideró un intento de retener
contra su voluntad a un funcionario estatal que, el pasado 26 de abril, fue al
ejido de Atotonilco a ofrecer “apoyos sociales” a los pobladores, aunque la Red
Mexicana de Afectados por la Minería señala que, en realidad, el funcionario
fue a ofrecer dulces a los niños, becas, tinacos y estufas ecológicas para
convencer a los ejidatarios de que den su consentimiento al proyecto de la
presa.
“Nos acusan de secuestradoras. Pero
en el ejido, las mujeres no portan armas, ni siquiera piedras”, ríe Sandra.
En cualquier
caso, asegura Sandra ahora más seria,
van a continuar con la defensa del agua y la oposición al proyecto de la presa.
Por ahora, a través del Observatorio
y la Red Mexicana de Afectados por la Minería, han presentado denuncias ante el
Ministerio Público en Sombrerete, por la invasión de maquinaria en propiedad
ejidal, han interpuesto quejas ante las comisiones de derechos humanos de
Zacatecas y la Nacional, y ante la Procuraduría Agraria Nacional, y han
interpuesto recursos de amparo y juicios de nulidad, por la presunta
falsificación de firmas y actas de asamblea, por parte de funcionarios
gubernamentales.
“Vamos a seguir luchando por el agua
-concluye Sandra-. Porque si nos quitan el río, no somos nada”.

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