Por Efrén Flores.
Gran parte de las
compras del Gobierno mexicano, en los últimos 17 años, estuvo concentrada en 52
proveedores. Los integrantes de esta élite corporativa figuraron, por lo menos
durante un sexenio, entre las 10 empresas con más contratos, o bien, con
mayores ingresos derivados de contrataciones gubernamentales.
Durante los sexenios de Vicente Fox Quesada (2000-2006) y de
Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012) el
Grupo Fármacos Especializados (GFE) tuvo más contratos (3 mil 225 en total) que
ninguna otra empresa; y con Enrique Peña Nieto (2013-2018) y lo que va de
Andrés Manuel López Obrador (al corte de abril) se impuso la distribuidora de
perecederos Suma (12 mil 809 contratos en total).
En cuanto a las ganancias por sexenio, la especialista en comunicaciones y transportes Alstom, la empresa
automotriz Pego, la distribuidora médica Cyber Robotic Solutions y GFE
estuvieron a la cabeza con ingresos equiparables, en promedio, al cinco por
ciento del gasto sexenal por contrato público.
En México, las contrataciones públicas “representan alrededor
del 21 por ciento del gasto gubernamental y [el] 5 por ciento del Producto
Interno Bruto”, de acuerdo con un estudio (2018) de la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Entre 2002 y 2019, los
distintos órdenes de gobierno firmaron 1.9 millones de contratos por un monto
aproximado de 6.5 billones de pesos, según las cifras de los reportes de “datos
relevantes de los contratos ingresados a CompraNet”.
El 6.03 por ciento (111
mil 982) de esos contratos estuvo concentrado en 52 proveedores que acapararon
el 19.1 por ciento (1.2 billones de pesos) del gasto total en contrataciones públicas del
periodo.
ALSTOM-FCH
Este nivel de
concentración coincide con los hallazgos del Índice de Riesgos de Corrupción
(2018) del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). Según el documento, en México persisten dos tendencias: una
alta concentración del gasto en unos cuantos proveedores, así como un grupo
selecto de proveedores que se ve beneficiado por el sexenio en turno.
Las cifras oficiales indican que en 2002-2019, en promedio, el 80 por ciento de los contratos de las 52
empresas referidas fue adjudicado de manera directa, o bien, otorgado sin
concurso público de por medio.
Esta situación, aunque
puede deberse al grado de especialización de las empresas o a su capacidad de
competencia en sus respectivos mercados, no obstante podría estar “asociada con
la utilización ineficiente de los recursos públicos” y en algunos casos, con
“actos de corrupción entre particulares y servidores públicos”, de acuerdo con la Agenda de
Competencia (2018) de la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece).
LAS PREFERIDAS.
El año pasado, la
Cofece determinó que en el sistema de contrataciones públicas existe una
situación tal que “la búsqueda de la mayor concurrencia y competencia [en las
contrataciones gubernamentales] no constituye la regla”.
En los últimos tres
sexenios y lo que va del actual, hubo más de 205 mil
proveedores gubernamentales, de acuerdo con las cifras oficiales analizadas por
la Unidad de Datos de SinEmbargo. De ellos, 52 destacaron por sus altos niveles
de contratación y/o de ingresos; aunque sólo 13 lograron mantenerse, por más de
un sexenio, entre los 10 mayores proveedores gubernamentales.
En esta lista figuran
las compañías Farmacéuticos Maypo y GFE, mismas que predominan hoy, tal como lo
hicieron en las últimas tres administraciones. También están Nestlé, Summa
Company y Procter & Gamble México (tres sexenios cada una), además de
Alstom, Laboratorios Pisa, Solar Turbines, Efectivale, Grupo Industrial Maseca,
Pepsico México, Conservas La Costeña y Unilever de México (dos, respectivamente).
Con Fox, por ejemplo, tres de cada 100 contratos y 14 de cada 100 pesos gastados, fueron
obtenidos por al menos 10 empresas; y con Calderón la proporción en contratos
fue la misma, aunque la concentración de ganancias (40 de cada 100 pesos) en
unas cuantas manos fue casi tres veces mayor.
Durante los años de gobierno de Peña, en cambio, cinco de
cada 100 contratos –casi el doble que con Fox y Calderón– fueron obtenidos por
al menos 10 empresas, no obstante que la concentración del gasto fue a la baja,
con ocho de cada 100 pesos –entre la mitad y cinco veces menos que con Fox y
Calderón, respectivamente– en manos de 10 proveedores.
En los primeros cuatro meses de la actual administración, las cifras oficiales indican la mayor tasa
de concentración de contratos (seis de
cada 100) de los últimos 17 años, así como una tasa de concentración del gasto
similar a la del calderonismo (16 de cada 100). Este dato, empero, únicamente
refleja la tendencia del sexenio pasado, ya que muchos de los contratos
vigentes fueron licitados en el año previo.
De acuerdo con el Plan Nacional de Desarrollo (PND)
2019-2024, el Gobierno del Presidente
López Obrador combatirá “de manera frontal” las prácticas de desvío de
recursos, de concesiones por actos de colusorios, tráfico de influencias,
compadrazgos y nepotismo, así como “el aprovechamiento del cargo o función para
lograr cualquier beneficio personal o de grupo”.
Para ello, el
Ejecutivo federal se comprometió a “prohibir las adjudicaciones directas” que,
según el PND, son sinónimo de “corrupción” (aunque no necesariamente sea el
caso).
ADJUDICACIÓN Y PRIORIDADES.
Las adjudicaciones directas fueron el pan de cada día durante
los últimos 17 años. En lo que va del nuevo Gobierno, así como en los tres
sexenios anteriores, siete de cada 10 contratos fueron adjudicados.
Pese a que la tasa de adjudicaciones por número de contratos
fue al alza (+1.4 por ciento) durante el periodo mencionado, el monto
proporcional a los contratos adjudicados decayó, año con año, hasta alcanzar su
promedio más bajo en 2019.
Entre los sexenios de Fox y Calderón, el monto adjudicado fue
reducido en 12.7 puntos porcentuales (pasó de 94.6 a 81.8 por ciento de los
egresos en contrataciones públicas). Con Peña, este indicador volvió a caer en
13 por ciento (de 81.8 a 68.8) y en los primeros cuatro meses de 2019, hubo una
reducción adicional de 8.5 puntos (pasó de 68.8 a 60.3 por ciento).
Lo anterior indicaría
que, aunque el número de contratos adjudicados ha sido el mismo desde hace 17
años, la cantidad de recursos adjudicados es menor en una tercera parte. Esto
es que, la composición del gasto por procedimiento ha sido redistribuida paulatinamente,
situación reflejada, asimismo, en la diversificación de procedimientos por
sexenio.
Por ejemplo, las
cifras de CompraNet sobre los 175 mil 982 contratos del periodo 2002-2006
indican el uso de dos tipos diferentes de procedimiento de contratación
(adjudicación directa e invitación a cuando menos tres personas). En cambio, en
2007-2012 hay referencia del uso de adjudicaciones y concursos restringidos,
además del uso de licitaciones públicas.
En los periodos 2007-2018 y enero-abril de 2019, a esos tres
tipos de procedimientos se sumaron las referencias a excepciones de Ley, así
como a proyectos de convocatoria.
La diversificación de procedimientos, empero, no implica que
hayan mejorado las condiciones de competencia o que los riesgos de corrupción e
ineficiencia presupuestaria fueran reducidos. Sin embargo, refieren una
complejización creciente del sistema de contrataciones públicas (que habría de
ser analizada con mayor detenimiento para conocer sus consecuencias).
Por otro lado, las contrataciones públicas por partida son un
indicador que sirve para vislumbrar las prioridades del gasto presupuestario
que, idealmente, están diseñadas de acuerdo con objetivos principales y
transversales por sexenio.
Durante los años de
Gobierno de Fox y de Calderón, el gasto concentrado en las 52 empresas
analizadas por SinEmbargo fue para la compra de bienes y servicios médicos
(51.1 y 30.4 por ciento, respectivamente), así como para bienes y servicios
industriales (35.7 y 22.2) para el desarrollo, por ejemplo, de infraestructura
eléctrica, de transporte, tecnológica y para maquinaria, entre otros.
Con Peña, en cambio, el gasto en bienes y servicios médicos (32.2 por ciento) fue menor al
gasto en productos alimenticios (43.3 por ciento); y en los primeros meses del
nuevo Gobierno, el gasto médico (58.9) superó al de los alimentos (21.7).
En promedio, en los
últimos 17 años, el 74 por ciento del gasto concentrado en 52 proveedores
gubernamentales fue destinado a la compra de productos médicos, industriales y
alimenticios.

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