Raymundo
Riva Palacio.
El viernes
pasado, el presidente Andrés Manuel López Obrador recibió a los desarrolladores
inmobiliarios Abraham y Elías Cababie. La reunión pasó desapercibida, pero de
acuerdo con los antecedentes sobre lo que está pasando en el sector de la
construcción en la Ciudad de México, hay que prestar atención. Los Cababie
encabezan el Grupo GICSA, que ha sido responsable de algunos de los desarrollos
sobresalientes en la capital, como Paseo Arcos Bosques, el corporativo de HSBC
o el Forum Buenavista, y su encuentro con López Obrador se inscribe en las
crecientes críticas que le han hecho llegar al Presidente los constructores
sobre el actual gobierno de Claudia Sheinbaum en la capital federal.
La queja,
cada vez más insistente, es que Sheinbaum ha frenado completamente la
construcción en la Ciudad de México, provocando una crisis que afecta a los
desarrolladores inmobiliarios, al empleo en el sector y, como consecuencia, a
la economía de la ciudad, que representa el 18% del total nacional. El
planteamiento es que esta política tendrá consecuencias en la política
económica federal, al provocar una desaceleración que impactará negativamente
las tasas de crecimiento y empleo. Como botón de muestra, sólo en el corredor
inmobiliario en Cuajimalpa, ya hay seis mil albañiles sin trabajo por esta
razón.
El atorón
inmobiliario tiene como origen la creencia de Sheinbaum de que hubo corrupción
en el sector durante el gobierno de Miguel Ángel Mancera, y su convicción de
que la Ciudad de México ya tiene demasiados desarrollos inmobiliarios. Al hacer
una evaluación de sus primeros días de gobierno en marzo, dijo que “estamos
acabando con la corrupción que llevó al desorden inmobiliario”, y que se habían
revisado los 174 polígonos de atención autorizados. Un polígono de atención es
una superficie delimitada de suelo que integran uno o más predios para realizar
proyectos urbanos, que tienen que ser autorizados por la Secretaría de
Desarrollo Urbano y Vivienda local.
Sheinbaum
detalló en su informe que 48 de ellos tenían “irregularidades graves” y la
construcción en 17 había sido suspendida, pero la forma como maneja los números
y emplea los argumentos ha sido inconstante y en algunos casos, de manera muy
preliminar. Un mes antes de su informe de los 100 días, dijo que se habían
suspendido las actividades en 12 obras inmobiliarias, a fin de atender los
reportes de la ciudadanía ante anomalías detectadas en la autorización de los
174 polígonos de actuación. En este caso, habló de irregularidades en todos los
polígonos, que en febrero ya no resultaron todos los que mostraron anomalías,
sino únicamente en el 25% de ellos. Las obras restantes, sin embargo, no se
reanudaron en las alcaldías de Cuauhtémoc, Álvaro Obregón, Coyoacán y Benito
Juárez, donde se concentran las obras.
Sheinbaum ha
dicho que se abusó de los polígonos de actuación durante 2017 y 2018, al
autorizar obras sin fundamento legal con base en los programas de desarrollo
urbano, como permitir una mayor cantidad de niveles de construcción, la
ampliación de la superficie de desplante y la relocalización de usos entre las
demarcaciones. Daniel Narváez, director de mercadotecnia del portal
especializado Lamudi, dijo en marzo en una entrevista de prensa, que además de
los 17 proyectos suspendidos, había otros 29 cuya construcción creía también
sería detenida. Eso no sucedió, ni se ha vuelto a hablar del tema. No obstante,
se golpeó al sector inmobiliario al suspenderse las obras, no por iniciativa de
los desarrolladores sino, como señalan algunos afectados, porque las alcaldías
dejaron de autorizar permisos para la construcción.
Las
políticas de vivienda del gobierno central han permeado en las alcaldías,
mayoritariamente gobernadas por Morena, el partido en el poder, lo que ha
acentuado la crisis del sector. Desde junio del año pasado, antes de las
elecciones presidenciales, se estimaba que las ventas en el sector se iban a
ralentizar en este año, dada la experiencia que en cada cambio de gobierno
federal caen entre 15 y 20%. Eugenio Towle, socio de la consultoría
inmobiliaria Softec, dijo durante un foro en junio que la disrupción de los
procesos llega a tomar seis meses de curva de aprendizaje antes de que se
normalice el sector. En esta ocasión, sin embargo, eso no sucedió y todo se
congeló.
De acuerdo
con el Centro de Estudios Económicos del Sector de la Construcción, durante el
primer bimestre de este año, la actividad productiva de la industria permaneció
prácticamente estancada, con un crecimiento marginal de 0.1% con respecto al
mismo periodo de 2018, lo que afectó en la generación de empleos. Por ejemplo,
Susana Miranda, presidenta del Colegio de Arquitectos de la Ciudad de México,
dijo a la prensa que durante ese bimestre, alrededor de 300 de sus afiliados estaban
sin trabajo desde el cambio de gobierno, y anticipaba que podría detonarse una
crisis si las alcaldías seguían negando permisos de construcción.
Aquellos
síntomas se volvieron una enfermedad, y el sector privado –aún quienes no están
dentro de la industria–, están sonando las alarmas en el gobierno federal. No
tuvieron interlocución en el gobierno de la Ciudad de México, por lo que el
problema le llegó a López Obrador. No hay una claridad aún sobre qué decisión
tomará el Presidente, ni qué tanto ha sido convencido de que tiene que actuar
para reactivar al sector inmobiliario y de la construcción, que va en beneficio
no sólo de estos y de trabajadores, sino de su propia política económica y
laboral.
Nota: En la
columna del lunes, se identificó erróneamente a la responsable del proyecto de
las universidades públicas “Benito Juárez”, como Bertha Luján. La responsable
es Raquel Sosa.
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