Por José Gil
Olmos.
El domingo 5
de mayo varios miles de mexicanos se manifestaron en diversos puntos del país,
sobre todo en la Ciudad de México, exigiendo la renuncia del presidente Andrés
Manuel López Obrador que apenas lleva cinco meses gobernando. Lo acusan de
afectar las inversiones, de la violencia y la inseguridad y aseguran que está
gobernando con puras ocurrencias.
Los inconformes del domingo pasado
son parte de un sector representativo de la sociedad mexicana al que no le
gusta la figura ni la forma de gobernar de López Obrador. Como ellos hay muchos
otros que habrán de manifestarse en los siguientes años con el derecho de libre
expresión que ofrece la Constitución. Pero también son una muestra de la
violencia y la polarización que han dejado las elecciones a partir de 2006 y
que hoy se expresan públicamente con insultos de raza y clase social.
El domingo los que marcharon del
Ángel al Monumento a la Revolución se molestaron cuando los describí como
mexicanos de clase media y alta, vestidos a la moda y en su gran mayoría de tez
blanca. Acusaron de racista y en redes sociales usaron el insulto antes de
establecer cualquier posibilidad de dialogo.
Aun así, a uno de estos inconformes le explique que
a las marchas que he asistido como reportero siempre hago una descripción de
los participantes ya sean indígenas, campesinos, familiares de víctimas de la
violencia, estudiantes, obreros, etc. Pero de nada sirvió el argumento:
“moreno”, “mierda”, “chayotero”, siguieron los insultos.
Solo una señora de padres migrantes
españoles estableció un dialogo en redes sociales y pidió que se dijera que
muchos de los que marcharon el domingo al mediodía eran empresarios a los que
les están clausurando sus proyectos de inversión, profesionales que generan
empleos, no fifís, sino mexicanos. Eso no fue lo que escuché ni leí en sus
pancartas, sino las descalificaciones y los insultos, le dije.
La reacción violenta en la marcha y
en redes sociales en contra de quienes los describimos y entrevistamos –véase
las entrevistas de Hernán Gómez en El Universal—es muestra no solo de la
polarización social, sino del clasismo y racismo que persiste en el país y que
es expresión de un subdesarrollo cultural sobre el que hay que reflexionar
seriamente si queremos avanzar como sociedad.
Es evidente que en cinco meses de
gobierno López Obrador ha lastimado los intereses de algunos sectores sociales
como a los burócratas que rescindieron, los médicos residentes que ya ni fueron
contratados, los grandes empresarios que se llevaban todos los contratos de
obra gubernamental, entre muchos otros que están inconformes.
Pero su enojo y resentimiento social
expresado en la marcha del domingo no justifica las descalificaciones que han
expresado esta y otras veces que han protestado en contra de quienes votaron
por López Obrador. “Tienen el cerebro chiquito”; “son ignorantes”; “los
compraron con una lavadora” descartando que la mayoría de quienes votaron en la
elección presidencial del año pasado fue una expresión del cansancio y hartazgo
en contra de la violencia, la corrupción, la impunidad y la injusticia de los
últimos sexenios en los que han gobernado el PAN y el PRI. Los mismos males de
los que se quejaron en la marcha y de los que hoy culpan a López Obrador.
Por cierto… La maestra Beatriz Urías, del Instituto de
Investigaciones Sociales de la UNAM, escribió un artículo en el que menciona
que la discriminación racial en México rebasa la cuestión indígena ya que “en
la vida social ordinaria circulan y se articulan estereotipos que atañen un
abanico de posibilidades fenotípicas asociadas a fenómenos de marginación,
pobreza y carencia de oportunidades”. Recuerda que, en 1966 la Asamblea General
de las Organización de las Naciones Unidas (ONU) proclamó como el Día
Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial el 21 de marzo de
cada año. En esa fecha de 1960, fueron asesinadas 69 personas en una
manifestación pacífica contra las leyes de pases del apartheid en Sharpeville,
Sudáfrica. “Desde entonces, se ha construido un marco internacional para luchar
contra el racismo, guiado por la Convención Internacional sobre la Eliminación
de todas las Formas de Discriminación Racial” señaló la investigadora.
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