Por
Guadalupe Correa-Cabrera.
Una de las actividades ilícitas y
criminales más difíciles de investigar es la relacionada con el tráfico de
órganos. La demanda por órganos para la realización de trasplantes en casos de
“vida o muerte” es infinitamente mayor que la oferta. Algunas fuentes calculan
que la oferta legal o donación de órganos cubre únicamente un 10 por ciento de
la demanda total por los mismos. Esta cifra es aproximada, pero la gran
necesidad crea un mercado negro de enormes dimensiones que genera ganancias millonarias
para los que operan y fungen como intermediarios en una red que lucra con la
necesidad y vulnerabilidad de otros seres humanos.
Acuerdos internacionales y
legislaciones nacionales establecen controles estrictos y penas severas para el
intercambio ilegal y la venta de órganos. Entre ellos se encuentran la
Declaración de Estambul en 2008—en la cual destaca el papel de la Sociedad de
Trasplantes (TTS, por sus siglas en inglés) y la Sociedad Internacional de
Nefrología (ISN)—cuyo principal objetivo es detener el turismo para la
realización de trasplantes y combatir el tráfico de órganos. La Asamblea
Vaticana en 2017, encabezada por el Papa Francisco, también aborda el tema con
preocupación dada la crisis de refugiados y la gran vulnerabilidad de este grupo
ante las redes de tráfico de órganos. De igual forma, existen centros para
realizar trasplantes en algunos países del mundo (como Estados Unidos) donde se
establecen mecanismos para que los donantes no reciban pago—a través de
entrevistas a participantes, requerimientos de periodos de espera más
prolongados y otras prácticas afines.
La estricta (y muy entendible)
regulación en el tema del intercambio de órganos a nivel internacional refuerza
el mercado negro que se manifiesta de varias maneras. Por un lado, los
compradores de órganos en países de mayor ingreso ingresan al mercado ilegal
para obtener órganos en naciones menos desarrolladas (del Sur de Asia como
Bangladesh, India, Paquistán o Nepal; o países en el Medio Oriente, el Este de
Asia, África, Centroamérica y Sudamérica). Esto se da muy frecuentemente a
través de intermediarios. La estafa, el engaño y la presión son prácticas
frecuentes en este mercado ilegal debido a las precarias condiciones económicas
de los vendedores de órganos. Compradores acaudalados de naciones desarrolladas
como Estados Unidos, Israel, Australia, países europeos (e incluso de países no
tan ricos) pueden salvar sus vidas con ayuda de intermediarios que buscan
vendedores desesperados o severamente endeudados (casi siempre en países de
menor ingreso) a quienes no les ha quedado más remedio que vender un órgano en
condiciones bastante precarias y casi siempre de muy alto riesgo en términos de
salud.
La venta ilícita de órganos nos
demuestra las contradicciones y grandes desigualdades en un sistema capitalista
que victimiza y trata como mercancía al cuerpo humano de los más necesitados.
Pero en este mercado negro, más allá de la venta “consensuada” de órganos
(muchas veces inducida por la necesidad del que menos tiene), parecen existir
prácticas aún más inhumanas donde existe fraude, fuerza o coerción que llega
incluso a derivar en el asesinato de la víctima para la extracción de sus
órganos. Estaríamos hablando ahora del fenómeno de trata de personas**. De
acuerdo a la experiencia internacional, estos casos llegan a involucrar a
peligrosas bandas del crimen organizado y se dan en condiciones de extrema
vulnerabilidad para las víctimas, quienes muchas veces se encuentran huyendo de
sus países de origen por persecución política, guerra, o condiciones de
violencia y pobreza extremas.
Ejemplos claros de esta situación se
pueden encontrar en algunos países del Medio Oriente, como Siria, y algunos
países de nuestra región, como los del llamado Triángulo Norte de
Centroamérica. Si los casos judicializados sobre venta ilegal de órganos son
muy escasos y la información al respecto es muy limitada, los casos de trata de
personas para la extracción de órganos vinculados a delincuencia organizada son
infinitamente más difíciles de encontrar y documentar. En general, cualquier
actividad relacionada al tráfico de órganos se invisibiliza debido a las
grandísimas ganancias que genera este mercado negro, así como a las redes de
corrupción que involucran a conocidas y poderosas personalidades en los
sistemas de salud públicos y privados de los países relevantes.
El caso de la trata de migrantes y
refugiados para la extracción de órganos constituye una tragedia humana de
dimensiones que son difíciles de imaginar. Existen múltiples testimonios al respecto,
pero muy escasas evidencias y pareciera ser que poca voluntad para investigar
por parte de las autoridades de los países en los que esto sucede. No obstante
lo anterior, y considerando la dificultad al realizar las investigaciones y lo
bien protegidas que parecen estar las redes dedicadas al tráfico de órganos,
existen algunos casos clave y testimonios que se van extendiendo y que nos van
dando luz para comprender mejor este fenómeno e integrar expedientes judiciales
de forma más efectiva.
La tragedia de los refugiados sirios
ha recibido importantes reflectores, aunque las investigaciones son aún
incipientes. Los casos de trata de personas para la extracción de órganos de
migrantes centroamericanos y de aquellos que transitan por México buscando asilo
en Estados Unidos constituyen un fenómeno complejo y muy delicado. En la era
actual, es preciso prestarle especial atención al fenómeno dadas las recientes
migraciones en masa inducidas por las terribles condiciones en los países de
origen o alentadas por las nuevas redes de traficantes de personas y
organizadores de caravanas. El número de jóvenes, niños y mujeres que transitan
por las peligrosas rutas migratorias de México se ha multiplicado de forma
exponencial. Ellos parecen ser las víctimas más vulnerables y las preferidas
por los traficantes de órganos.
El fenómeno de la trata de migrantes
y refugiados centroamericanos para fines de extracción de órganos no es un
fenómeno nuevo. Se ha ido documentado parcialmente en los últimos años, desde
que iniciamos nuestra labor académica y de defensoría (respectivamente) a lo
largo de las rutas migratorias y para conocer la operación del crimen
organizado en México. En este proceso, apreciamos y documentamos la
conformación de la cadena delictiva en contra de las personas migrantes. Como
parte de esta secuencia criminal, los migrantes son primeramente tratados como
mercancía al ser asaltados, extorsionados, secuestrados (para cobros de
rescates) y utilizados con fines de explotación sexual o laboral. Un segmento
subsecuente en esta cadena delictiva es el sicariato forzado para varones y los
trabajos forzados para mujeres en casas de seguridad del crimen organizado.
Es eslabón final de la cadena se
manifiesta en la forma más inhumana de explotación. Después de toda la serie de
abusos anteriormente mencionados, el crimen organizado se llega a aprovechar de
lo último y más valioso que le queda al migrante: sus órganos. Existen varios
testimonios por parte de las víctimas que se han recopilado directamente en los
albergues y por defensores de derechos humanos en las rutas migratorias. Dichos
testimonios se han cotejado con los hallazgos en fosas clandestinas ubicadas
principalmente en Veracruz y Tamaulipas—y en menor medida en Coahuila,
Michoacán y en la frontera sur de México. Según algunas investigaciones
preliminares y testimonios de defensores de derechos humanos y otros miembros
de la sociedad civil, se han encontrado cuerpos desmembrados (muy posiblemente
de migrantes en su mayoría) sin vísceras y sin algunos de sus órganos más
importantes (por ejemplo: riñones, pulmones, páncreas; incluso huesos y piel).
Según estos testimonios, participan directamente el crimen organizado, médicos
especializados y autoridades corruptas de distintos niveles.
A simple
vista, esto pareciera ser imposible o
inexplicable, debido a la muy alta complejidad en lo que se refiere a la
preservación de los órganos. Las autoridades mexicanas han negado
sistemáticamente la existencia de este fenómeno en el país, considerándolo un
mito o catalogando los testimonios respectivos de fantasiosos. Para un
trasplante exitoso de órganos se requiere de compatibilidad, así como del
compromiso por parte de médicos especializados (nefrólogos, cirujanos,
anestesiólogos) y la participación de otros proveedores de servicios (técnicos
de laboratorio, técnicos farmacéuticos, administradores de hospital, etc.). Los
casos judicializados de venta de órganos—como el de Costa Rica—nos muestran la
complejidad de estas operaciones, así como el involucramiento de personal de
hospitales y médicos de gran prestigio. Autoridades y compañías privadas
también juegan un papel importante.
En resumen, los casos de venta ilícita de órganos
existen, pero ha sido sumamente difícil detectarlos. Las investigaciones
correspondientes ilustran la enorme dificultad de extraer, preservar y trasplantar
órganos. Por lo tanto, las autoridades de diversos países (como las mexicanas)
niegan de entrada la existencia de la trata de migrantes para la extracción de
sus órganos por parte de grupos criminales como Los Zetas o Los Caballeros
Templarios. Sin embargo, los testimonios no son aislados, se multiplican y se
acompañan del hallazgo de cuerpos mutilados sin órganos. Vale la pena revisar
las declaraciones al respecto del Padre Alejandro Solalinde, fundador del
albergue para migrantes Hermanos en el Camino. El Padre Solalinde nos cuenta
incluso de una investigación muy seria realizada años atrás por el Buró Federal
de Investigaciones (FBI, por su sigla en inglés). Él también ha denunciado la
existencia de clínicas clandestinas en el norte de México donde se hacen las
extracciones y los trasplantes. Otros defensores y miembros de la sociedad
civil que trabajan con migrantes han identificado acontecimientos similares que
involucran supuestamente al crimen organizado. Aparentemente sí se han abierto
investigaciones de trata de personas para la extracción de órganos en México,
como una que involucró a los Caballeros Templarios.
Dada la
información que hemos podido recopilar al revisar casos judiciales en otras
partes del mundo, el fenómeno de la
trata de migrantes para la extracción de órganos podría ser una realidad en
México y extenderse a niveles que no imaginábamos. Muchos consideran esto una
mera especulación, pero hay elementos que justifican un seguimiento puntual de
las líneas de investigación abiertas. Lo dicho aquí se sustenta en la
interacción directa con los migrantes y la recopilación de sus testimonios.
Recordemos además la investigación por parte del FBI. Es importante también
considerar el gran número de migrantes desaparecidos en México y el estado de
algunos cuerpos encontrados en fosas clandestinas. Por lo anterior, creemos en
la imperante necesidad de continuar las investigaciones ya iniciadas al
respecto y colaborar directamente con los países que han iniciados sus propias
averiguaciones. El tráfico de órganos es un fenómeno transnacional que
involucra aparentemente a personas de mucho poder y prestigio, ofrece ganancias
millonarias a los involucrados, y cuya existencia no puede negarse. Cuando hay
demanda se crea una oferta. Las leyes del mercado no se pueden cuestionar.
En tiempos
de grandes migraciones en lo que puede considerarse una crisis mundial, este delito no debería quedar impune. El
papel de los traficantes y tratantes de personas, así como del crimen
organizado en general, en las rutas migratorias es cada vez más importante.
Ellos se infiltran en las movilizaciones en masa y se aprovechan, junto con las
autoridades corruptas, de todo lo que valen los migrantes. El uso político de
las caravanas y su parte inorgánica abonan a este problema. Ahora el migrante
no vale únicamente como mercancía en vida. Se lucra con su cuerpo en vida, su
dinero, su trabajo, con su significado político y hasta con sus órganos. Esta
es la gran tragedia del éxodo migrante.
*Manuel
Arellano es Abogado Parlamentario, Maestro en Estrategias y Prácticas
Anticorrupción y Maestro en Democracia y Parlamento por la Universidad de
Salamanca, España. Es además especialista en DDHH y se ha dedicado a la
defensoría de las personas migrantes por más de 10 años.
Twitter:
@romanolo
Facebook:
Manuel Arellano
**En el
presente análisis distinguimos dos modalidades en el tráfico de órganos: 1) la
venta ilegal de órganos (con el supuesto “consenso” de todas las partes) y 2)
la trata de personas para la extracción de órganos (a través de fraude, fuerza,
coerción, e incluso tortura y homicidio).
Hola, mi nombre es Dr. James Henry del Hospital Universitario de la Universidad de Benin, soy especialista en cirugía de órganos, y nos encargamos de la compra de órganos a humanos que queremos vender, y estamos ubicados en Nigeria, EE. UU. Y Malasia. , pero nuestra oficina central está en Nigeria. Si está interesado en vender su riñón o en vender cualquier parte de su órgano corporal, comuníquese con nosotros para obtener más información. Contáctenos a través de
ResponderBorrarCorreo electrónico: jameshenryhome@gmail.com
Número de Whatsapp +2348110133466
Esperando saber de ti.
Saludos,
Dr. James
CEO
HOSPITAL DE ENSEÑANZA DE LA UNIVERSIDAD DE BENIN.
Doc james
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Dr. james
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UNIVERSIDAD DE BENIN HOSPITAL DE ENSEÑANZA.
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