Por Adela
Navarro Bello.
Hablando del
Poder Judicial, el Presidente Andrés
Manuel López Obrador sugirió se separaran del Poder Ejecutivo. Antes de
ejemplificar con su caso, se refirió a los Tribunales de Justicia de los
Estados, de cuyos titulares dijo, “sería bueno que los presidentes de los
tribunales de justicia de los estados no fuesen empleados de los gobernadores
porque resulta, con todo respeto, que la mayoría de los presidentes de los
Poderes Judiciales en los estados, dependen del Gobernador, casi en todos, es
una mala costumbre, entonces no hay independencia”.
Ciertamente en muchas entidades los
poderes autónomos que comprenden el Estado suelen estar supeditados a uno de
ellos, al Ejecutivo. La prenda que los mantiene al arbitrio del Gobierno del estado
es el recurso económico. El dinero. El presupuesto.
La federación suele entregar para su
reparto, uso y destino, el presupuesto al Gobierno estatal, desde donde se
elabora un presupuesto de egresos que, a saber consensuado con el poder
Legislativo, será entregado a los poderes, a los órganos descentralizados.
En Baja California por ejemplo, y aun
en el Gobierno de Francisco Vega de Lamadrid, en cuyo mandato el estado
atraviesa por una severa crisis financiera, desde el Poder Judicial han
solicitado, primero al Secretario de Finanzas estatal y después a los diputados,
un incremento al presupuesto del poder judicial que apenas llega a los mil
millones de pesos, porque resulta necesario, en estos momentos de inseguridad y
violencia, abrir por lo menos 21 juzgados para poder conocer de manera
eficiente de los casos.
Sin embargo,
de manera sistemática la ampliación del
presupuesto les es negada en la secretaría de finanzas, y por supuesto en la
Cámara de Diputados locales. De hecho, en el desaseo financiero que prevalece
en el gobierno de Baja California, es sabido que a la fecha se le adeudan más
de 90 millones de pesos al Tribunal Superior de Justicia, luego que desde
octubre de 2018 le fueran retrasados los pagos por parte del ejecutivo estatal,
dejando incluso quincenas sin cubrir el sueldo a magistrados, jueces y demás
integrantes del Poder Judicial.
El Gobierno
de Baja California “no se ha puesto al
día” con los adeudos al tribunal, tampoco de hecho con los más de 988 millones
de pesos que debe a la Universidad Autónoma de Baja California.
Con esa sujeción presupuestaria del
Poder Ejecutivo hacia el Poder Judicial, las condiciones para buscar la real
independencia entre poderes se tornan difíciles, particularmente en un país
como el nuestro donde el poder suele ser utilizado para castigar a opositores,
críticos, contrincantes. Difícilmente veremos, por ejemplo, al presidente del
Tribunal exigir de manera pública que el Gobernador cumpla con la obligación de
entregarles el presupuesto asignado por el Congreso del Estado, porque de
hacerlo, evidenciaría que hay una mala administración, y sería castigado por
ello, ¿cómo? Con el retraso de la entrega de los recursos, sí, más retraso.
Entonces, el presidente del Tribunal debe andar
cabildeando, con el Secretario de Finanzas, o con el Gobernador, para que los
dineros que por ley le corresponden al Poder Judicial, le sean entregados.
Finalmente la autonomía no puede consolidarse cuando de otro poder dependen la
sobrevivencia económica de una institución.
En Estados como Baja California,
donde el Poder Ejecutivo tiene una fuerte influencia sobre el Poder
Legislativo, el cual controla a partir de una mayoría en la cámara local, no
hay mucho margen para sostener la independencia de los poderes. Con 13
diputados de 25 que integran la cámara, Francisco Vega de Lamadrid ha logrado
no solo castigar al Poder Judicial para someterlo, sino entregarlo a los
legisladores, quienes también sacan provecho de la necesidad de presupuesto.
Por ejemplo, exigen plazas en el Tribunal Superior para votar a favor medidas
que benefician al Poder Judicial.
Las negociaciones que inician en la
Secretaría de Finanzas concluyen en el Congreso del Estado, restando aún más
independencia del Poder Judicial. No hay a la fecha en México otra fórmula para
la entrega de recursos que el camino del Gobierno Federal, vía Cámara de
Diputados, Gobierno del Estado.
A propósito de las deudas que
mantiene la administración de Francisco Vega en Baja California, y de la nueva
política del Gobierno federal, de no entregar recursos a programas específicos,
sino directamente a los beneficiados, la idea de establecer criterios de
asignación de recursos directos a los poderes del Estado se ha estado
sopesando.
De la Universidad Autónoma de Baja
California, por ejemplo, han acudido a la Secretaría de Educación Pública, para
cabildear que le sea enviado recurso al Gobierno del Estado, pero etiquetado
para cubrir el adeudo que se tiene con la Universidad. De hecho, hace alguna
semanas tanto Rector como Gobernador firmaron un convenio que 600 millones de
pesos que enviaría la federación, fuesen directamente a las arcas
universitarias (no ha sucedido).
El Poder Judicial en los estados,
como los organismos autónomos, requerirían de un esquema de entrega de recursos
similar al utilizado para asignar las participaciones federales a estados y
municipios, que sus dineros se determinaran a partir de una fórmula, de un
proyecto y de un presupuesto, y fuesen entregados de manera directa para su
ejercicio y supervisión de gasto. Eso les daría independencia del Poder
Ejecutivo local, pues el recurso es la prenda que los mantiene amarrados al
poder del Gobernador para controlar el dinero y al Congreso.
De continuar el esquema actual, en el
cual el Gobierno del Estado reparte, el resto de los poderes seguirán sujetos
al Gobernador en turno. Sí, el Presidente tiene razón, los tribunales
superiores de justicia deberán actuar con independencia de los gobernadores,
pero en las condiciones actuales de distribución de recursos, tienen muy poco
margen para maniobrar.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.