Javier Risco.
José Antonio
es el segundo hijo de un matrimonio que tuvo a cuatro. Desde los 19 años ayudó
a criar a sus cuatro sobrinos. Los cuidaba, cambiaba sus pañales e iba por
ellos a la escuela. También es el encargado de ir por las tortillas y el pan
mientras su mamá cocina. Cada octubre su máxima pasión es salir de viaje a
Acapulco. Le gustan las albercas y la playa. Es un gran aficionado de los Pumas
y en el rostro tiene una cicatriz porque de niño se emocionó tanto cantando “El
Rey”, de José Alfredo Jiménez, que no controló sus movimientos y se pegó contra
un vidrio.
Tony, como
toda su familia lo conoce, nunca está de mal humor. Hace unos días cumplió 50
años de edad, aunque cuando nació los doctores le dijeron a Emma, su madre, que
no llegaría a los ocho. En el parto tragó líquido amniótico y eso le causó un
daño cerebral. Y aun con su discapacidad intelectual le habría gustado
estudiar, pero en los setenta, cuando él era estudiante, no había escuela que
lo recibiera y fue discriminado. Fuera de eso, lleva una vida de familia en la
que todos en la colonia lo cuidan y lo conocen.
En México
hay al menos 7.1 millones de personas con alguna discapacidad, según INEGI. Y
todos los que hoy no padecemos alguna la tendremos en nuestra vejez.
La Encuesta
Nacional sobre Discriminación de 2017 de este mismo Instituto, señala que 1 de
cada 4 personas que tiene alguna discapacidad sufrió discriminación. La
ignorancia es contagiosa y los prejuicios también.
La
encuestadora Parametría tiene datos preocupantes también: 17 por ciento de las
personas con discapacidad se sienten discriminadas en su propia familia. El 18
por ciento dentro de su trabajo. Y entre los encuestados, 4 de cada 10 cree que
aunque la discriminación es un problema, es algo que debe atenderse en casa y
no una obligación en la que deba intervenir el Estado.
Y en medio
de este panorama desolador y preocupante hay una gran noticia: Yo También. La
nueva etapa del proyecto que desde 2003 comenzó la periodista Katia D’Artigues,
y al que se unieron también la periodista Bárbara Anderson y el abogado
defensor de derechos humanos Agustín De Pavía, tiene como objetivo generar un
newsletter semanal que hable, desde el periodismo, de discapacidad, y más
importante aún: sobre inclusión.
“¿Cuántas
chances hay de que dos periodistas compartan, además de su oficio, el desafío
de ser madres de niños con discapacidad? Esta causalidad nos permitió reportear
sobre esta minoría con conocimiento, reputación y empatía.
“Porque
todos necesitan información clara, sencilla y correcta sobre discapacidad:
legisladores, gobierno, empresas, OSC y las propias personas con discapacidad.
“Lanzamos el
newsletter Yo también para leer noticias de, sobre y desde la discapacidad, que
cada viernes polinizaremos vía e-mail”. Así empieza el primer correo que llegó
a quienes nos suscribimos desde el pasado 3 de mayo, fecha en que se cumplieron
11 años de que México suscribió la Convención sobre Derechos para Personas con
Discapacidad.
El esfuerzo
que emprenden Katia, Bárbara y Agustín, ellas madres de hijos con discapacidad
y él un abogado que también vive con una, es una contribución valiosa,
necesaria y urgente para poner esos temas que deberían estar en boca de todos.
Porque importa romper con datos e investigación los muros de la ignorancia, porque
no necesitamos espacios “especiales” para quienes viven con una discapacidad,
sino espacios incluyentes. Porque la tragedia no es la discapacidad, la
tragedia es la discriminación.
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