Diego
Petersen Farah.
Una vez
más el Presidente López Obrador da una muestra de su genialidad comunicativa y
su olfato político. Convocar a la marcha de la dignidad en Tijuana es una
jugada de tres bandas con renverse, como aquellas de fantasía que lograba el
“Pajarito Michoacano” en la mesa de carambola.
Igual que
todos los mexicanos medianamente informados el Presidente sabe que el lunes
amaneceremos con un arancel generalizado de cinco por ciento y que lo que haga
o deje de hacer el Canciller Ebrard es poco importante frente a la agenda del
Presidente de los Estados Unidos. Los demócratas habían puesto una trampa a Trump:
alargarían lo más posible la discusión de la aprobación del T-MEC, usando el
tema laboral como excusa, para llegar a las elecciones del 2020 sin que la
administración republicana hubiese logrado materializar sus dos grandes
promesas: el muro y abolir el “peor tratado comercial de la historia”, el TLC,
que él vendió en campaña como el gran abuso de los mexicanos. El camino parecía
inexorable y la bomba estallaría en noviembre o diciembre. Lo que está haciendo
Donald Trump es salirse de trampa demócrata y adelantarse: ahora es él quien
está echando por la borda el tratado y lo hace por motivos de seguridad en la
frontera. La verdadera batalla de México no es por el cinco por ciento del
lunes, que ya está encima y es perfectamente manejable, sino porque esto no
llegue a 25 en medio de las calenturas electorales. En este contexto, la marcha
es una jugada maestra.
El lugar
de la marcha es por demás simbólico. Tijuana es la frontera más cruzada del
mundo y el punto de encuentro cultural más importante entre las dos naciones.
Si bien es cierto que hacerlo ahí sacrifica número de participantes (en Ciudad
de México habrían convocado cientos de miles) también lo es que el resultado
electoral reciente de Morena augura una buena respuesta.
Aprovechar
la marcha para generar un discurso de unidad es también interesante. La unidad
será en los términos y condiciones del Presidente. No ofrecerá disculpas a los
“fifís” ni a los conservadores (léase hipócritas) sino que los pondrá a prueba:
si asistes o te manifiestas de alguna manera te acepto del lado correcto de la
historia; si no, demuestras que no estás con México sino con tus intereses o
peor aún con los de Trump.
Finalmente, la
tercera banda tiene que ver con el mensaje a la comunidad estadunidense. La
marcha generará una ola de opinión en el país vecino y obligará a muchos de los
actores a tomar posición sobre el tema. El lunes, cuando amanezcamos con el
arancel a cuestas lo haremos también como el centro del debate político en el
país vecino. No dejarle la cancha completa a Trump es fundamental en este
momento.
No sé, sí,
así como el movimiento se demuestra andando, la dignidad se demuestra
marchando, pero de que es una buena jugada política, no hay duda.
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