Julio
Astillero.
Urge al
gobierno obradorista enviar señales de certidumbre y estabilidad en materia
económica, maltrechos como están varios indicadores de ese ámbito a causa de
errores internos y presiones y golpeteo externos. Dicha necesidad gubernamental
ha abierto el camino a una recomposición provisional, y de duración aún
imprevisible, de las relaciones de Palacio Nacional con el desconfiado y
retraído sector empresarial que, sin embargo, ha aceptado posar escénicamente
en postales de unidad nacional e inclusión.
Ayer, el
timonel de la nave denominada Cuarta Transformación asistió a la firma de un
Convenio para la Promoción de la Inversión y el Desarrollo Incluyente. La contraparte
signataria fue ni más ni menos que el Consejo Coordinador Empresarial. Hubo
aplausos, abrazos, sonrisas y un discurso presidencial que afirmó, según la
nota publicada en el portal de La Jornada, que las sesenta más importantes
empresas del país tienen comprometida para este año la inversión de 32 mil
millones de dólares, lo que favorecerá acelerar el crecimiento de la economía y
alcanzar 4 por ciento promedio anual (https://bit.ly/2RgSfG5). Además, AMLO
afirmó que su administración generará condiciones para la inversión,
certidumbre jurídica y allanará los obstáculos y trámites para que se concrete
la llegada de los recursos.
Por otra
parte, el vicepresidente provisional del país, Marcelo Ebrard, informó de otra
cascada millonaria en promesa. Otros amigos de México, los gobernantes de
Estados Unidos, habrían establecido su disposición a que dentro de los acuerdos
que se lograron en su pasada visita a Estados Unidos, está el de que el
gobierno estadunidense invertirá 5.8 billones de dólares en Centroamérica y 2
billones más en el sur de México (https://bit.ly/2wTBqrw ).
El reparto
de dulces bajo sospecha, y la consecuente emisión gubernamental de bonos de la
esperanza (de que los empresarios y EU cumplan sus compromisos), se produjo al
mismo tiempo que desde diferentes flancos se promueven, consiguen y festejan
acciones judiciales adversas a algunos de los proyectos emblemáticos de la
administración andresina, como, por ejemplo, los complementos aeronáuticos
civiles en Santa Lucía y la anegación del terreno donde aún se mantienen
estructuras del cancelado plan de Texcoco.
Estados
Unidos no tiene amigos, sino intereses, y la misma frase puede ser aplicada a
la gran mayoría de los grandes empresarios nacionales o nativos, pero aliados a
fuertes factores extranjeros, quienes han sido cebados durante años en la
rapiña del dinero público. En esta misma sección se advirtió en días anteriores
respecto al peligro que para el futuro de la autodenominada 4T significaría el
debilitamiento impuesto por Donald Trump mediante el juego sucio de aranceles y
migración: aterrizado de manera drástica en la cruda realidad económica,
delimitadas las zonas no sólo peligrosas, sino abiertamente explosivas que
pueden ser pisadas por el proyecto reformista de AMLO, únicamente quedaría a
éste el refugiarse con sus exacerbados adversarios e invocar reunificaciones,
reconciliaciones e inclusión. Por el bien de todos, primero los indicadores
macroeconómicos.
Un nuevo
episodio mortal contra un joven llevó a la administración de Claudia Sheinbaum
a tratar de mostrar más enjundia. Tuiteó: Haremos todo lo que sea necesario
para garantizar la seguridad en la Ciudad. Vamos a reforzar las áreas de
inteligencia de la Procuraduría y de la Secretaría de Seguridad Ciudadana y, en
un segundo tuit: Estamos en sesión permanente del Gabinete de Seguridad, donde
pedí avances en las investigaciones, que sean con celeridad, apegadas a derecho
y dejar en claro que no puede haber impunidad. ¿Eso fue todo? Pues, sí.
Dos temas
quedan para un tratamiento más amplio: la virtual renuncia de Alejandro Moreno
(Alito, ahora mencionable como Amlito) al gobierno de Campeche para ser
investido como dirigente nacional del PRI y la dura carta del Presidente de
México para cerrar el paso a influyentismo, corrupción o nepotismo.
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