Enrique
Quintana.
La
polarización que persiste en un segmento de la sociedad mexicana se ha mostrado
nuevamente en las reacciones al acuerdo al que llegaron el viernes pasado
México y Estados Unidos.
Los
apologistas del gobierno lo caracterizan como un logro histórico en defensa de
la patria y se sumaron al festejo del sábado en Tijuana. Los críticos lo
caracterizan como poco menos que una traición a la patria
A mi
parecer no es ninguna de las dos cosas. Permítame presentarle mis argumentos.
1. No se
puede juzgar el resultado de la negociación sin el contexto en el que se dio.
Si no hubiera existido la amenaza de la imposición de aranceles por parte de
Trump, los parámetros de la negociación hubieran sido otros, tanto en los
plazos para llegar a un arreglo como lo que México estuvo dispuesto a ofrecer.
2. Tampoco
se puede entender la amenaza de Trump sin el hecho verificable de que hay una
oleada creciente de centroamericanos llegando a la frontera de Estados Unidos
no solo por la situación de crisis y violencia de la región, sino por la
política migratoria de los primeros meses de la actual administración, que
virtualmente invitaba a quienes así lo quisieran, a cruzar por nuestro
territorio para llegar a la frontera de Estados Unidos.
3. Es un
hecho que hubo errores de cálculo de la política migratoria cometidos por el
gobierno de AMLO, y en particular por la Secretaría de Gobernación, que dieron
ocasión a la reacción de Trump. Sin embargo, ya hecha la amenaza de imponer
aranceles, las consecuencias económicas de la medida sobre México hubieran sido
muy graves, sobre todo si se hubieran ido incrementando, como era su propuesta.
El haberlo evitado, desde la perspectiva del riesgo inmediato para el país, es
un éxito.
4. Sería
absurdo decir que lo acordado no tiene costos para México. Desde luego que los
tiene, en términos económicos, políticos y sociales. Pero en una primera
instancia, la movilización de la Guardia Nacional hacia la frontera sur o la
aceptación de la permanencia en México de quienes esperan una resolución a su
petición de asilo en Estados Unidos resulta menos onerosa que haber enfrentado
la crisis que iban a desatar los aranceles. El escenario de tasas crecientes de
aranceles nos hubiera obligado a conceder lo que el gobierno de Trump pedía,
pero luego de padecer en México una problemática financiera más grave.
5. El
ambiente político que se configuró, hace más viable encontrar condiciones
propicias para avanzar en la ratificación del T-MEC. Aunque es previsible la
oposición demócrata, también es factible que la presión del sector productivo
estadounidense funcione para acelerar la ratificación. Son deseables los
esfuerzos de diversificación comercial, pero en el corto plazo, no podemos
engañarnos, nuestra relación con EU va a ser determinante.
6. Debe
haber conciencia en México de que el proceso electoral en los Estados Unidos
puede tener implicaciones diversas sobre nuestro país. No será ésta la última
amenaza de Trump mientras esté en la presidencia. No nos puede tomar nuevamente
por sorpresa, como ocurrió en esta ocasión.
Para
concluir, el acuerdo alcanzado tiene costos para México, pero, a mi parecer,
menores a los que hubieran tenido los aranceles.
En ese
sentido, se logró un éxito. Pero la errática política migratoria mexicana
fue la que propició la amenaza de Trump.
Ojalá este
gobierno aprenda de los aciertos y los errores.
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