Javier Risco.
Nos sentimos
frágiles. El otro día un ingenuo amigo fue atracado en el centro de la ciudad;
dos jóvenes en la plaza de la computación le ofrecieron una funda para su
celular, él pensó que era buena idea ponerle una a su iPhone 7, cuando uno de
los “vendedores” le pidió su celular, en medio de un hábil juego de manos lo
desapareció en segundos, se lo dio a alguien que estaba junto a él, y los dos
corrieron entre la gente, fue imposible agarrarlos; mi amigo ni siquiera supo
para dónde correr o perseguirlos. Una persona que “pasaba por ahí” les sugirió
que se acercaran a una patrulla, que avisaran a la policía, el “amable”
ciudadano marcó a la policía y llegó en menos de dos minutos, la sugerencia de
la policía fue que mi amigo y su acompañante se subieran a la patrulla para
tratar de buscarlos en algunas de las calles cercanas en el centro. Sin
pensarlo, subieron; de pronto, a los 15 segundos, mi amigo se dio cuenta que
estaba en una patrulla, en la parte de atrás, sin poder bajarse y sin tener
claro aún qué buscaban… ahí fue cuando empezó a sentir miedo. Le pasaron cien
escenarios distintos por su cabeza, ¿qué podría pasar ahora? ¿Por qué estaba en
la parte de atrás de una patrulla? ¿Y si lo acusaban de un delito? ¿Y si lo
llevaban a un Ministerio Público señalándolo de delincuente? ¿Su palabra
contaría o la de los policías basta para que lo encerraran? Sudó frío, inventó
una llamada con el teléfono de su acompañante (ya no tenía pila) diciendo el
número de la patrulla en la que estaba, la calle por la que pasaba y lo que le
había sucedido, cinco minutos después lo bajaron los policías a 10 cuadras de
donde lo recogieron. No encontraron nada. Mi ingenuo amigo no sintió miedo
hasta que estuvo en manos de la policía, y creo que esa fragilidad la sentimos
la gran mayoría, le tenemos un terror a las autoridades mexicanas.
Ayer el
portal La Silla Rota, junto con la organización Mexicanos Contra la Corrupción
y la Impunidad publicaron un reportaje titulado “Edomex: Fabricación de
culpables”; en él se exhibe la manera en la que, de manera sistemática, bajo el
gobierno del priista Eruviel Ávila, la policía detuvo sin órdenes de
aprehensión a inocentes, después les armó expedientes a modo para ponerles
títulos de asesinos y secuestradores, les sembraron pruebas, y los jueces los
condenaron sin testigos, “La razón: incrementar el número de sentencias
condenatorias para elevar los índices de eficiencia y defender los avances de
su gobierno en materia de seguridad pública”, señala el trabajo periodístico.
La idea del
reportaje surgió cuando se filtró un video donde aparecía Fernando Ulises
Cárdenas, entonces fiscal central jurídico de la Fiscalía General de Justicia
del Estado de México diciéndole a sus subordinados: “El promedio que yo les
admito en juicio es del 80% de efectividad, no menos. De 10 asuntos tienen que
ganar ocho y perder dos… ¿que los delitos son inventados? ¡Eso es de toda la
vida, hombre!”.
Así, los
reporteros Alejandro Melgoza, Sandra Romandía y Paris Salazar analizaron 25
expedientes judiciales que incluyen a 44 detenidos, donde encuentran una
numeralia de terror: en el 100% de los casos los agentes no se identificaron
durante su detención; en el 64% de las audiencias no contó con testigos, esto
quiere decir que no se presentó la parte acusadora, pero siguió el juicio; 4 de
cada 10 detenidos aseguró haber sido torturado para que se declaran culpables;
en el 30% de los casos no existió ningún documento u orden de aprehensión
contra los detenidos; de esos 44 detenidos, 25 acusaron que les fueron
sembradas evidencias, principalmente armas; por estas irregularidades en el
debido proceso 25 de los 44 detenidos fueron liberados; sin embargo, más del
60% aseguró haber estado en la cárcel más de un año.
El reportaje
es una angustiosa realidad nada lejana, actualmente pensamos que la policía
sigue operando igual, estamos indefensos ante la fabricación de este sistema de
justicia. A nadie le sorprende lo que sale a la luz en este trabajo de La Silla
Rota y MCCI, es la norma.
Como pilón
de la fábrica de culpables en la que nos hemos convertido, échese el podcast de
la plataforma PODIUM sobre Una novela criminal, la historia ganadora del premio
Alfaguara sobre el caso de Florence Cassez, con la que Jorge Volpi nos enfrenta
con nuestros peores miedos. No se va a arrepentir, pero sí, tal vez, no pueda
dormir.
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